La esperanza del arrepentimiento

Esdras 10 Sermones Individuales 28 Julio 2026 Enrique Oriolo
0:00 –:––
Audio

Notas del sermón

La esperanza del arrepentimiento

Texto bíblico: Esdras 10

Bosquejo

I. Hay esperanza para el pecador arrepentido (vv. 1–5)
II. Hay que tomar seriamente el pecado (vv. 6–8)
III. Hay que confesar y abandonar el pecado (vv. 9–17)
IV. La lista de los arrepentidos (vv. 18–44)

Resumen del sermón

Esdras 10 muestra que, aun después de un pecado grave, siempre hay esperanza para quien se vuelve al Señor con un arrepentimiento genuino. Tras el regreso del exilio, el pueblo volvió a desobedecer a Dios al comprometer su fidelidad mediante matrimonios prohibidos. Frente a esta realidad, Esdras respondió con profunda tristeza, confesando el pecado e intercediendo por el pueblo. Su quebranto produjo convicción y llevó a muchos a reconocer que todavía había esperanza, no por sus méritos, sino por la misericordia de Dios.

El arrepentimiento verdadero comienza cuando tomamos el pecado tan en serio como Dios lo hace. El creyente no puede convivir cómodamente con el pecado, sino que debe luchar contra él, recordando que ha sido llamado a una vida de santidad. Esta responsabilidad alcanza a toda la iglesia, especialmente a quienes ejercen liderazgo en el hogar y en la congregación.

Sin embargo, reconocer el pecado no es suficiente. El pueblo fue llamado a confesarlo delante de Dios y a apartarse de él, aun cuando eso implicara decisiones difíciles y un proceso de restauración prolongado. El arrepentimiento bíblico siempre produce un cambio de dirección: abandonar el pecado para volver a la obediencia al Señor.

El capítulo concluye con una lista de personas que se arrepintieron. Lejos de ser un simple registro de nombres, es un testimonio de la gracia de Dios hacia pecadores que confesaron su culpa y respondieron con obediencia. Su historia recuerda que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia de Dios alcanza a quienes se humillan delante de Él.

Esta esperanza encuentra su cumplimiento en Jesucristo. Los sacrificios del Antiguo Testamento apuntaban al sacrificio perfecto de Cristo, quien llevó el castigo que los pecadores merecían. Por eso hoy podemos acercarnos a Dios con confianza, sabiendo que hay perdón para quien reconoce su pecado, lo abandona y descansa únicamente en la obra suficiente del Salvador. Siempre hay esperanza para el que se arrepiente, porque siempre hay esperanza en Cristo.

Preguntas de reflexión

  1. ¿Tomo el pecado con la misma seriedad con la que Dios lo toma?
  2. ¿Hay algún pecado que necesito confesar y abandonar delante del Señor?
  3. ¿Mi arrepentimiento produce un cambio real de dirección y obediencia?
  4. ¿Estoy descansando en mis esfuerzos o en la gracia suficiente de Cristo para el perdón?

Cita destacada

“Siempre hay esperanza para el que se arrepiente, porque siempre hay esperanza en Cristo.”

Transcripción

Leer la transcripción 40 minutos de lectura

Hoy vamos a estar en el libro de Esdras, así que le invito a abrir sus Biblias en Esdras capítulo 10. Leímos el capítulo 9, ahora vamos a leer el capítulo 10 entero, es un texto extenso y de ahí nos vamos a ir directamente a orar y a la predicación de la palabra. Esdras capítulo 10 Bien, dice así la palabra del Señor. Mientras Esdras oraba y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, Una gran asamblea de Israel, hombres, mujeres y niños se juntó a él y el pueblo lloraba amargamente. Y Secanías, hijo de Jeiel, uno de los hijos de Lam, dijo a Esdras, Hemos sido infieles a nuestro Dios y nos hemos casado con mujeres extranjeras de los pueblos de esta tierra, pero todavía hay esperanza para Israel a pesar de esto.

Hagamos ahora un pacto con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres y a sus hijos conforme al consejo de mi Señor y de los que tiemblan ante el mandamiento de nuestro Dios. Y que sea hecho conforme a la ley. Levántate porque este asunto es tu responsabilidad, pero estaremos contigo, anímate y hazlo. Esdras se levantó e hizo jurar a los principales sacerdotes, a los levitas y a todo Israel, que harían conforme a esta propuesta y ellos lo juraron. Después Esdras se levantó de delante de la casa de Dios y entró a la cámara de Juanán, hijo de Eliasib. Aunque entró allí, no comió pan ni vivió agua, porque hacía duelo a causa de la infidelidad de los desterrados.

Entonces hicieron una proclama en Judá y Jerusalén a todos los desterrados para que se reunieran en Jerusalén. Y a cualquiera que no viniera dentro de tres días, conforme al consejo de los jefes y de los ancianos, le serían confiscadas todas sus posesiones y él mismo sería excluido de la asamblea de los desterrados. Se reunieron pues todos los hombres de Judá y Benjamín en Jerusalén dentro de los tres días. Era el mes noveno, el día 20 del mes, y todo el pueblo se sentó en la plaza delante de la casa de Dios, temblando a causa de este asunto y de la intensa lluvia. Entonces se levantó el sacerdote Esdras y les dijo, Ustedes han sido infieles y se han casado con mujeres extranjeras, añadiendo así a la culpa de Israel.

Ahora pues, confiesen al Señor Dios de sus padres y hagan su voluntad, sepárense de los pueblos de esta tierra y de las mujeres extranjeras. Verso 12 Toda la asamblea respondió y dijo a gran voz, Está bien, tal como has dicho, es nuestro deber cumplirlo, solo que el pueblo es numeroso y es la temporada de lluvia, y no podemos permanecer afuera. Tampoco se puede hacer todo en un solo día ni en dos, porque hemos pecado en gran manera en este asunto. Que nuestros jefes representen toda la asamblea y que todos aquellos en nuestras ciudades que se han casado con mujeres extranjeras vengan en tiempo señalados junto con los ancianos y jueces de cada ciudad, hasta que la tremenda ira de nuestro Dios a causa de este asunto sea parte de nosotros.

Solamente Jonatán, hijo de Asael, y Geasías, hijo de Tigba, se opusieron a esto con Mesulam y el levita Sabetai respaldándolos. Pero los desterrados sí lo hicieron. Y el sacerdote Esdras designó a hombres jefes de casas paternas por cada una de las casas paternas, todos ellos por nombre, y se reunieron el primer día del mes décimo a investigar el asunto. Terminaron de investigar a todos los hombres que se habían casado con mujeres extranjeras el primer día del primer mes. Entre los hijos de los sacerdotes que se habían casado con mujeres extranjeras, se encontraron de los hijos de Jesúa, hijo de Josadac, y de sus hermanos, Maasías, Eliezer, Jarib y Gedalías.

Ellos juraron despedir a sus mujeres, y siendo culpables, ofrecieron un carnero del rebaño por su delito. De los hijos de Imer, Ananí y Zebadías, de los hijos de Arín, Maasías, Elías, Semaías, Geiel y Usías. De los hijos de Pasur, Elioenay, Maasías, Ismael, Natanael, Josadab y Elasa. Entre los levitas, Josadab, Simei, Kelaía, es decir, Kelita, Petahías, Judá y Eliezer. De los cantores, Eliasib, y de los porteros, Salum, Telem y Uri. También entre los de Israel, de los hijos de Paros, Ramías, Gesías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benahía. De los hijos de Lam, Matanías, Zacarías, Jeiel, Abdi, Jeremot y Elías.

De los hijos de Satu, Elioenay, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza. De los hijos de Bebai, Johanan, Ananías, Zabay y Atlay. De los hijos de Bani, Mesulam, Maluc, Adahía, Hasub, Seal y Ramot. De los hijos de Paat, Moab, Adna, Kelal, Benahía, Maasías, Matanías, Besalel, Binuy y Manasés. De los hijos de Arim, Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, Benjamín, Maluc y Semarías. De los hijos de Azún, Matenay, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremay, Manasés y Simei. De los hijos de Bani, Madai, Amram, Uel, Benahía, Bedías, Keluí, Banías, Meremot, Elíasib, Matanías, Matenay, Haasai, Bani, Binuy, Simei, Selemías, Natán, Adahía, Magnadebai, Sasai, Saray, Azareel, Selemías, Semarías, Salum, Amarías y José.

De los hijos de Nebo, Geiel, Matatías, Zabad, Sebina, Jadau, Joel y Benahía. Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras y algunos de ellos tenían mujeres que les habían dado hijos. Señor Dios, te damos gracias por tu palabra. Tu maravillosa palabra que habla a nuestros corazones, Señor. Oramos para que tu espíritu me ayude, me sostenga en la predicación de tu palabra. Y que nos dé oídos que oyen, ojos que ven y corazones moldeables por tu voz, Señor. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén y Amén. Título de este sermón es La esperanza del arrepentimiento. La esperanza del arrepentimiento.

Y lo que vamos a ver a lo largo de este capítulo es que siempre hay esperanza para el que se arrepiente. Cuatro partes en este texto extenso. La primera, hay esperanza para el pecador arrepentido. Luego, hay que tomar seriamente el pecado, versículo 6 al 8. Tercero, hay que confesar y abandonar el pecado. Y número cuatro, la lista de los arrepentidos, que es mi porción favorita de este texto. Algo de contexto histórico, quizás no has venido leyendo Esdras últimamente, o no has tomado el curso del CCBP de Panorama de Antiguo Testamento. Entonces, un poco de contexto histórico, el pueblo de Dios había sido enviado al exilio en Babilonia.

Fue el castigo que Dios les impuso por una sostenida y cada vez más profunda desobediencia. Dios se tomó muy en serio el pecado, porque Dios es santo y bueno y justo. Y lejos de ser un castigo impulsivo, Dios había mostrado durante siglos muchísima misericordia y compasión y paciencia. Pero la paciencia de Dios no es infinita. Y las maldiciones estipuladas en el antiguo pacto, recordemos que estamos bajo el marco del antiguo pacto, del pacto mosaico, llegaron al pueblo pecador de Israel. Y aún así, ese juicio era un juicio misericordioso, porque solo duraría 70 años. Al final de Segunda de Crónicas, al inicio de Esdras, vemos cómo el cumplimiento de esta promesa de Dios ocurre, y el pueblo regresa una vez finalizado los 70 años en el exilio.

Reconstruyen el templo y comienzan una nueva vida en Jerusalén y en los alrededores. Uno pensaría que luego del exilio y de sufrir las consecuencias de su pecado, habrían aprendido la lección. Pero no, porque usualmente a veces así funciona en nuestros corazones, pecadores. El capítulo 9 de Esdras, que leímos en la lectura pública, nos cuenta que Esdras regresa de un viaje en el que estuvo probablemente varios años fuera, y le informan al llegar que el pueblo había pecado grandemente contra el Señor, de tal manera que se habían entregado a la desobediencia tomando mujeres extranjeras como sus esposas.

Y no solo eso, sino que los líderes del pueblo fueron los primeros en entregarse al pecado. Cuando no hay temor de Dios en el corazón, el pecado gana terreno, no importa si sos un recién convertido o si tenés 50 años en el Evangelio. ¿Cuál era el problema de casarse con mujeres extranjeras? Recordemos nuevamente que estamos en un contexto histórico, el pueblo de Israel. Básicamente era un asunto de idolatría, era un asunto de adoración. Veamos el contexto en Deuteronomio, capítulo 7, luego si lo quieren ver en sus casas. Básicamente que si las mujeres, si se unían con mujeres extranjeras, lo más probable era que su corazón se desviara del Dios de Israel para adorar falsos dioses, algo que ocurrió, como bien sabemos, en el corazón de Salomón.

Era su amor por Dios lo que estaba en riesgo. Iban a cometer adulterio espiritual con el Dios de Israel, con el cual tenían un pacto de exclusividad. Se alejarían de Dios ellos, sus hijos, sus nietos, y poco a poco todo el pueblo se iría contaminando por la idolatría. Por eso era tan serio este pecado para el pueblo de Dios. Y aunque Dios los trajo de nuevo a Jerusalén, aunque Dios cumplió la promesa de restaurar un remanente, ellos volvieron a andar en el camino de sus padres que habían pecado. Es interesante, y uno pudiera empezar a hablar muchas cosas con respecto a esto, ¿no? Porque evidentemente el juicio de Dios sobre ellos no fue suficiente para que obedezcan.

Había que provocar un cambio en el corazón. Y de ahí la esperanza del nuevo pacto. El nuevo pacto apunta no solamente a lo externo, sino a transformar un corazón de piedra en un corazón de carne, en poner su espíritu en él, en poner sus caminos en él. Y Dios promete hacernos andar en sus caminos. Entonces, evidentemente, lo que nosotros vemos en el Antiguo Testamento es que se necesita un pacto mejor. Esa es la idea. El Antiguo Pacto no puede cambiar el corazón, más allá del juicio que experimentan por causa de su pecado. Pero más allá de todo el oscuro panorama que nosotros encontramos, hay esperanza.

Hay esperanza... ¿Cómo era el nombre de este muchacho? Secanías. Secanías lo menciona. Todavía hay esperanza para Israel. Hay esperanza porque hay arrepentimiento, porque el pueblo vuelve a Dios en arrepentimiento. Entonces, ese es el primer punto de nuestro texto. Hay esperanza a pesar del pecado. Los matrimonios mixtos ponían en riesgo el linaje santo y la adoración exclusiva y traería, y ese es el temor nuevamente, el juicio de Dios sobre su pueblo. Edras reconoce en los primeros versículos que quizá en esta ocasión pudiera ser una destrucción completa. Su respuesta es presentarse ante Dios en una oración de confesión de pecado.

Una de las cosas que vemos a lo largo de las Escrituras es que normalmente los líderes del pueblo de Dios interceden delante de Dios por el pecado del pueblo de Dios, aun si ese pecado no es el que ellos cometieron personalmente. Daniel intercede en Daniel capítulo 9 por el pueblo de Dios. Moisés intercede en varias oportunidades por el pueblo de Dios. Edras intercede ante Dios por el pueblo, porque finalmente hay un pacto de por medio donde el nombre de Dios está en juego, el carácter de Dios está en juego, la santidad de Dios está en juego, y entonces los líderes interceden. Edras llora ante Dios por el pecado del pueblo, intercede ante Dios clamando por perdón.

Eso es lo que nosotros vemos en el texto. Mientras Edras oraba y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, una gran asamblea de Israel, hombres, mujeres y niños, los niños también, se juntaron con él y el pueblo lloraba amargamente. No era una oración protocolar, no era una oración ritualista, fría. Lo que podemos ver es que la santidad de Dios es real. Nosotros seguimos al Dios único y verdadero, y Dios es real. Parece que esta declaración no encaja un domingo por la mañana en una iglesia, pero sí, Dios es real. La santidad de Dios es real. Su desaprobación por el pecado es real.

Porque el pecado es real. Y porque la culpa del pecado es real. No hay ninguna cuestión ceremonial fría nada más en todo eso. Enfrentar la ira de Dios por causa del pecado es real. Y Esdras lo sabe muy bien, porque si nosotros leemos anteriormente, Esdras es un experto en la ley. Esdras entiende muy bien de qué va el antiguo pacto. Probablemente el pueblo comenzó a escuchar el lamento de Esdras y el murmullo se fue esparciendo, como suele ocurrir. La oración de confesión, los hombres piadosos vienen junto con Esdras y poco a poco se van acercando, hasta que una multitud de familias alrededor de Esdras, en frente a la casa del Señor, todos lamentándose por el pecado, llorando amargamente.

Podemos hacernos la imagen, podemos reconstruir en una narrativa con la imaginación a un grupo de hombres delante del templo, hablando con Esdras, que ha vuelto informándole del pecado. Y Esdras entiende, nosotros hemos ido al exilio por causa del pecado. Nosotros hemos experimentado el exilio por causa del pecado. Y una vez que hemos vuelto, que hemos reconstruido el templo, volvemos al pecado y Esdras llora amargamente y el pueblo llora amargamente con Esdras. Algo que nos recuerda al llanto de Pedro, cuando negó al Señor, él lloró amargamente. El llanto amargo que produce el pecado en nuestros corazones delante de Dios.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste amargamente por tu propiedad? Delante de un Dios bueno, compasivo, santo, justo, ¿cuándo fue la última vez que lloraste amargamente por tu propio pecado? Y es más, mirando el ejemplo de Esdras, ¿cuándo fue la última vez que lloraste por el pecado en la vida de otro? Sabiendo lo que produce el pecado en la vida de otros, ¿cuándo fue la última vez que te postraste ante el Señor y lloraste por cómo el pecado estaba lastimando la vida de tu hermano o tu hermana? Sin duda, el Espíritu Santo estaba orando en el corazón del pueblo en ese momento. Estaba trayendo convicción de pecado al pueblo.

Sería algo quebrantador si nosotros pudiéramos tener una cámara y ver a todo el pueblo llorando ante el templo del Señor por causa del pecado, de haber sido infieles e ingratos ante la misericordia de Dios. E imagínense los niños, quizás hay niños que no estaban entendiendo la dimensión de todo lo que ocurría, pero podían ver hombres y mujeres, padres, madres, tíos, abuelos, llorando por causa de haber fallado a la ley del Señor. Hermanos, si somos de Dios, si tememos a Dios, el pecar contra Dios debería producir en nosotros un llanto amargo por el pecado. Porque no amamos el pecado, porque Dios ha obrado nuestros corazones para salvación, porque Dios ha cambiado nuestros corazones y una de las primeras salvaciones que Dios nos da es la salvación del amor al pecado.

Lo que antes amábamos, ahora aborrecemos. Y al que antes aborrecimos, ahora le amamos. Y amamos sus caminos. Y aunque el pecado al inicio parece dulce y apetecible, porque así se nos presenta el pecado, al morder y tragar se convierte en algo desagradable y amargo. El pecado te trae su falso evangelio, sus buenas noticias, pero en realidad siempre te promete algo que no puede cumplir. Alguien lo comparó alguna vez como el menú de un restaurante que viene sin los precios. Y ahora se acostumbra, ¿no? Te traen la carta y no tiene precios. Y luego te das cuenta que sale mucho más de lo que estabas dispuesto a pagar.

Así es el pecado. Cuando el pecador paga las consecuencias por su pecado, se da cuenta cuando es demasiado tarde. El apóstol Pablo nos dice acerca de eso en Romanos 6. ¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? Porque el fin de esas cosas es muerte. ¿Cuál es el fin del pecado? La muerte. La muerte. El pecado nunca tiene un buen fruto para nosotros. Y a pesar de que estamos en Cristo y que nos ha librado de la condenación eterna del pecado, aún el pecado puede lastimarnos mucho si le damos lugar. Necesitamos desesperadamente la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones para que traiga convicción de pecado.

Fíjense que el juicio, las consecuencias del pecado al pueblo de Israel en el antiguo pacto no los había llevado a una transformación de corazón. Nosotros que estamos en el nuevo pacto en Cristo tenemos una transformación de corazón por causa del Evangelio, por la obra de Dios en nosotros. Pero aún así seguimos necesitando que esa buena obra que Él comenzó la siga perfeccionando y trayendo convicción a nuestros corazones, convicción de pecado en nuestras vidas. De que no nos dé lo mismo vivir de cualquier manera. Que nos muestre la gravedad de nuestro pecado ante Dios. Y si realmente eso nos entristece o nos hemos acostumbrado a vivir una vida doble.

Una de las preguntas que pudiéramos hacernos es si el pecado es tan serio para nosotros como lo es para Dios. Y si somos honestos, muchas veces no. Necesitamos con urgencia el obrar del Espíritu de Santidad en nuestros corazones. La Biblia llama al Espíritu Santo el Espíritu de Santidad. ¿Por qué? Porque podemos ser insensibilizados ante el pecado por el mundo que nos rodea o por caminar en esos pecados. La Biblia advierte contra el endurecimiento del corazón, del engaño del pecado cuando le damos lugar. Tengo un amigo pastor, ha predicado acá en la iglesia, uno de los pastores de Texas. Y recuerdo cuando le estaba dando un... no me acuerdo si era una taza de café en casa o algo así.

Y le digo, cuidado que está caliente. Le digo, no pasa nada. Y lo agarró y no pasaba nada. Resulta que Shoddy trabaja con caballos. Y es el que le cambia las cerraduras. Y todo eso se hace con mucho calor. Y su mano está tan acostumbrada al calor que no siente el calor que nosotros sentiríamos por causa de la sensibilidad. Y eso es una ilustración que puede acontecer con el pecado. Porque el pecado tiene la capacidad de endurecernos cuando no estamos siendo sensibles al mismo. Entonces, pecamos una vez en un área y ¡uh! ¡Ah! ¡Eso quemó! Pero si volvemos a lo mismo sin buscar una transformación, sin buscar el arrepentimiento, quizá la segunda vez quema menos, si me siguen la ilustración.

Y después nos vamos cada vez insensibilizando más ante el pecado. Y eso nos ocurre a todos en diferentes niveles y en diferentes pecados. Por eso es que necesitamos orar al Espíritu Santo, orar al Señor, que nos dé sensibilidad ante el pecado. Que nos dé sensibilidad. Que seamos más sensibles a aquello que entristece al Espíritu de Dios. Que seamos más sensibles a aquello que hiere nuestra relación cotidiana con Dios. Pero así como es importante ver la oscuridad del pecado, también es importante ver la esperanza que hay en medio de todo eso. Secanías, uno de los hombres que está mencionado en el retorno con Esdras, reconoce, confiesa el pecado, que han sido infieles a Dios.

Pero dice que todavía hay esperanza para Israel. ¿Qué es la esperanza? La esperanza es la confianza de algo que ocurre en el futuro. Es una expectativa sobre algo del futuro. Y en ese sentido, lo que está ocurriendo acá es confiar en el carácter y las promesas de Dios. Para que la esperanza realmente sea esperanza, tiene que estar sustentado por algo real. Si esperamos en una ilusión, si esperamos en algo incierto, si esperamos en algo ficticio, esa esperanza carece de poder para el corazón. Al menos de poder verdadero. Por lo tanto, la esperanza debe estar fundada en algo completamente cierto.

En este caso, en alguien que es veraz y que no cambia. El pueblo de Israel conocía el carácter de Dios. Y eso era clave y vital para saber que podían esperar en Dios. ¿Cómo yo sé que puedo esperar en Dios? ¿Cómo Secanías sabía que no todo estaba perdido para Israel? Porque cuando Dios se reveló a Moisés, le dijo que él es compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad. ¿Cómo sabemos que no todo está perdido, Secanías? Porque Dios es clemente y compasivo. ¿Dónde está fundada la esperanza del arrepentimiento en el carácter compasivo, misericordioso de Dios? Porque el hombre puede venir a Dios en confesión, arrepentimiento y en la esperanza de hallar gracia y misericordia por causa del carácter de Dios.

Porque Dios es compasivo y misericordioso. Porque Dios es lento para la ira. El juicio al pueblo de Israel tardó siglos en llegar. Porque Dios es lento para la ira. Es grande en misericordia. Es grande en amor. Dios mismo es llamado en las Escrituras la esperanza de Israel. Jeremías capítulo 14, verso 8. Tú, esperanza de Israel, salvador suyo en tiempos de angustia. Ese es Dios. También en Jeremías. Oh Señor, esperanza de Israel. Todos los que te abandonan serán avergonzados. Los que se apartan de ti serán hechos polvo. Porque abandonaron al Señor, fuente de agua viva. Él es la esperanza de Israel.

Y si es la esperanza de Israel, ¿cuál es el siguiente paso natural para el pueblo de Israel en nuestro texto? Volverse del pecado hacia Dios. Hacer un pacto de obedecer a Dios conforme a su palabra. Eso es lo que hace el pueblo. Versículo 5 al versículo 8. Nuestro siguiente texto. Hay que tomar seriamente el pecado. Fíjense, Esdras se levantó e hizo jurar a los principales sacerdotes y levitas y a todo Israel que harían conforme a esa propuesta y ellos juraron. Entonces se levantó delante de la casa de Dios, entró a la cámara de Juanán, no comió pan, no bebió agua, hacía duelo por la infidelidad de los desterrados e hicieron una proclama para que todos vengan a Israel, a Jerusalén.

¿Por qué Esdras no le restaba importancia al asunto? ¿Por qué no hizo la vista gorda, lo pasó por alto? Nos lleva una pregunta más genérica para nosotros. ¿Se puede tolerar el pecado dentro del pueblo de Dios? Uno pudiera decir, bravo Esdras, volvieron, reconstruyeron el templo, reconstruyeron las murallas, ya está, ya estamos acá de vuelta. Bueno, pero eso no es lo más importante. Siendo Dios santo, ¿cómo puede el pueblo vivir permaneciendo en el pecado y en comunión con ese Dios? Una de las preguntas más importantes que toda iglesia local se debe hacer es cómo tratará el pecado dentro de sus miembros.

Dejar al pecado permanecer en la iglesia como una levadura que leude toda la masa no es una opción en lo más mínimo y debemos hacer algo para que el pecado sea tratado. No es suficiente que vengamos los domingos. No es suficiente que sirvamos en la iglesia Dios quiere nuestros corazones Dios quiere que le amemos como lo más importante en nuestras vidas que vivamos para Él por causa de lo que Él ha hecho por nosotros. Bueno, lo primero que debemos hacer es reconocer la realidad del pecado. Ningún miembro de la iglesia está en una situación neutral con el pecado. No nos podemos mentir. Ninguno puede mentirle al otro.

Ninguno es neutral contra el pecado. O estás luchando contra el pecado o te estás entregando de alguna manera contra el pecado. O sea, ninguno de nosotros es neutral. Hay una batalla en nosotros constantemente. Lo veíamos en la escuela bíblica por causa del pecado. Ningún miembro, quizá lo puedo corroborar con el área de bienvenida, pero ningún miembro entró glorificado esta mañana. Todos nosotros tenemos pecado morando en nosotros. Como alguien dijo, todos estamos anclados en Romanos 7 hasta que llegue el Romanos 8. Todos tenemos esa lucha que Pablo tuvo. Y lo primero que debemos hacer es reconocerlo.

El primer paso para batallar contra un enemigo es reconocer la existencia de ese enemigo. Como la persona que dice, yo no voy al médico. ¿Por qué no vas al médico? Fijate si me encuentran algo. Bueno, si no vas al médico, igual tenés eso. Nada más que no lo sabés. Estás en tu casa. ¿Eso es así? Nadie debería enojarse con el que hace las radiografías porque descubre que tenemos un hueso quebrado. O sea, no nos quebró el hueso. Simplemente nos está mostrando lo que está pasando. Hermanos, nosotros debemos reconocer que hay pecado en nosotros. Debemos pedirle al Señor que nos dé sensibilidad ante ese pecado.

Muchas veces la oración que podemos hacer es Señor, muéstrame dónde está mi pecado. ¿Quién conocerá sus propios errores? Dijo David, ¿no? Librarme de los que me son ocultos. Salmo 19. Decía, Señor, no puede ser que todo esté andando bien. O no estoy viendo algo, o estoy siendo insensible al pecado. Porque el pecado tiene diferentes grados de sensibilidad. El pastor Greg siempre compartía una ilustración de un hombre que se cae en medio de la noche, se cae en la calle y se embarra, ¿no? Y dice, uy, se mira, dice, un desastre. Me embarré por acá, me embarré por allá. Pero a medida que se va acercando al farol de la esquina, ¿qué va viendo?

Que está cada vez más sucio. No porque no estaba sucio antes, sino porque ahora tiene más luz para ver lo sucio que hay. Y cuando el Señor va volviendo más sensible en nuestro corazón, cuando vamos luchando contra el pecado, a veces lo que pasa es que uno diría, pero ¿cómo puede ser posible? Yo creo que estoy luchando y creciendo, pero cada vez me veo, ¿qué? Más pecador. No porque antes no lo era, sino porque ahora puedo verlo mejor. A medida que veo la santidad de Dios, a medida que voy viendo mi pecado, lo veo más profundo, como Isaías, ¿no? Hay de mí. Pero como veíamos hace un tiempo en un material que estudiamos, cuanto más vemos la santidad de Dios y más vemos nuestro pecado, la cruz se hace cada vez más grande, ¿no?

Aquello que nos une a Dios se hace cada vez más grande. Lo que Cristo hizo cada vez es mayor, por causa de que reconocemos el pecado en nuestras vidas. Pablo dice, así que queriendo yo hacer el bien, en Romanos 7, hallo la ley que el mal está presente en mí porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en mis miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. Hay una batalla. Y en la batalla hay dos opciones, o luchamos o somos vencidos. Y en nuestro caso luchamos contra el pecado o somos vencidos por el pecado.

Pero la realidad de una vida crucificada es que debemos vivir luchando contra el pecado. Si somos discípulos de Cristo, no podemos ir en pos de él y a la vez rendirnos ante el pecado. No podemos servir a dos señores. Pablo dice en Romanos 6.2, Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? Y es importante entender esto. Si bien ya no somos esclavos del pecado, aún podemos obedecer al pecado. Es la ilustración de alguien que deja de ser el empleado de otra persona, ya no es el empleado, pero si el jefe le dice, bueno, pero andá y limpia ahí, y él lo hace, igual se está sometiendo, aunque ya no sea el empleado, el empleador.

¿Se entiende? Es como una persona que es libre de la esclavitud, pero todavía se comporta como si fuera esclavo. Por eso la palabra de Dios nos llama a entender que somos libres en Cristo, que nuestro cuerpo está muerto al pecado, pero que vivamos de esa manera. Por eso Pablo dice, consideren los cuerpos de vuestro miembro como muertos al pecado y a la injusticia. Es una realidad espiritual que debo yo vivir en la práctica, en mi vida cotidiana. En el momento que nacemos de nuevo por medio de creer en Cristo, tenemos una nueva relación con Dios. Ya no somos enemigos, sino que tenemos paz, somos sus hijos, pero por otra parte hay otra relación que también cambió.

Ya no tenemos la misma relación con el pecado, ahora somos enemigos del pecado. Ya no somos esclavos, sino que luchamos con el poder del Espíritu Santo contra el pecado. Por eso Pablo dice en Romanos 8.13, hacer morir por el Espíritu las sobras de la carne. Porque si ustedes viven conforme a la carne, Romanos 8, habrán de morir. Pero si por el Espíritu hacen morir las sobras de la carne, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son los hijos de Dios. Entonces, ¿cómo hacemos morir las sobras de la carne? Bueno, no principalmente por nuestro esfuerzo, sino por el Espíritu.

Por el obrar del Espíritu en nosotros, por descansar y confiar en el poder de Dios y actuar en milagro, como dice Piper, obedecer fundamentados en el Evangelio. ¿Estás luchando con el pecado en tu vida, hermano? ¿Estás consciente de que aún mora pecado en vos? ¿Te tomás en serio el pecado? Si somos honestos, a veces no tan serio. Asumo que si me pasa a mí, probablemente también les pase a ustedes. Que hay pecados que de repente uno no los registra tan graves como otros. Bueno, de repente una mala contestación, está bien. No le rompí la cabeza con un fierro. Pero en tu corazón lo hiciste. Ahí está la sensibilidad.

Porque si Dios mira a nuestro corazón, ahí es donde tenemos que procurar. No solamente en lo externo. Siempre decimos que es fácil ser piadoso un domingo por la mañana. Pero de lunes a sábado es otra historia. Cuando hay conflictos en el matrimonio, en la casa. Cuando hay problemas económicos o de salud. Y todo eso empieza a remover las aguas, ¿no? Ah, bueno, el mar ya no está tan calmado. Y necesitamos depender más del Señor todavía en esos momentos. Que el Señor nos ayude a depender de su gracia para ver nuestro pecado. Pero bajo los lentes del Evangelio, ¿no? No para sentirnos condenados. Sino sabiéndonos amados y perdonados.

Y si los vemos a través de esos lentes, entonces podemos, con el poder que nos da el Espíritu, luchar con toda nuestra fuerza contra ese pecado. Somos pecadores perdonados. Pecadores perdonados. Somos hijos adoptados de Dios. La voluntad de Dios es que mi santificación es lo que Dios quiere para mi vida. Déjenme verla ahora. Bueno, me acuerdo cuando empezamos. El apóstol Pedro menciona esa realidad. Que debido a que ahora vivimos en Cristo, ya no debemos vivir más para lo que antes vivíamos. Pedro dice, para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios.

Hermano, pregunta difícil. ¿Cuánto tiempo te queda? ¿Cuánto tiempo te queda de vida? Ninguno puede decir cuánto tiempo le queda. este tiempo que te queda, ¿para qué lo estás viviendo? ¿Para quién lo estás viviendo? Preguntate, respondete vos mismo. Esdras trató con el pecado arrancando por el liderazgo. Los líderes fueron los que primero se metieron a pecar. Los principales sacerdotes, los levitas y luego todo el pueblo. Obviamente que si los líderes, los sacerdotes empiezan a pecar, ¿qué va a hacer el pueblo? Se va a zambullir nuevamente con eso. Y eso es algo importante que tengamos en cuenta como iglesia.

Los hombres de la iglesia, los esposos, los padres de familia, los que son cabezas del hogar, Dios nos pedirá cuentas de cómo hemos tratado el pecado primeramente en nuestras vidas. Luego en nuestros matrimonios y luego en nuestros hogares. Somos las cabezas de nuestros hogares y debemos dar el principal ejemplo de un hombre piadoso que vive para el Señor. Incluso si eso significa pedir perdón, arrepentirse, tratar de buscar ayuda para crecer a la imagen de Cristo. Una iglesia santa comienza con hogares santos. Una iglesia piadosa comienza con hogares piadosos. Siempre hablamos de este tema. Una iglesia bíblica comienza con hogares bíblicos.

Si todos los miembros tratamos con el pecado primeramente en nuestra vida y en nuestro hogar, difícilmente el pecado va a leudar en toda la iglesia. Si trabajamos en la raíz, el fruto se cuidará solo. Pero la realidad es que cuanto mayor responsabilidad tengamos, más debemos velar por nuestros propios corazones. Pablo le dijo a Timoteo, cuídate de ti mismo y de tu doctrina. El famoso pastor presbiteriano Robert Murray Machain dijo, la mayor necesidad de mi pueblo, es decir, la congregación, es mi propia santidad. Es mi propia santidad. Y eso es importante en todas las esferas de la iglesia. Si estás guiando un grupo pequeño, si sos moderador, lo más importante para ese grupo pequeño es que vos estés caminando con el Señor, dependiendo de él, confiando en él.

¿Y qué pasa si alguien no quiere arrepentirse de su pecado? ¿Qué pasa si de repente alguien no quiere arrepentirse de su pecado y es parte visiblemente al menos del pueblo de Dios? Bueno, fijémonos en el versículo 8 cuál era la consecuencia. Le serían confiscadas todas sus posesiones y él mismo sería excluido de la asamblea de los desterrados. Las consecuencias de no querer someterse a la palabra de Dios es no ser parte del pueblo de Dios. Si yo no quiero y me rehúso a arrepentirme y quiero vivir deliberadamente en el pecado, probablemente no sea parte del pueblo de Dios. No podemos recibir los beneficios de ser parte del pueblo de Dios si no queremos someternos a la palabra de Dios.

Sería una contradicción eso. Pero lamentablemente a veces vemos esas circunstancias. Personas que quieren estar bien con Dios pero quieren vivir como ellos quieren. Es imposible. O buscamos hacer la voluntad de Dios o buscamos hacer la voluntad de nuestro propio pecado. C.S. Lewis el autor de las crónicas de Narnia dijo lo siguiente en última instancia solo hay dos tipos de personas los que a Dios le dicen hágase tu voluntad y aquellos a quienes Dios les dirá al fin hágase tu voluntad. Jesús mismo nos enseñó un proceso que nosotros llamamos el proceso de disciplina Mateo 18 por el cual tratar el pecado en la iglesia donde hay varias instancias de llamado al arrepentimiento si la persona no quiere arrepentirse y someterse a la palabra de Dios Jesús mismo dijo que lo consideremos como alguien fuera del pueblo de Dios en el reino de Dios hay una constitución que buscamos obedecer los que fueron hechos ciudadanos del reino de Dios por gracia a lo mismo tiempo se someterán con gozo a la constitución que rige sus vidas si el arrepentimiento no es una marca en nuestra vida quizá no hayamos nacido de

nuevo fíjense que no estamos hablando de niveles de madurez no estamos hablando de no pecar estamos hablando de arrepentimiento el arrepentimiento debería ser el lenguaje cotidiano del creyente hasta creo que fue Edwards que decía yo debo arrepentirme de mi arrepentimiento porque también nuestro arrepentimiento puede estar manchado por nuestro propio pecado nosotros debemos descansar en la obra completa de Cristo pero eso no quita que no debemos confesar y arrepentirnos de nuestro pecado el que dice yo he llegado a conocerle y no obedece sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él 1 Juan 2.4 claro es una evidencia de nuestro nuevo nacimiento ¿cuál?

que quiero obedecerle que procuraré obedecerle y que si fallo procuraré arrepentirme aun cuando puede haber periodos de endurecimiento en el corazón pero finalmente si somos sus hijos el Señor nos trae a casa el Señor nos guía al arrepentimiento el Señor nos vuelve a llamar adentro finalmente punto 3 confesar y abandonar el pecado eso es lo que hizo el pueblo el pueblo se reunió reconoció el pecado confesó el pecado se apartó del pecado el pueblo se congregó con Esdras la escena es intensa todos están ahí sentados en la plaza delante de la casa de Dios temblando a causa del asunto que se iba a tratar hay

nervios dolor lamento tristeza temor muchas emociones e incluso hay lluvia se imaginan toda la escena no solamente el dolor y la tristeza por el pecado sino que está lloviendo Edras se pone en pie confronta al pueblo lo llama al arrepentimiento el pueblo confiesa que han pecado que han pecado contra Dios y quiere hacer su voluntad toda la asamblea responde y dice está bien tal como has dicho es nuestro deber hacer debían separarse de los pueblos de la tierra de las mujeres extranjeras y eso nos recuerda lo que dice el proverbio el que encubre sus pecados no prosperará pero el que los confiesa y los abandona

hallará misericordia quien puede recibir el perdón de Dios aquel que sabe que necesita el perdón de Dios si alguien cree que no necesita el perdón de Dios que va a recibir por eso Jesús decía que él vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento y el médico del alma vino a buscar a los que se saben enfermos no a los que se creen sanos debemos reconocer el pecado confesar el pecado confesar es simplemente reconocer con la palabra de Dios que lo que hemos hecho está mal delante de Dios y debemos abandonar el pecado para validar nuestro arrepentimiento porque finalmente el arrepentimiento tiene dos partes el

arrepentimiento es la expresión de dolor ante el pecado pero también la la acción de apartarme del pecado porque si alguien que manifiesta arrepentirse no se aparta del pecado y sigue igual bueno ese arrepentimiento no es genuino tiene que haber un avance aunque sea lento aunque sea poquito pero un avance con la ayuda del Señor un cambio de actitud hacia el pecado otro principio cuando el pecado ha sido grave el proceso de restauración puede llevar mucho tiempo incluso toda la vida mucho pueblo se había pecado había pecado casándose con mujeres extranjeras y se reconoce que eso no era algo que se podía reparar de la noche

a la mañana había que examinar caso por caso constatar que hubiera arrepentimiento restaurar el trabajo duró tres meses conforme el texto la NTV que pone las fechas aproximadas dice el 29 de diciembre se pusieron a investigar el asunto para el 27 de marzo habían resuelto los casos muchas mujeres habían sido abandonadas por sus esposos para casarse con mujeres extranjeras el pueblo del exilio era una minoría en medio de las naciones los pueblos que lo rodeaban etcétera era difícil la situación y como pastor que aconseja muchas veces hay situaciones de pecado que uno dice bueno esto no se va a solucionar de la noche a la

mañana hay todo un trabajo hay acompañamiento todo un proceso de restauración ¿no? como cuando uno lo operan y por ejemplo te sacan un tumor bueno gloria a Dios la operación fue un éxito pero ahora hay que rehabilitar a esa persona y caminar al lado de ella y ayudarla hasta que pueda caminar solo y lo mismo ocurre con el pecado en nuestras vidas no podemos la santificación es un proceso corporativo dice Paul Tripp no es algo para que nosotros caminemos solos y las consecuencias de nuestro pecado si bien tenemos el perdón de Dios por causa de la obra de Cristo a veces esas consecuencias nos acompañan

por mucho tiempo y finalmente punto número 4 creo que dije finalmente en el 3 perdón la lista de los arrepentidos en todo este listado de nombres que uno se preguntaba al mitad de la lectura yo podía leer los pensamientos y decía ¿por qué lee esto? ¿por qué? otros decían qué bueno que no se equivocó todavía y así gracias por interceder por mí en ese momento ¿por qué está ese listado ahí? en el listado vemos sacerdotes levitas cantores porteros y todo el resto del pueblo es decir todos los que estaban involucrados en el servicio del templo más el resto de los miembros de la iglesia todos los que estaban ahí sus nombres quedan registrados en una lista para la posteridad nosotros miles de años después estamos leyendo cada uno de estos nombres por un lado nos muestra que los líderes del pueblo no están exceptos del pecado las consecuencias del pecado nos acompañarán

a veces durante toda nuestra vida todos podemos pecar todos pecamos de hecho pero por otro lado nos muestra el arrepentimiento y la gracia de parte del Señor esta es la lista de los que se habían arrepentido esta es la lista de los que habían pecado pero no se quedaron ahí sino que se volvieron al Señor que hicieron un pacto de obedecer al Señor que habían recibido el perdón de Dios es una preciosa lista es una hermosa lista para tener en un cuadro en el living y que cuando vengan visitas te pregunten y puedas contarle de qué trata es una lista de aquellos que amaron más a Dios que al pecado es una lista de aquellos que decidieron obedecer al Señor y no vivir para sus propias vidas para sí mismos una lista de los que reconocieron su pecado sí pero se arrepintieron una lista donde quizás generaciones después cuando este rollo fuera leído nietos y bisnietos pudieran decir mirá ahí está el abuelo ahí está el abuelo Jeremoto él se arrepintió de su pecado estos nombres Dios escogió exhibirlos para siempre todos ellos pecaron pero todos ellos se arrepintieron y experimentaron la gracia de Dios yo quiero mi nombre en la lista de los arrepentidos cuando el Señor nos perdona por nuestro pecado cuando el

Señor nos extiende su gracia maravillosa ya no tenemos temor de que los demás nos llamen pecadores ya no tenemos temor de que nos acusen con lo que hemos hecho en el pasado ¿por qué? porque eso ya no nos identifica hemos sido perdonados y podemos decir si yo hice tal o cual cosa soy un pecador pero su gracia fue mucho más abundante para conmigo hoy soy alguien completamente perdonado en Cristo porque él murió por mí y me dio su justicia y su perdón esa es la lista de los arrepentidos qué maravilloso que sus nombres estén ahí todo el mundo se enteró de sus pecados nosotros nos enteramos de sus pecados pero también nos enteramos de su arrepentimiento el pueblo reconoció su pecado confesó su pecado abandonó su pecado ¿cómo puede haber esperanza para el pecador arrepentido? la esperanza tiene que tener algo sólido firme real en el antiguo pacto cada persona que venía a Dios buscando perdón debía presentar un sacrificio por su pecado ese sacrificio moría como un sustituto por el pecador pero ninguno de esos sacrificios podía quitar verdaderamente el pecado ninguno de esos sacrificios podía transformar el corazón del pecador pero todos apuntaban hacia el sacrificio perfecto y definitivo de Cristo en la cruz Dios puso sobre su hijo el castigo que merecían

los pecadores la pena por el pecado de Israel en tiempos de Esdras y la pena por nuestro pecado hoy cayó sobre Cristo la pena por Elan Matanías Zacarías cayó sobre Cristo la pena por nuestros pecados cayeron sobre Cristo por eso es que puede haber perdón por eso es que hay esperanza para el pecador cada vez que Dios perdonó a un pecador lo hizo sobre la base de los méritos de Cristo antes de la cruz mirando hacia ella y después de la cruz mirando a lo que Cristo ya hizo y completó por eso nosotros podemos reconocer nuestro pecado confesarlo abandonarlo y volverlos al Señor de todo corazón no lo hacemos para ganar nuevamente el amor de Dios esa doctrina es extraña no la crean no crean que un día son más hijos que el anterior por cómo se desempeñaron no crean que un día Dios nos ama porque nos fue bien y al otro día ya Dios no nos ama porque no hicimos las cosas bien ese no es el fundamento de la gracia la gracia es que Dios nos ama de la misma manera en el mejor de nuestros días y en el peor de nuestros días porque nuestra justicia es Cristo porque Él pagó completamente por nuestros pecados en la cruz no nos arrepentimos

para ganar el amor de Dios nos arrepentimos porque sabemos que en Cristo hay perdón que su sangre es suficiente que nuestro Salvador recibe cada día con misericordia a todos los que se acercan a Él al trono de la gracia no al trono del juicio al trono de la gracia y nos arrepentimos porque somos hijos de Dios porque ya no queremos vivir para agradarnos a nosotros mismos sino para agradar a nuestro Padre celestial queremos apartarnos del pecado porque le amamos porque hemos sido amados por Él porque deseamos vivir de una manera que le honre y le complazca aún sabiendo que nunca vamos a vivir perfectamente aún

sabiendo que todas nuestras obras van bañadas por la sangre de Cristo la presencia de Dios el arrepentimiento cristiano no nace del temor al castigo sino del amor de un hijo que no quiere entristecer a su padre no tememos porque el temor involucra castigo pero el perfecto amor echa fuera el temor eso es lo que dice Juan quizás sos cristiano y al ver tu pecado sentís vergüenza quizás pensás que fallaste demasiadas veces que ya deberías haber cambiado y que no podés volver otra vez con la misma confesión ¿les ha pasado eso? como que el trono de la gracia te acepta una o dos veces por ese tema pero no es así la esperanza del evangelio no descansa en la fuerza de nuestro arrepentimiento sino en la suficiencia de Cristo nosotros podemos ir al trono de la gracia constantemente constantemente constantemente aun si vamos por el mismo pecado aun si vamos por la misma carga el trono de la gracia no cierra la única el único requisito para acercarse al trono de la gracia es necesitar gracia es necesitar misericordia para la ayuda oportuna por eso hermano no escondas tu pecado no escondas tu pecado no lo justifiques no permanezcas lejos del señor por tu vergüenza vení a tu salvador confesá tu pecado abandonálo descansá en su

gracia en aquel que murió y resucitó por vos y si todavía no conoces a cristo podés venir hoy ahora a jesús jesús vino para salvar pecadores el que viene a él arrepentido y con fe nunca será rechazado hermanos en cristo hay perdón para el culpable hay limpieza hay limpieza para el que está sucio y hay gracia para comenzar una vez más siempre hay esperanza para el que se arrepiente porque siempre hay esperanza en cristo vamos ahora señor te damos gracias por tu palabra y te rogamos señor que nos ayudes a ver cuán maravilloso es el trono de la gracia cuán maravilloso es tu perdón de tal manera que podemos libremente confesar nuestros pecados no tenemos necesidad de esconder nunca más nuestros pecados porque ya hemos sido limpiados ya hemos sido hemos sido lavados hemos sido declarados justos hemos sido declarados hijos nada nos separará de tu amor pero muchas veces somos lastimados por el pecado que dejamos crecer en nuestras vidas así que te pedimos señor la convicción de tu espíritu santo te pedimos que nos guíes al arrepentimiento te pedimos que nos hagas cada vez más sensibles al pecado señor te pedimos que perdones nuestros pecados y sabemos que los vas a perdonar porque tu palabra dice que si confesamos nuestros pecados tú eres

fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad tu palabra dice señor hijitos míos no pequéis pero si alguno peca abogado tiene para con el padre jesucristo el justo él es nuestro abogado nunca ha perdido un juicio gracias señor gracias señor perdona nuestros pecados señor haznos más sensibles al pecado comenzando por mí como pastor señor y bendice a toda la iglesia de la misma manera señor por tu gracia por los méritos de Jesús ayúdanos señor te lo rogamos amén Gracias.

Transcripción automática: puede contener errores.

Parte de la serie Sermones Individuales Serie Sermones Individuales 44 sermones
El predicador
Enrique Oriolo
Enrique Oriolo Pastor

Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.

Escuchalo como podcast

Compartir