El don de lenguas en el cristianismo contemporáneo

1 Corintios 12–14 Sermones Individuales 2 Agosto 2026 Gustavo Regalada
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Notas del sermón

El don de lenguas: orden, edificación y el centro del evangelio

Texto bíblico: 1 Corintios 12–14 (con referencias a Génesis 11; Hechos 2, 10 y 19)

Bosquejo

I. ¿Qué era el don de lenguas?
II. Su uso dentro de la congregación.
III. Su propósito.

Resumen del sermón

El don de lenguas es uno de los temas más debatidos dentro del cristianismo. Sin embargo, la Escritura debe ser la autoridad final para comprender su naturaleza y propósito. Antes de abordar el tema, es importante recordar que todo creyente recibe el Espíritu Santo al momento de creer en Cristo (Efesios 1:13; 1 Corintios 12:13), y que la evidencia de una vida llena del Espíritu no son manifestaciones extraordinarias, sino el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22–23).

La ilustración de la torre de Babel muestra cómo la confusión de las lenguas produjo desorden y división. En contraste, Pablo escribe a la iglesia de Corinto para corregir un uso desordenado del don de lenguas que impedía la edificación de la congregación.

El don de lenguas consistía en la capacidad sobrenatural dada por el Espíritu Santo a algunos creyentes de hablar idiomas humanos reales que nunca habían aprendido. Pasajes como Hechos 2 muestran claramente que quienes escuchaban entendían el mensaje en sus propias lenguas. Asimismo, 1 Corintios 13 no enseña la existencia de un idioma angelical como práctica de la iglesia, sino que Pablo utiliza una hipérbole para enfatizar que, aun llevando cualquier don al extremo, sin amor no tiene ningún valor.

Dentro de la congregación, Pablo establece un principio innegociable: todo debe hacerse para la edificación de la iglesia. Las palabras deben ser comprensibles. Si no había interpretación, quien hablaba en lenguas debía guardar silencio, porque un mensaje incomprensible no edifica al pueblo de Dios. Por eso Pablo afirma que prefiere hablar pocas palabras entendibles antes que miles en un idioma que nadie pueda comprender.

Además, las lenguas funcionaron como una señal para los incrédulos durante el período fundacional de la iglesia, autenticando el mensaje apostólico mientras el evangelio era proclamado a las naciones. Pero el centro nunca fueron las lenguas, sino Cristo. El propósito de los dones espirituales siempre ha sido servir al cuerpo de Cristo y exaltar al Salvador, no engrandecer a quien los posee.

La aplicación final es doble: usar nuestros dones con humildad para el bien de la iglesia y tratar con amor a quienes sostienen posiciones diferentes, permitiendo que sea la Palabra de Dios, y no nuestras opiniones, la que corrija y convenza.

Preguntas de reflexión

  1. ¿Estoy permitiendo que la Escritura, y no mi experiencia, determine mi comprensión de los dones espirituales?
  2. ¿Uso los dones que Dios me ha dado para servir y edificar a otros, o para buscar reconocimiento personal?
  3. ¿Mi participación en la iglesia contribuye al orden, la comprensión y la edificación del cuerpo de Cristo?
  4. ¿Cómo puedo mostrar amor y paciencia al conversar con hermanos que piensan distinto sobre este tema?

Cita destacada

“Las lenguas nunca fueron el centro; Cristo siempre fue el centro. Los dones fueron dados para edificar a Su iglesia y exaltar a nuestro Salvador.”

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El predicador

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