Confía en Jesús, Él es el Rey

Lucas 9:1-17 Lucas 7 Enero 2025 Enrique Oriolo
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otros que Elías había aparecido y otros que algún profeta de los antiguos había resucitado. Entonces Herodes dijo, a Juan yo lo hice decapitar, ¿quién es entonces este de quien oigo tales cosas? Y procuraba ver a Jesús. Cuando los apóstoles regresaron, dieron cuenta a Jesús de todo lo que habían hecho y tomándolos con él, se retiró a parte de una ciudad llamada Bethsaida. Pero cuando la gente se dio cuenta de esto, lo siguió. Y Jesús, recibiéndolos, les hablaba del reino de Dios y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados. El día comenzaba a declinar y acercándose los doce le dijeron, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores y hallen alojamiento y consigan alimento, porque aquí estamos en un lugar desierto.

Denles ustedes de comer, les dijo Jesús. Y ellos dijeron, no tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos y compremos alimento para toda esta gente. Y Jesús dijo a sus discípulos, hagan que se recuesten en grupos como de cincuenta cada uno. Y así lo hicieron haciendo recostar a todos, tomando a él los cinco panes y los dos peces. Levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los iba dando a los discípulos para que los sirvieran a la gente. Todos comieron y se saciaron y se recogieron de lo que les sobró de los pedazos doce cestas llenas. Hasta aquí la palabra del Señor.

Lo que vemos en este texto, hermanos, es Jesús es el Rey, que nos llama a confiar en su poder y su provisión mientras vivimos como sus discípulos. Esto vamos a ver en nuestro pasaje. Tres puntos para los que tomen nota. Primer punto, Jesús envía a sus discípulos en el poder de su reino, versículo 1 al 6. Luego Jesús revela su identidad como el Rey Mesía, versículo 7 al 9. Y Jesús provee abundantemente para su pueblo, versículo 10 al 17. Y si han visto en la estructura del texto, son las tres escenas de nuestro pasaje. La primera, que Jesús envía a los discípulos en el poder de su reino. La segunda, con Herodes, donde vemos que Jesús revela su identidad como el Rey Mesías.

Y la tercera, donde Jesús provee abundantemente para su pueblo. Y quisiera que a lo largo de todo el sermón te hagas una pregunta a ti mismo. ¿Vieron cuando el salmista le habla a su alma? Alma mía, alaba al Señor. Bueno, quisiera que hagas una pregunta a lo largo de todo este sermón. Alma mía, ¿en quién confías? Hazte esa pregunta. Jesús tiene una primera misión para sus doce apóstoles. Esto es una categoría especial de los discípulos. Estos doce hombres habían sido escogidos luego de haber predicado el sermón del monte. Hasta este momento, los doce apóstoles habían estado siempre aprendiendo de su maestro.

Los doce habían estado escuchando las predicaciones sobre el reino de Dios. Habían visto sanar a los enfermos. Habían visto liberar a los endemoniados. Incluso habían visto cómo Jesús resucitaba muertos. Pero si recuerdan al principio de los evangelios, se nos dice que Jesús encontró a Pedro y Andrés pescando y les dijo, síganme y yo los haré pescadores de hombres. Hay un momento en el que el aprendiz tiene que dar un paso más. Y si uno mira al pescador como pesca, hay un punto en el que el pescador, si es un buen maestro, le pasará la caña al que está mirando. Jesús le había dicho a los apóstoles, a ustedes les es dado el entender los misterios del reino de Dios.

Pero a los demás no. Por eso les hablamos en parábolas. ¿Recuerdan la parábola del sembrador? Y es ahora donde los discípulos les toca ser a ellos los sembradores que siembran la semilla de la palabra en los corazones. Y reuniendo Jesús a los doce, dice el versículo uno, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios. ¿Cuántos? Sobre esta categoría. Sobre todos los demonios, incluso del propio Satanás. Todos los demonios. Y para sanar enfermedades. Y esto es muy interesante. ¿Quién les dio el poder y la autoridad? Jesús. ¿Quién posee el poder y la autoridad? Jesús. Ahora ellos van a tener un poder y una autoridad delegada.

Y eso es sumamente importante. No es la autoridad de los apóstoles. No es la autoridad de la fe de los apóstoles. Es la autoridad delegada de Jesús para una tarea en particular. Efectividad va a radicar completamente en que los doce dependan del poder y la autoridad que Jesús les dio. Tienen una misión. Tienen una misión. Pero tienen que depender del poder de Jesús y depender de la autoridad de Jesús. Fueron enviados con el poder del rey a proclamar el reino de Dios. Y a confirmar dicho mensaje con las señales que acompañan al reino mesiánico. Lo hemos visto a lo largo de todo el evangelio de Lucas.

Como los milagros tienen el propósito de autentificar el mensaje del evangelio. ¿Qué comprendía proclamar el reino de Dios? Los apóstoles son mandados a proclamar el reino. ¿En qué consiste proclamar el reino? Juan el Bautista es el primero que nosotros vemos que inicia su ministerio anunciando lo siguiente. Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se ha acercado. Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 3.2 Luego Marcos nos dice al comienzo de su evangelio que cuando Jesús inició su ministerio de predicación en Galilea. Jesús dijo el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado.

Arrepiéntanse y crean en el evangelio. Y también Lucas en su capítulo 4 nos dice que Jesús le dijo a los apóstoles que también a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios. Buenas nuevas le hace evangelio. El evangelio del reino de Dios. Porque para esto yo he sido enviado. Jesús envía a sus discípulos a predicar el reino, pero Jesús mismo es llamado el apóstol del padre. Él es el enviado de Dios padre a proclamar la buena nueva del reino. Y en Mateo capítulo 10, cuando Mateo como los sinópticos tienen, perdón, los sinópticos son Mateo, Marcos y Lucas. Estos tres evangelios tienen este episodio narrado.

Mateo dice específicamente que Jesús les dijo cuando vayan prediquen diciendo el reino de Dios de los cielos se ha acercado. Entonces no tenemos duda alguna de cuál era el mensaje que ellos llevaban. El reino de Dios se había acercado. El evangelio del reino entonces es el mensaje que los discípulos debían proclamar. Y de hecho proclamaron. Aún no era el evangelio de Jesucristo resucitado. Hay diferentes etapas en el evangelio. Esta era la buena noticia de que el reino se había acercado y por ende el rey había aparecido. Pero todavía no es la buena noticia del evangelio de Jesucristo y este resucitado.

Eso llegaría más tarde. Los discípulos luego tendrían la gran comisión de predicar ese evangelio por todas las naciones. Pero eso viene después. Lo que ellos tienen que anunciar ahora es a todos que ese reino que Dios había prometido antiguamente por los profetas estaba cerca. Se estaba acercando como nunca antes en toda la historia de la redención. Luego de los 400 años de silencio que conocemos en el periodo intertestamentario entre los dos testamentos, está llegando una proclama. Dios envía a heraldos. Dios envía a Juan el Bautista. Luego envía a su hijo y su hijo envía a los apóstoles a decir el reino de Dios prometido está acercándose.

Y las señales que los apóstoles hacían eran esa confirmación mesiánica de la verdad de su mensaje. Una autoridad delegada por el rey Mesías, el que había sido anunciado por los profetas. Ante este despliegue de poder, este despliegue de señales, la audiencia debía responder en arrepentimiento. Debían arrepentirse de sus pecados y volverse a Dios de todo corazón, como lo que vemos que sucede con Juan el Bautista. El pueblo de Dios por siglos y siglos esperando el advenimiento del reino prometido. Y Dios envía a sus heraldos a anunciar el reino está llegando. Pónganse en cuentas con Dios. Arrepiéntanse de sus pecados y vuélvanse a él.

Pero nosotros sabemos por las escrituras que a lo suyo vino y lo suyo no lo recibieron. Los apóstoles estaban cumpliendo lo que Isaías dice en 52.7. Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas. Del que anuncia la paz, del que trae las buenas nuevas de gozo, del que anuncia la salvación y le dice a Sion, tu Dios reina. Sion es el nombre para Jerusalén. Hace poco celebramos la Navidad y hemos visto probablemente en nuestras lecturas estos textos. Pero el niño no quedó niño. Isaías también anuncia sobre eso que el niño nació para traer un reino. Isaías 9.6. Porque un niño nos ha nacido.

¿Recuerdan ese texto? Porque un niño nos ha nacido. Pero más adelante dice sobre el trono de David. ¿Qué es un trono? El lugar donde se siente al rey y donde gobierna el rey. Ese niño se sentará sobre el trono de David y sobre su reino para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. Un reino que iba a llegar y nunca más iba a ser destituido. Los apóstoles debían ir por todas las aldeas alrededor. Por todas partes en Galilea. De dos en dos, nos dicen los otros evangelios, anunciando todas estas cosas. Anunciando, imagínenselos, a los doce, de dos en dos, dispersos por las aldeas, anunciando que el rey no está llegando.

Traigan a sus enfermos, traigan a sus endemoniados. El rey envía regalos de compasión, sanando a todo el mundo, por todo lugar. ¡Qué imagen! Tienen instrucciones precisas de Jesús sobre no llevar más nada que lo que tienen puesto. Eso es lo que Jesús les dice. No lleven ni un bastoncito para el viaje. O sea, no lleven una vara de viajero donde apoyarse para caminar. No lleven alforja, ni un morral, ni un bolsito. No lleven pan, no lleven dinero. Ni siquiera lleven dos mudas de ropa. La idea detrás de todo eso no era vivir un voto de pobreza, sino que eran básicamente por dos razones. La primera, había una urgente necesidad, urgente necesidad de salir por todas partes a predicar y sanar.

Era urgente. ¿Por qué? Jesús está terminando su ministerio en Galilea. El ministerio de Jesús en Galilea está llegando a su fin y va a emprender su viaje final a Jerusalén, donde Él va a morir en la cruz del Calvario. No va a volver a Galilea. Y Él envía a sus apóstoles para que siembren por todos lados, para que hagan ruido por todos lados sobre que el reino ha llegado. ¿Por qué? Porque eso va a preparar para que luego de su muerte y su resurrección, eso resuene por todos lados. Fíjense qué maravilloso es lo que está ocurriendo en los evangelios. El rey está trayendo su reino. El rey ha enviado sus heraldos por todos lados.

El rey no está llegando, el rey no está llegando, el rey no ha llegado. Arrepiéntanse, arrepiéntanse. Hay regalos del rey, anticipaciones del reino futuro. Y de repente el rey muere. Pero el tercer día, el rey resucita en el rey. ¿Cómo eso empezaría como un reguero de pólvora? Como un eco, como una onda expansiva por todos lados. Entonces la primera razón de por qué era urgente salir es esa. La segunda tiene que ver con entrenamiento práctico pastoral. Los discípulos tienen que aprender una lección de fe. Ellos deben ir así porque deben depender completamente de la provisión de Dios para el día a día.

Ellos tienen que depender de la provisión de Dios. No debían llevar provisión para ellos mismos. Sino que la instrucción de Jesús es, busquen una casa en la ciudad que entren. Los otros evangelios nos hablan de que la persona que los reciba sea digno. O sea, no entren en cualquier casa. Pero busquen la casa de alguien que sea digno y entren en esa casa. No importa el dinero, no sé si es rico o pobre, si se come arroz o asado, no importa. Entren en esa casa. Quédense en esa casa. Y cuando terminen de predicar, terminen de sanar en esa ciudad, se van de esa casa. ¿Entendido? No era ir de casa en casa.

Era quedarse en ese lugar y vivir de la hospitalidad de esa familia. Ese iba a ser su sustento. La hospitalidad de esa familia. Esa era la provisión de Dios para ellos. La hospitalidad, por supuesto, si han leído las escrituras, era una costumbre judía. Los apóstoles experimentaron esa hospitalidad como una provisión de Dios mismo para ellos. ¿Dios puede traerte cuervos que te traigan el almuerzo? Sí. Elías lo vivió. Pero normalmente, él va a usar probablemente la hospitalidad de una familia para proveer para tus necesidades. Entonces, eso era lo que estaba ocurriendo acá. Y eso es cierto hasta el día de hoy.

El ministerio cristiano itinerante siempre ha sido marcado por la hospitalidad. Como familia misionera, muchas veces nos hospedamos en casas con familias que nos abrieron su hogar sin conocernos. Inclusive, la última vez a lo que choquea es una familia que no nos conocía, nos dio la llave de su casa y hasta el día de hoy no los conocí. Nos dio la llave de su casa para que nosotros podamos vivir ahí por un periodo de tiempo. En la tercera carta de Juan, Juan confronta la actitud de Diótrefes. Diótrefes era uno de los líderes de la iglesia. Se pensaba que la iglesia era suya. Y el apóstol dice que Diótrefes no recibe a los hermanos y no permite que los hermanos de la iglesia reciban en sus casas y los hospeden a predicadores que van por el mundo predicando la palabra.

Y si algún hermano osa mostrar hospitalidad con personas que Diótrefes no había probado, los echaba de la iglesia. Cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia. Diótrefes se había adueñado de la iglesia y el punto ahí es la hospitalidad. La hospitalidad es un mandamiento para el cristiano. E incluso, si ustedes se fijan, es un requisito para ser un anciano en la iglesia local. Es un requisito. El apóstol Pablo enumera los deberes cristianos en Romanos 12 y señala que debemos estar, y cito, contribuyendo para las necesidades de los santos practicando la hospitalidad. Debemos proveer para las necesidades de otros practicando la hospitalidad.

El apóstol Pedro exhorta, primera de Pedro 4.9, Sean hospitalarios los unos para con los otros sin murmuraciones. Qué agregado que hace Pedro, ¿no? Se ve que los conocían. No murmuren. Sean hospitalarios. Hebreos 13.1 al 2 dice, permanezca el amor fraternal, el amor de familia. No se olviden de mostrar hospitalidad porque por ella algunos sin saberlo hospedaron ángeles. Hermano, ¿es tu casa un lugar para otros? ¿Están las puertas de tu hogar abiertas para los extraños? Porque esa es la idea de hospitalidad, el amor al extraño. Quizás a un hermano que recién llega a la iglesia. Quizás hay hermanos en la iglesia.

Hay, voy a hacer esta pregunta. ¿Hay alguna casa de algún hermano que no conozcas todavía? No para ver qué sillón tiene o qué mesa usa, pero pensá eso. ¿Hay algún hermano que no conozca cómo es tu comedor? Bueno, te animo a que lo cambies. No el comedor, sino que cambies esa situación. Que puedas invitar a un hermano a ser hospitalario, a abrir tu casa, tal como sos. Aunque esté la ropa toda junta en el sillón porque todavía no la pudiste doblar. Pero, hermanos, la palabra nos manda a ser hospitalarios, así como nos manda a predicar el Evangelio. Es un deber, es una responsabilidad nuestra. Es una manera de mostrarnos el amor los unos a los otros.

Y no murmurando, no decir, uff, otra vez cayó el beso a casa. Y uno murmura. No, no, no, con amor. Piensen en esto. ¿A quién le pertenece el mundo? ¿Y quién te deja usarlo? Dios es el más grande hospitalario, el mejor anfitrión. Él nos deja usar todas las cosas y nos las da para que las disfrutemos. ¿Qué ejemplo tenemos en el amor de Dios para ser hospitalarios los unos con los otros? Dios no solamente nos dejó entrar a su casa, nos hizo parte de su familia, nos adoptó en su familia. Ahí tenemos el amor de Dios. Pero si no eran recibidos, tenían también instrucciones de Jesús que debían realizar una señal externa de sacudirse el polvo de los pies.

Y eso era culturalmente un símbolo de desaprobación de que el lugar contaminado del cual se iban no debían llevarse ni el polvo en sus pies para mantener su pureza. Debía ser una advertencia y un llamado al arrepentimiento para ese lugar. Hendricksen, el comentarista, señala el origen cultural de esta práctica. Cito. Después de viajar a través del territorio pagano, los judíos tenían la costumbre de sacudir el polvo de sus sandalias y de sus vestiduras antes de entrar en la tierra santa. Fin de la cita. Cuando Pablo y Bernabé fueron perseguidos en Antioquía de Pisidia, no fueron solamente no recibidos, sino que fueron expulsados de toda la región.

Lucas dice en el libro de Hechos, capítulo 13, verso 51, que estos, Pablo y Bernabé, sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconia a predicar el Evangelio. Estas eran las instrucciones que Jesús les daba a sus discípulos. Una vez que tuvieron las instrucciones, salieron por todas las aldeas anunciando el Evangelio del reino y sanando a los enfermos. Los apóstoles eran discípulos de Jesús que pusieron sus vidas enteras a la disposición de su maestro. No tuvieron reserva alguna para ellos, sino que vivían para Jesús. Vivían para Jesús. El Señor nos llama a nosotros también a confiar en su poder y su provisión para llevar a cabo la misión que nos ha encomendado.

Ser quienes anunciamos el Evangelio a otros. Anunciamos que el Rey ha venido y ha dado la vida por su pueblo, para que su pueblo puedan ser aceptados como ciudadanos del reino de Dios para siempre. Esas son las buenas noticias que tenemos para compartir. Todo aquel que quiera recibir ese regalo de salvación debe arrepentirse de su pecado, poner su confianza por medio de la fe en Jesús como su Salvador. Ese es nuestro Evangelio, la proclama que debemos hacer. La pregunta entonces para nosotros es, ¿estás siendo un discípulo que confía en el poder y la provisión de Jesús para cumplir con su misión?

No pensemos que es algo que nosotros podemos lograr en nuestras propias fuerzas. Dios quiere que confiemos en su poder y en su provisión. Nosotros tenemos, como Pablo le dijo a los romanos en su primer capítulo, que el Evangelio que es poder de Dios para salvación. El mensaje mismo que nosotros tenemos es usado con poder por Dios para abrir los ojos de los ciegos y traer a la vida a los que están muertos. ¿Estás confiando en el poder del Evangelio para salvar? ¿Estás confiando en el poder de Dios para capacitarte para la tarea del servicio? Tenemos que confiar en Jesús y servirle, hermanos. ¿En qué quiere Jesús que le sirvas?

Si Jesús estuviera delante tuyo imaginando una conversación hipotética y Jesús te dice, quiero que me sirvas en... ¿Cómo completarías la frase en tu propia vida? ¿Cómo llenarías eso? Depende de Él, depende de su poder, de su provisión y sírvele. Ya está, sin más vueltas. ¿Qué te falta? ¿Qué te falta para servirle? Pedíselo en oración, confía en Él y servíle. No es una opción servirle o no. Todos los discípulos deben servirle. Solo a tu Dios servirás y solo a Él la adorarás. La pregunta no es entonces si le sirvo o no le sirvo, sino que debo confiar en su poder y en su provisión a la hora de servirle.

Los discípulos obedecieron, eso es lo que nos enseña nuestro texto, y no llevaron sus propios recursos, sino que confiaron en la provisión de Dios. Nunca dejes que el miedo te frene de servir a Jesús. Puede que no te sientas capacitado, puede que te sientas menospreciado, débil y sin recursos. Pero confía en los recursos del que te llamó a servir y cumple tu llamado. Jesús siempre capacita a los que Él llama. Normalmente no llama capacitados, sino que capacita a los que Él llama. Los discípulos obedecieron y salieron por todas las aldeas, y todo lo que hacían hizo muchísimo ruido. Tanto ruido que llegó a los oídos de Herodes.

Y ahí pasamos a nuestro segundo punto. Versículos 7 y 9. Se dice que no hay peor ciego que quién, que el que no quiere ver. Y que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Herodes era ambas cosas. Herodes era ambas cosas. Herodes Antipas era el tetrarca de Galilea, es decir, el gobernante de la región puesto por el imperio romano. Los otros evangelios, Mateo y Marcos, lo señalan como rey. Ese era un título que se usaba para hablar de Herodes. Herodes era uno de los hijos de Herodes el Grande. Es importante para no confundirnos que Herodes es más bien un título que un nombre. Entonces hay muchos Herodes.

Herodes el Grande es aquel que estaba en el poder cuando nació Jesús. Es aquel que recibió a los magos de Oriente y aquel que mandó a matar a los niños en Belén. Ese es Herodes el Grande. Pero el que está en este pasaje es Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea, hijo de ese Herodes el Grande que ya había muerto. Herodes Antipas es conocido porque él había tomado para sí la mujer de su hermano. Y ese hecho hizo que Juan el Bautista lo confrontara públicamente, lo que derivó en el encarcelamiento de Juan, lo que derivó posteriormente en la muerte de Juan. Que ya ha ocurrido en nuestro Evangelio.

Y si bien Herodes había escuchado a Juan el Bautista predicar el bautismo de arrepentimiento, predicar la llegada del reino y del Mesías, Herodes nunca había creído. Nunca había creído. Pero cuando escucha todo lo que los apóstoles están haciendo y todo lo que está ocurriendo en el nombre de Jesús, se queda perplejo. Y la palabra perplejo es confuso, dubitativo. Se queda en cambio, o sea, no entiende lo que está pasando, no sabe para dónde salir. No entiende cómo explicar lo que sucede. Y lo peor de todo, no entiende dónde encasillar a Jesús. ¿Qué es Jesús? ¿Quién es Jesús? La gente, nos dice el pasaje, estaba diciendo por todos lados, Juan el Bautista resucitó.

Otros decían, no, no, no, es Elías el que dijo Malaquías, cuando dice Malaquías 4.5, les envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor grande y terrible. Entonces debe ser Elías y otros decían, no, no, alguno de los antiguos profetas fue resucitado. Le hace Jeremías, Isaías, uno de los profetas antiguos fue resucitado. Herodes tenía más preguntas que respuestas, pero no era ninguna de esas opciones. Además, Herodes mismo afirma en el texto, yo mandé a matar a Juan. Juan, yo mandé a decapitarlo. Entonces la gran pregunta de toda esta sección de Lucas, de toda la primera mitad del Evangelio de Lucas, es repetida por Herodes.

Y es, ¿Quién es este? ¿Quién es este? ¿Quién es este? Y procura ver a Jesús. Las señales que hacía Jesús eran evidencias claras de que él era el Mesías prometido, el verdadero rey de Israel. Dicho sea de paso, ese título, es un título que le encantaba ostentar a Herodes. Herodes quería ser conocido por los judíos como el rey de los judíos, el rey de Israel. Aunque ni siquiera era un verdadero judío. En este episodio, perdón, de Herodes, y es importantísimo ver cómo Lucas ordena estos episodios. Así como vimos la semana pasada, cómo Lucas ordenó en medio del episodio de Jairo, puso la mujer. Bueno, en medio de la ida de los apóstoles y el regreso de los apóstoles, él nos pone una escena de Herodes.

Y debemos pensar en la estructura de la narrativa de este pasaje como en escenas, como en una película, en una escena, otra escena, otra escena. Entonces, en la escena de Jesús enviando a los apóstoles, y antes de la escena de la multiplicación de los panes, el director, que es el Espíritu Santo, nos lleva a ver qué ocurre en el palacio de Herodes. Y nos lleva a ver aquel que es el más poderoso en esa región, el que no tiene ni idea de lo que está pasando. Y es irónico, es fabuloso lo que hace Lucas inspirado por el Espíritu. Herodes está en medio de dos escenas, donde él no lo ve, pero nosotros sí lo vemos.

Vemos el poder y la provisión de Jesús para su pueblo. Ambas cosas que el verdadero rey debe asegurar. Se evidencia la confusión que existe entre los poderosos, entre las personas que no entienden bien la identidad de Jesús, que tienen ojos y oídos, pero no ven y no oyen. Esa es la confusión que ellos tienen. Y eso sucede en el mundo que nos rodea. Mucha gente alrededor nuestro oye hablar de Jesús. Desde presidentes, reyes, celebridades, hasta cualquier vecino. Pueden incluso ver vidas transformadas por el poder del Evangelio y sin embargo siguen confusos sobre quién es Jesús. Y esto nos muestra algo bellísimo.

El Evangelio no se le revela a alguien por el poder, la riqueza o la fama que tiene. El Evangelio es algo que obra por medio del arrepentimiento y la fe. El Evangelio es algo que Dios otorga milagrosamente a los humildes. Y algunos como Herodes procuran ver a Jesús, quieren saber más de él, invítenme al culto. O sea, quieren ir a una iglesia, quieren entender un poco más qué es todo esto que está pasando. Pero no tiene la intención de arrepentirse y creer en Cristo por medio de la fe. De hecho, Herodes forma parte del complot que va a matar a Jesús, finalmente. La misión de Jesús y sus discípulos siempre va a tener enfrentamientos, cuestionamientos y enemigos.

Lucas, que escribió este Evangelio, también escribió el Libro de los Hechos. Y Lucas nos muestra claramente el inicio del Libro de los Hechos, durante todo el Libro de los Hechos. Cómo el avance del Evangelio siempre tiene enemigos, siempre tiene cuestionamientos. Esta es una escena, hermanos, que contrasta dos reyes. Herodes, un rey malvado, perplejo por lo que sucede, confundido y pasivo. Porque no está haciendo nada en el pasaje, solamente cuestiona. Confundido y pasivo, incapaz de controlar todo lo que está pasando en su propio reino. Y por otro lado, el verdadero rey, Jesús, que gobierna con autoridad absoluta.

Él está controlando todo lo que ocurre. Él está enviando a sus emisarios a anunciar que su reino ha llegado y a demostrar su poder sanando y liberando, y lo más maravilloso, incluso en las propias narices de Herodes. ¿Quién está al control? ¿Quién es el rey? Su compasión por su pueblo se muestra en cada acción. Qué imagen gloriosa del poder del rey Jesús. Por eso está ahí esa escena de Herodes, para mostrarnos quién está al control. ¿Quién es este? Dice Herodes. La audiencia contesta, el verdadero rey del reino de Dios. El verdadero rey. Y el verdadero rey, dijo Jesús en Mateo 4, a los discípulos, dijo lo siguiente.

Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos. Pero no es así con ustedes. Antes el mayor entre ustedes, hágase como el menor y el que dirige como el que sirve. Porque ¿cuál es el mayor? ¿El que se sienta a la mesa o el que sirve? Todos responden y que se sienta a la mesa, ¿no? Sin embargo, dice Jesús, entre ustedes yo soy como el que sirve. Fin de la cita. Ese es el reinado de Jesús. Jesús revela su identidad como el rey Mesías a través de mostrar su poder y su provisión para su pueblo. Y eso nos lleva a nuestro tercer y último punto. Jesús provee abundantemente para su pueblo. Y esto es fascinante.

Esto es fascinante. Miren cómo Lucas da continuidad a la escena. Versículo 10. Cuando los apóstoles regresaron, si regresaron, ¿qué quiere decir? Hermenáutica. Se fueron. Entonces regresaron. Primero los envió, escena de Lodes, ahora volvieron. Cuando los apóstoles regresaron, llegaron a rendir cuentas a Jesús de todo lo que habían hecho. Eso nos muestra la sujeción a la autoridad que tenían los apóstoles. Rinden cuentas de todo lo que habían hecho. Imagínense que están contando de dos en dos dónde se habían hospedado, cuánta gente oyó el Evangelio, cuánta gente fue sanada, cuántos demonios se expulsaron.

O sea, rendiendo cuenta de todo lo que habían hecho. Pero Jesús se los lleva con él a Bethsaida, un lugar más tranquilo. Bethsaida era el lugar donde vivían Pedro y Andrés, donde Jesús los encontró a ellos. Era un lugar como favorito de Jesús, siempre iba a Bethsaida. Y probablemente a las afueras de Bethsaida estaba ocurriendo este ser, en un lugar desierto. Pero ni Jesús ni los apóstoles, y menos con todo lo que había ocurrido, podían pasar desapercibidos. La gente los vio y por supuesto lo siguió. ¿Y qué hizo Jesús? Con toda la multitud que los siguió al lugar desierto. Él hizo lo mismo que mandó hacer a sus discípulos.

Es como un eco entre la primera escena y la última. Él hace lo mismo que él mandó hacer a sus discípulos. Pero en lugar de ir a las aldeas, las personas vienen a él. Y cuando vienen a él, él los recibió a todos, les hablaba del reino y sanaba a los enfermos. Lo mismo. Jesús siguió mostrando su poder, que lo autentica como el Mesías enviado de Dios. Y las personas probablemente habían escuchado los rumores de que Juan resucitó, de que es Elías, de que es Jeremías u otro más. Y entonces venían a él. El texto nos dice en el versículo 12, cuando va al centro de la escena, el día comenzaba a declinar.

Es decir, se estaba anocheciendo. Y acercándose los doce le dijeron, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores y hallen alojamiento y consigan alimentos porque aquí estamos en un lugar desierto. Ante la necesidad de las personas, ante las multitudes que necesitan alimento y ya se está poniendo de noche, los discípulos están mostrando cero compasión. Sino que les está pidiendo a Jesús que los despida. Es decir, Jesús, terminala. Es como si Gustavo se cansara a la noche y apaga las luces de la iglesia, como diciendo, hermano, ya se pueden ir. Despídenlo, que vayan a buscarse un lugar para quedarse, comida.

Acá no hay nada. La heladera está vacía. No hay manera de poder ayudarlos. Son como cinco mil hombres. O sea, no contaron a las mujeres y a los niños. Entonces estamos hablando de una multitud bastante grande. Muchísima gente. Y los discípulos dicen, Jesús, no hay nada que se pueda hacer. Y nuevamente, teniendo la primera escena en mente, Jesús les da una nueva misión, como en la primera escena. Pero ahora la misión es, denle ustedes de comer. El enfoque de los discípulos, contrario a la primera escena, ahora es mirar sus recursos y los obstáculos que tienen. No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos y compremos alimento para toda esta gente.

¿Dónde está la confianza en el poder y la provisión de Dios ahora? La confianza que tuvieron al principio, ¿dónde está? Habían visto los milagros en todas las aldeas alrededor y la provisión de Dios para ellos de alojamiento, de comida. ¿Qué es más difícil para Dios? ¿Proveer para doce o proveer para cinco mil? ¿No debían los discípulos confiar plenamente en Jesús y obedecerlo? ¿Después de todo lo que habían visto? Yo me imagino que pudieran haberle dicho algo como, sí maestro, lo haremos. No sabemos cómo, pero en tu palabra lo vamos a hacer. En tu palabra les daremos de comer. Así como Pedro podía recordar tirar la red al costado de la barca mar adentro y ver que las redes se rompían por la abundante provisión de Dios.

Señor, hemos pescado toda la noche. Y si a esta altura del día ya no hemos conseguido nada, probablemente no vamos a volver a conseguir. Pedro, boga mar adentro y echa la red. En tu palabra, echaré la red. Y bogó mar adentro pensando, esto es lo más inútil que he hecho el último fin de semana, y tira la red. Y los vecinos tienen que venir a ayudarnos porque las redes se rompen. Pero así somos. Pedro también se había olvidado de la abundante provisión que él había experimentado de parte de Dios. Algunos comentaristas señalan muy bien que esta escena rememora la provisión de maná en el libro de Éxodo.

Una multitud que no tiene que comer está en un lugar desierto, cuyo Dios está en medio de ellos. ¿Qué hizo Dios en Éxodo 16 con su pueblo en el desierto? Mostró compasión, poder y provisión para su pueblo. Les dio a comer el pan del cielo, el maná, que estuvo cada día para ellos por 40 años. Aproximadamente 14.400 días no dejó de caer maná en el desierto para el pueblo. El poder y la provisión de Dios eran sobreabundantes para su pueblo. El Salmo 78 rememora la queja del pueblo contra Dios, versículos 19 y 20. Hablaron contra Dios, dice el salmista, y dijeron, ¿podrá Dios preparar mesa en el desierto?

Entonces él golpeó la roca y brotaron aguas y torrentes se desbordaron. ¿Podrá también dar pan? ¿Proverá carne para su pueblo? Fin de la cinta. Los israelitas que vieron las maravillas que Dios hizo en las plagas de Egipto no creían que Dios podía proveerles alimento para ellos en el desierto. Los discípulos que vieron las maravillas que Dios mismo hizo a través de ellos no creían que Dios podía proveer alimento a esa multitud en el desierto. Y así somos vos y yo. Olvidamos la fidelidad de Dios. Olvidamos su poder, su compasión, su provisión. Pensamos que en algún momento Dios está limitado. Que Dios se ha cansado de proveernos.

Que a Dios se le agota la paciencia por nuestras fallas. Que Él ha dejado de compadecerse de nosotros. Tenemos amnesia espiritual. Y esto revela un entendimiento equivocado del carácter de Dios. Su poder es infinito. Su provisión es sobreabundante. Y su compasión hacia su pueblo nunca se agota. Dios tiene recursos ilimitados para proveer a su pueblo, para llevar a cabo su misión. Hermanos, quiero preguntarte, ¿qué necesitas? ¿Qué necesitas? Busquen primero su reino y su justicia y todas estas cosas les serán añadidas. ¿Qué necesitas? El Señor es mi pastor, nada me faltará. El lugar de verdes pastos me hace descansar y junto a aguas de reposo me conduce.

Por tercera vez, ¿qué necesitas? Mi Dios proveerá todas tus necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Tenemos un Dios infinitamente lleno de gracia, de poder, de compasión y que disfruta proveer para su pueblo. Hermanos, ¿qué necesitas? ¿Qué necesitas que Dios no pueda proveerte? ¿Qué es más difícil para Dios? ¿Proveer para doce o para cinco mil? ¿Qué es más difícil? Los discípulos estaban sarcásticos. Nosotros nos ponemos sarcásticos con Dios varias veces. Tenemos cinco panes y dos peces. Si no, vamos y compramos alimento para todos. Parecían argentinos ahí. Y me imagino a Jesús diciendo esto.

Esto no está en la Biblia, por supuesto. Me lo imagino yo. Aún no entienden quién les está pidiendo esto. Aún no entienden quién les está pidiendo esto. ¿Se acuerdan la mujer samaritana en el pozo? Si tan solo supieras quién te pide agua, tú le pedirías a él y él te daría. Fíjense el corazón de Jesús. Si tan solo confiaras en mí. Pero no se preocupen, yo me encargo de esta vez. O sea, Jesús es precioso. Eso no está en la Biblia, no es inspirado. No lo tomen ahí para devocionar. Pero lo que sí es inspirado de que está en la Escritura, es lo que dice Jesús, que es incluso quizá más sorprendente.

Hagan que se recuesten en grupos como de 50 cada uno. Esto es lo mismo que me hace pensar en la semana cuando le digo a las nenas, pongan la mesa. ¿Por qué les digo que pongan la mesa? Porque estoy por llevar la comida a la mesa. Señor, no tenemos más que 5 panes y 2 peces, no vamos a ir a pedir para llevar de 5.000 personas. Jesús dice que se recuesten. De 50 en 50. Recostarse era la manera en que se comían las casas. Lo vemos al principio del Evangelio cuando Jesús se recostó a la mesa de Leví porque Leví le ofreció un panquete. Jesús está por dar un banquete de gracia a las multitudes. Una comida que muestra al verdadero Dios proveyendo compasivamente alimento para su pueblo.

Así como lo hizo por 40 años en el desierto, ahora lo hace en el desierto a las afueras de Bethsaida. El mismo Dios. Y Dios no cambia, hermanos. Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. El mismo Dios que nos dio gracia para salvación, es el mismo Dios que hoy nos da gracia sobre gracia sobre gracia para cualquier necesidad. El mismo Dios que proveyó para Israel en el desierto, el mismo Dios que proveyó para la multitud en Bethsaida, es el mismo Dios que provee para vos y que provee para mí. Cuando todos se recostaron en grupos, los apóstoles se convirtieron en meseros. Jesús levantó los ojos al cielo para que todos vieran, por supuesto no lo podían escuchar, todos.

Estamos hablando de una multitud muy grande. Pero era la costumbre judía, orar levantando los ojos al cielo y levantó los ojos al cielo para que todos supieran de dónde venía la provisión. Y bendijo los panes y los peces y los partió y se los fue dando a sus discípulos para que sirvieran a la gente. ¿Dónde y cuándo, cómo se multiplicaron esos panes? Jesús lo sabe. Cuando lleguemos a su presencia le preguntamos, anótenlo, guárdenle el papel por ahí. Todos comieron hasta saciarse, dice el texto, y sobraron doce canastas de alimentos. Ese día se sirvieron los mejores panes y peces que jamás se pudieran haber pedido.

No tenía dos ni tres estrellas Michelin, era lo más maravilloso que jamás se pudiera haber comido jamás en toda la historia, jamás. Dios proveyó abundantemente para su pueblo, sobreabundantemente para su pueblo. Y miren el guiño de Jesús, amoroso, nuestro Dios. ¿Cuánto sobró? Doce canastas. ¿Cuántas tribus tiene Israel? Doce tribus. ¿Cuántos son los apóstoles del Señor? Doce apóstoles. El dos en la Escritura siempre representa al pueblo de Dios. Siempre habrá sobreabundancia para el pueblo de Dios. Porque Dios es un Dios de gracia. Dios no da poco. Dios da sobreabundantemente. Por eso dice la Escritura, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia de Dios.

Nosotros le pedimos al Señor que nos perdone. Sobran doce canastas de perdón. Ese es nuestro Dios. Jesús es el rey que nos llama a confiar en su poder y provisión mientras vivimos como sus discípulos. Pero si aún no has rendido tu vida a Jesús, te invito a que no te quedes confundido como Herodes. Tienes la más grande señal de la provisión y el poder de Jesús. Él entregó su vida en favor a su pueblo en la cruz y resucitó al tercer día de entre los muertos. Y ahora todo el que se arrepiente de sus pecados y confía en Él, obtiene el regalo de la salvación y la vida eterna en su glorioso reino. No te quedes afuera.

Ven a Jesús en arrepentimiento y fe. Y si has probado la bondad del Señor. ¿Cuántos han probado la bondad del Señor? ¿Por qué dudas? Si has probado la bondad del Señor, ¿por qué dudas? Su bondad no ha mermado. Su bondad no ha cambiado. Jesús nos ha mostrado su poder, su provisión, su identidad, su compasión. ¿Qué necesitas? Acércate a Él con confianza. El trono de la gracia está siempre abierto. Y nuestro Dios se deleita en suplir las necesidades de su pueblo sobreabundantemente. Hermanos, nuestro Rey nunca falla. Oramos al Señor.

Transcripción automática: puede contener errores.

Parte de la serie Lucas Serie Lucas 45 sermones
El predicador
Enrique Oriolo
Enrique Oriolo Pastor

Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.

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