Jesús es el Mesías que responde al que duda
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Oramos. Padre, te damos gracias por esta tarde, por la oportunidad de estar con nosotros. Te damos gracias, Señor, por el privilegio que nos regalás como familia de estar reunidos en este lugar. Te damos gracias, Señor, por la tecnología, también que nos permitís tener como iglesia. Te damos gracias por cada cosa. Gracias por tu palabra. Oramos por la obra de tu espíritu a través de tu palabra. Oramos para que vos hables a nuestros corazones y que hagas en nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Señor, oramos esto en el nombre de Jesús. Amén. Quisiera comenzar con una pregunta para que nos examinemos.
¿Alguna vez esperaste que Dios hiciera algo de una manera específica, pero las cosas no salieron como pensabas? ¿Alguna vez esperaste que Dios hiciera algo de una manera específica, pero las cosas no salieron como pensabas? Como una inversión que parecía segura, pero resultó en una pérdida, a veces nuestras expectativas de Dios no se cumplen. Y eso puede generar dudas. Tal vez esperabas una bendición que nunca llegó. Un hijo, un trabajo, una sanidad, una respuesta, alguna petición. Y cuando nuestras expectativas no se cumplen, la duda puede surgir. Alguien puede pensar, ¿realmente esto es el plan de Dios para mi vida?
Yo esperaba otra cosa, imaginaba otra vida. Uno puede plantearse esa circunstancia. ¿Qué debemos hacer cuando nuestras expectativas no se cumplen? ¿O cuando las circunstancias nos llevan a dudar del plan de Dios en nuestras vidas? Quisiera que leamos en Lucas capítulo 7, versículo 18 al 23. Lucas capítulo 7, 18 al 23. Y veamos cómo responde Jesús ante la duda. Cómo responde Jesús ante la duda sobre los caminos de Dios. Lucas 7, 18 al 23. Estamos, leemos la palabra del Señor. Entonces los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas. Y llamando Juan a dos de sus discípulos, los envió a preguntar al Señor.
¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Cuando los hombres llegaron a él, dijeron. Juan el Bautista nos ha enviado para que te preguntemos. ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? En esa misma hora curó a muchos de enfermedades, aflicciones y malos espíritus. Y a muchos ciegos les dio la vista. Entonces él le respondió. Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído. Los ciegos reciben la vista. Los cojos andan. Los leprosos quedan limpios. Y los sordos oyen. Los muertos son resucitados. Y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí.
Aquí la palabra del Señor. Jesús responde a la duda de Juan con pruebas claras de que él es el Mesías prometido. Para que Juan pueda confiar en él, aun cuando no entienda completamente los caminos de Dios. De la misma manera Dios quiere darnos pruebas claras para que nosotros confiemos en Jesús, aun cuando no entendamos sus caminos. Aun cuando no entendamos su obra de nuestras vidas. Veamos entonces el primero de tres puntos que va a tener este sermón. Y el primero se llama la duda puede llegarnos a todos. Versículos 18 al 20. La duda puede llegarnos a todos. Juan el Bautista es de nuestros personajes principales.
Es aquel que viene antes a preparar el camino al Mesías. Cuando nació el ángel, antes de que naciera, el ángel le anuncia a Zacarías que Juan iría delante del Señor a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. Juan iba a predicar un mensaje de arrepentimiento para que vuelvan los corazones del pueblo al Señor para preparar el camino para el Señor. La gente a menudo se impresionaba tanto de Juan, que en Lucas 3 nosotros podemos ver que la gente pensaba, ¿será este el Cristo? Porque Juan venía todo extravagante predicando un mensaje de arrepentimiento. La gente era bautizada en el bautismo de Juan y la gente preguntaba, ¿será este el Cristo?
La gente estaba a la expectativa. Juan anticipaba que el Mesías vendría de una manera espectacular. Cuando Juan dice, yo bautizo con agua, pero el Mesías, el Mesías es uno más poderoso, dice Juan. Lucas capítulo 3. Uno que va a bautizar en el Espíritu Santo y fuego. Uno que traerá el juicio entre los justos y los injustos. Va a traer la cosecha, el bieldo en su mano, el tridente este para levantar el trigo, para separar la paja del grano, para luego limpiar la era y echar el grano en el granero y la paja al fuego. Ese es el Mesías, dice Juan. Todos tenían esa expectativa mesiánica de que Jesús derrotaría a Roma, liberaría a su pueblo y empezaría un tiempo de prosperidad y paz para Israel.
¿Pero qué sucede? ¿En qué quedan esas expectativas? Nada de eso ocurre. Si no, todo lo contrario. Juan se encuentra encarcelado por Herodes. Él está preparando el camino para el Señor, para la entrada gloriosa de Dios. Y de repente, de repente, él se encuentra en la cárcel de Herodes por acusarlo de inmoral. Y ese va a ser el último lugar que va a estar antes de morir. ¿Dónde está el reino mesiánico? ¿Cómo que Jesús aún no derrocó al César? Y aunque escucha el reporte de sus discípulos de milagros como la resurrección del hijo de la viuda o la sanación del siervo del centurión, Juan se pregunta si realmente Jesús es el Mesías esperado.
Ya que lo que parecía inminente no se había cumplido. Nosotros estamos en esa misma situación, cuando las circunstancias que vivimos no son las que pensábamos que íbamos a vivir si Jesús es nuestro Salvador, si Dios está en nuestras vidas. Quizás porque alguno creyó un falso evangelio que le prometía prosperidad económica, sanidad completa, bendición terrenal. Pero luego no lo ve. O quizás alguien había entendido verdaderamente el evangelio, pero tenía expectativas de una vida mejor. Que la que le ha tocado. Eso puede llevar que luego de unos años de creyente te preguntes, ¿esto es todo? ¿Era esto la vida cristiana?
Cuando las cosas no salen como esperamos o las circunstancias son difíciles, puede llegar la duda, como Juan. Hermano, ¿qué dudas has tenido sobre el cuidado de Dios en tu vida? ¿Has orado por algo durante mucho tiempo sin ver una respuesta? Cuando pensamos en nuestra propia vida y en estas circunstancias y en estas expectativas que a veces tenemos, entonces no nos parece tan rara la pregunta de Juan. ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Hay ejemplo en la Biblia de personas que dudaron. Sara dudó de la promesa de Dios de tener un hijo en su vejez. Se rió. Azaf, en el Salmo 73, cuestiona la justicia de Dios al ver la prosperidad de los malvados.
Pedro duda mientras camina sobre el agua al ver la tormenta y el viento. Tomás duda de que Jesús ha resucitado si no ves sus heridas. No te sientas un blasfemo por tener dudas. Otros la tuvieron, hombres y mujeres de Dios. La clave, lo más importante es dónde buscamos las respuestas a nuestras dudas. Juan fue directamente a Jesús. Envió dos de sus discípulos a preguntarle, ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Fíjense que Lucas cuando narra este episodio pone dos veces la pregunta para enfatizar la duda. ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Este es el segundo punto, la respuesta de Jesús.
Versículo 21 al 22. Jesús, ante la pregunta, reacciona muy tranquilo. Es interesante eso. Él no está preocupado por su reputación. No está desesperado de que todos sepan, y sobre todo Juan, que no duden de él. Sino que la respuesta de Jesús nos muestra una realidad que lo vemos a lo largo de las Escrituras. ¿Cómo responde Jesús al que duda? Bueno, lo que vemos en las Escrituras, y se nos repite en el libro de Santiago también, es muy certero. El Señor da gracia al humilde, pero resiste al soberbio. Hay personas que dudan que reciben una respuesta de gracia del Señor. Y otras personas que dudan, que no reciben nada.
¿Por qué? Porque no lo hacen con humildad. Por ejemplo, los fariseos. ¿Cuántas veces los fariseos se paraban delante del Señor y le decían que haga señales, danos señales para que te creamos? Y el Señor decía, no, no habrá señales para ustedes. Se niega a complacer esa pecaminosa incredulidad. Pero cuando un humilde y un necesitado se acerca a Jesús con dudas sinceras, el Señor está más que dispuesto a darle pruebas claras de quién es Él para fortalecer su fe. Y eso es precioso. ¿Recuerdan la mujer samaritana en Juan capítulo 4? El Señor le dijo claramente, soy yo el vecino. A Tomás, cuando lo encontró, finalmente le dijo, Tomás, pon tu mano en mi herida.
Y sé crédulo, no incrédulo. ¿Recuerdan a Gedeón cómo el Señor le da señales de que él estaba con él? Cómo el Señor condesciende en su gracia para fortalecer la fe de Gedeón. ¿Recuerdan el padre del joven endemoniado que luchaba y le dice, Señor, creo, pero ayuda a mi incredulidad? Y el Señor obra a su favor. Y cómo Pedro, cuando se hunde en el agua, le dice, Señor, salve. Jesús lo toma. Y le dice, hombre, de poca fe, ¿por qué no has creído? Hermano, Jesús nos quiere ayudar a nosotros también en nuestros momentos de dudas. ¿Cómo responde Jesús a Juan? Y esto es precioso. La respuesta de Jesús a Juan no es un papelito que dice, sí, soy yo.
Es un testimonio. Es un testimonio ocular por los dos discípulos que Juan ha enviado. Fíjense lo que dice el texto. Versículo 21. En esa misma hora, curó a muchos de enfermedades, aflicciones, malos espíritus, y a muchos ciegos les dio la vista. Eso ocurrió en ese preciso momento, en esa hora. Y entonces, una vez que esos milagros y esas señales ocurrieron, Jesús les dice a los dos discípulos de Juan, ahora vayan y cuéntenle a Juan lo que dieron y oyeron. Fíjense en eso. No les dice, vayan y díganle a Juan que sí. Vayan y díganle a Juan lo que dieron y lo que oyeron. Los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncia el evangelio.
Y acá tenemos algo muy pesado en cuanto a contexto bíblico. Porque Juan y sus discípulos, y Jesús por supuesto, sabían qué lenguaje estaban hablando y qué estaban diciendo. Lo que Jesús hace ahí es usar intencionalmente alusiones parafraseando textos del Antiguo Testamento. Profecías que validaban indudablemente que Él es el que habría de venir. Juan tendría evidencias históricas de un cumplimiento profético ocurriendo delante de los ojos de sus discípulos. ¿Y cuáles eran sus profecías? ¿Cuáles eran estas profecías? Les pido que abran sus Biblias en Isaías capítulo 35. Es el texto que nos leyó Cristian en la lectura pública, Isaías 35.
Es importante entender todo el contexto de Isaías 35. La cita que el Señor hace, la alusión exacta que el Señor hace, la hace a los versículos 5 y 6. Lean conmigo, dice el texto. Entonces, se abrirán los ojos de los ciegos, versículo 5. Y los oídos de los sordos se destaparán. El cojo entonces saltará como un ciervo y la lengua del mudo gritará de júbilo, porque aguas brotarán en el desierto y arroyos en el Arabá. Isaías profetizó durante el reinado de varios reyes de Judá aproximadamente entre el 740 y 681 a.C. Este fue un periodo marcado por la constante amenaza del imperio asirio, que conquistó, si hemos leído el Antiguo Testamento, el Reino del Norte en el 722 a.C.
Y era una amenaza constante a Judá. Isaías profetiza que vendrá un juicio sobre las naciones enemigas del pueblo de Dios que amenazan con destruirlos. Ese es el contexto inmediato de nuestro pasaje. Y en Isaías 35 lo que hay es una imagen de gloria y restauración para el pueblo de Dios. Este capítulo describe que los lugares desérticos y secos cambian a lugares donde brotan manantiales de aguas, mostrando cómo el destino futuro será glorioso. Y por qué, por qué Dios a través de su profeta Isaías le deja saber este futuro glorioso al pueblo de Dios? Para que cobren ánimo, para que tengan ánimo al saber que su Dios viene a salvarlos.
Que Dios viene a redimirlos y a vengar a su pueblo. Ese es el punto. Isaías le muestra una imagen gloriosa de un desierto que brota en manantiales de agua. Una reversión de las circunstancias en donde el pueblo de Dios que es oprimido y atacado será vengado por su Dios, porque su Dios vendrá para salvarlos. Y el ánimo lo encontramos en el versículo 3 y 4. Miren las imágenes que se usan. Lo que pasaría cuando su Dios venga es que ya no habría más enfermedad. Lo que pasaría cuando su Dios venga es lo que dice el texto. Los ciegos verán, los sordos oirán, el cojo saltará y el mudo gritará de alegría.
Y en medio de la imagen que describe Isaías hay un camino de santidad por el cual andarán, no andarán los impíos, sino los redimidos del Señor. Los que vuelven del exilio siendo rescatados por el Señor mismo. ¿Por qué debían cobrar ánimo los que esperaban en Dios, según Isaías 35? Porque Dios vendría a salvarlos. ¿Por qué Jesús le hace alusión a estas señales a los discípulos de Juan? Porque Él es el cumplimiento de esta profecía. Dios ha venido a su pueblo. Así como dijeron las multitudes que vieron resucitar al hijo de la viuda, dijeron Dios ha visitado a su pueblo. Jesús es aquel que habría de venir a traer juicio y salvación.
Es aquel que traería el reino glorioso de Dios junto con su pueblo, el reino mesiánico. Pero estamos en la etapa donde es el sí, pero todavía no. Nosotros estamos entre la primera venida del Mesías para salvación y la segunda venida del Mesías para juicio y venganza. Las dos cosas que nos describe Isaías 35. Nosotros estamos en el medio, entre su primera y su segunda venida. Aún falta cumplirse su inminente retorno, el momento de la venganza de Dios. Versículos 2 y 4 de Isaías 35. Ellos verán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios. Esfuérzense, no teman, pues su Dios viene, Él los salvará.
El comentarista Wilsby dice lo siguiente, resumiendo. Isaías utiliza la promesa del reino venidero para fortalecer a los débiles y a los temerosos de su tiempo. En el reino ya no habrá ciegos, ni sordos, ni cojos, ni mudos, pues todos estarán sanos para disfrutar de un glorioso mundo nuevo. Nuestro Señor se refirió a estos versículos cuando envió una palabra de aliento a Juan el Bautista. El rey estaba en la tierra y compartía con la gente necesitada las bendiciones del reino venidero. Fin de la cita. Vayan y díganle a Juan lo que han visto y oído. Ese Dios anunciado en Isaías, que viene, ya está aquí.
Pero también Jesús alude a otra porción de Isaías. Capítulo 61.1. Un texto que hemos predicado, que hemos visto en Lucas 4, que Jesús se para en la sinagoga y dice, Este texto se ha cumplido delante de ustedes. El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos o a los pobres o a los humildes. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros. Dios ha llegado a salvar a su pueblo, a traerlos a su reino donde no habrá más muerte, ni dolor, ni enfermedad. Lo que los discípulos de Juan pueden ver y oír es el cumplimiento parcial de lo que Isaías profetizó.
Jesús está mostrando las señales de lo que será la plenitud del reino de Dios en el futuro. Son las primicias, son las buenas noticias de que el reino se ha acercado. Los leprosos limpios y los muertos resucitados van todos en la misma línea de las repercusiones por la llegada del Mesías y el Dios de Israel, es decir, Jesús. Juan está recibiendo en su duda algo mayor que un simple sí. Jesús le está diciendo que lo que han visto y oído sus discípulos es que el Dios de Israel ha venido a su poder. Las palabras de Isaías se pueden aplicar a Juan, ahí en el calabozo. Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes y díganle a los de corazón tímido, esfuérzense, no teman, pues su Dios viene.
Juan está encarcelado y Jesús le está diciendo, esfuérzate, no temas, no hay que esperar otro. El que habría de venir ha llegado. Esa es la manera en que Jesús le muestra a Juan. Juan todo está bajo control, todo está saliendo conforme al plan de Dios, aunque no entiendas sus caminos, aunque tus expectativas fueran otras, todo lo que Dios hace es exactamente lo que quiere hacer. No hay errores, no hay plan B, todo está bajo control, esfuérzate, no temas, no hay que esperar a otro. Y esa es una respuesta para nosotros también. Jesús vino y nos salvó de la muerte eterna que merecíamos por causa de nuestro pecado.
Fue muerto, sepultado, resucitó, ascendió a los cielos y de ahí esperamos su retorno. Y aunque todavía no vemos el reino mesiánico en su esplendor, podemos tener la certeza de que Dios está cumpliendo sus promesas. Podemos tener la certeza de que en nuestras vidas todo está bajo control. Amén. Y aún más, hermanos, tenemos una prueba que Juan no tuvo. Donde nosotros podemos ver que Dios está cumpliendo sus promesas. Y podemos ver que Jesús es verdaderamente el Mesías. ¿Saben cuál es esa prueba que vos y yo tenemos? Una tumba vacía. Una tumba vacía. La resurrección de Cristo nos confirma que Cristo es verdaderamente el Hijo de Dios, que Él venció el pecado y la muerte, que sufrió el castigo de su pueblo en la cruz, que vivió una vida sin pecado, que es fiel en cumplir sus promesas y que Cristo volverá.
La resurrección es la prueba más clara que tenemos para confiar en Jesús, aun cuando no entendemos su obrar en nuestras vidas. Tenemos una tumba vacía donde el Hijo de Dios resucitó. ¿Cómo podemos entonces fortalecer nuestra fe, hermanos? ¿Dónde podemos ir a recordar la obra de Cristo en favor nuestro? Por supuesto, en la palabra, en las escrituras. La lectura y la meditación diaria de la palabra de Dios. La fe viene por el oír y el oír por la palabra de nuestro Dios. La predicación en la iglesia local. Nosotros somos expuestos al mensaje del evangelio para fortalecer nuestra fe, para confiar en Jesús, aun cuando cosas en nuestra vida no nos tengan sentido.
Aun cuando no entendamos el obrar de Dios. Aun cuando nuestras expectativas de lo que Dios tenía que hacer en nuestras vidas es diferente a lo que realmente ha pasado. El discipulado con mis hermanos. Cuando me junto en la palabra, en la oración, nos recordamos el evangelio. Nos recordamos la fidelidad de Dios. La vida en comunidad, hermanos, es uno de los medios que Dios nos dejó para fortalecer nuestra confianza en tiempos de duda. Cuando no entendemos lo que Dios hace. Por eso debemos vivir una vida centrada en el evangelio, como individuos y como iglesia local. Y tercer y último punto. Bienaventurados los que confían a pesar de la duda.
Versículo 23. Jesús termina su respuesta con una bienaventuranza para los que creen y no encuentran un obstáculo o tropiezo en su persona. Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí. Hay personas que al momento de la duda y de que sus expectativas no se cumplan, se alejan de Dios. Se apartan de la fe desilusionados con un entendimiento equivocado de Jesús y sus caminos. cuando las cosas no son como queremos y lo que pensábamos que Dios tenía que hacer en nuestras vidas y no lo hizo. Tenemos la tentación a la puerta de tropezar y desviarnos de la fe. de dudar de Dios y apartarnos de él.
Hermanos, esto pasó. Pasó con discípulos que seguían a Jesús. Cuando Jesús eleva su enseñanza, se apartan de él en Juan capítulo 6, versículo 66. Al punto que cuando se apartan estos y dejan de seguirles, Jesús se da vuelta a sus discípulos donde estaban los apóstoles y les dice, ustedes también se quieren ir. Debemos ser como Job, que dijo, aunque él me mate, en él esperaré. Job 13, 15. Cuando en medio de las pruebas confiamos en que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, somos bienaventurados. Cuando perseveramos a pesar de las dudas o de lo que vemos a nuestro alrededor, somos bienaventurados.
Cuando perseveramos en la fe a pesar de las circunstancias difíciles, somos bienaventurados. Cuando perseveramos en la fe a pesar de que nuestras expectativas no se cumplan, somos bienaventurados. Hermano, déjame decirte una cosa. Quizás las cosas no salgan como vos esperás, pero siempre serán como Dios las ha planificado en su sabiduría y en su soberanía y en su bondad. La verdadera fe permanece firme aun cuando nada tiene sentido. Y si quizás estás en esta tarde y no eres cristiano, ¿cómo responderás a Jesús? ¿Cómo responderás a la clara prueba que Dios pone enfrente tuyo hoy de la tumba vacía?
Jesucristo resucitó entre los muertos porque Él es el Hijo de Dios. Él es el único Salvador y Él es el que vendrá a juzgar. ¿Qué harás con Jesús? Te animo a que creas en que Jesús es el Salvador, a que creas que su sacrificio en la cruz puede perdonar tus pecados, no importa cuántos sean, no importa cuán profundos sean, y que puedes obtener por medio de la fe en Él, el regalo de Dios, de la salvación, del perdón de tus pecados, y que te puedas arrepentir de los pecados que te han apartado de Dios. Te animo a que lo hagas. Pero también, a la luz de Isaías 35, quiero darte una advertencia. Los que no abrazan a Jesús el Salvador tendrán que enfrentar a Jesús el Vengador en su segunda venida.
Pero la buena noticia del Evangelio es que hoy es el día de salvación. Hoy es el día para acercarse a Cristo por medio de la fe. Hoy es el día para entregar tu vida completamente a Cristo. Hoy es el día para dejar atrás tus pecados, para venir a Él en arrepentimiento y fe, para que Él transforme tu vida por completo. Y hermanos, en este mundo caído las dudas vendrán y las expectativas no siempre se cumplirán como esperamos. Pero debemos recordar las palabras de Jesús. Bienaventurado es el que no se escandaliza de mí. No dejemos nunca que nuestras dudas nos alejen de Cristo, sino que como Juan llevemos nuestras dudas directamente al Señor.
Y confiemos en que aunque no siempre entendamos sus caminos, Él es fiel y Él cumplirá todas sus promesas. Vamos a orar. Padre, te doy muchísimas gracias por tu palabra. Te damos gracias, Señor, por entender que cuando la vida no sale como nosotros queremos, siempre ha salido como tú quieres. que aunque nosotros pensamos que cosas vienen en nuestra vida para mal, tu palabra nos dice que todo es para el bien de los que te aman. Ciertamente, Señor, luchamos en nuestra mente y en nuestros corazones, en muchas ocasiones, con la duda, con la incertidumbre, con expectativas que no se cumplen. Y a veces, Señor, esas expectativas son fuera de tu palabra, no son conforme a tu verdad.
Te pedimos que nos ayudes, Señor. Confesamos que en muchas ocasiones las dudas han enfriado nuestro amor por vos. Que las dudas nos han hecho apartar quizás de la iglesia. Nos han hecho apartarnos de congregar con fidelidad, de disipularnos con fidelidad. Pero hoy hemos aprendido que las dudas nos tienen que llevar a ti, Señor. Nos tienen que llevar a la oración, nos tienen que llevar a tu palabra, nos tienen que llevar a congregar, nos tienen que llevar al discipulado, Señor, sabiendo que tú nos respondes a través de tu palabra. Señor, queremos experimentar hoy esa gracia que tú tienes con los humildes que se acercan a vos en necesidad.
Porque Jesús no quiebra la caña cascada ni apaga el pablo que humea. Y sabemos que si hay alguien en este lugar que quiere arrepentirse y poner su fe en ti, Señor, tú eres un Dios que se goza en salvar. Y también, Señor, si hay alguien que quiere ponerse a cuentas con vos, Señor, y abandonar su pecado, también eres un Dios fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Porque tenemos un abogado en los cielos, a Jesucristo el justo. Te damos muchas gracias, oh Señor, por tu orar en nuestras vidas. Y oramos que tu palabra obre en nuestros corazones y que podamos confiar en tu fidelidad y en tus promesas.
En el nombre de Cristo. Gracias.
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Lucas
Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.