Navidad Aplicada

Filipenses 2:5-11 Sermones Individuales 24 Diciembre 2023 Enrique Oriolo
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Dios bueno y eterno, te damos gracias en esta tarde. Dios de toda consolación. Dios que toma nuestras vidas desechas y arruinadas por el pecado y las transforma por medio de su gracia. De tal manera que en Cristo somos nuevas creaciones. Todas las cosas viejas pasaron y aquí son todas hechas nuevas. Señor Dios, queremos pedirte que nos hables a través de tu palabra. Porque no hay ninguno de nosotros que haya llegado esta tarde sin la necesidad de ti. No hay ninguno que no haya llegado lastimado en alguna medida por las consecuencias del pecado de su propio corazón o el de otros. Y tenemos una inmensa necesidad de mirar a Cristo, Señor.

Y te pedimos el obrar de tu Espíritu en nosotros. En el nombre de Jesús. Amén. Es interesante la temporada navideña porque pareciera que Navidad está en boca de todos y en boca de nadie en realidad. porque fuimos con mi familia a caminar un rato por el shopping de Avellaneda estos días y era todo con símbolos navideños y palabras como fe, paz, amor, esperanza, pero carentes de significado, carentes de sentido. Y claro, tenías fe, esperanza, dos por uno, 40% de descuento, evidentemente tiene que ver con lo comercial. La Navidad realmente en esta etapa se ha convertido en una palabra clave del marketing.

En estos días miraba una noticia que no me sorprendía, pero que era interesante. En un municipio de Francia, en una ciudad de Francia, habían decretado cambiar el nombre Navidad o Natividad por creatividad y celebrar igual la fiesta, pero quitándole todo arraigo o conexión con el cristianismo. Porque como decía hoy, la Navidad es, en esencia, no es la celebración de la familia, no es la celebración del encuentro, es la celebración de Cristo, de Jesús. Y por lo tanto, es importante mantener siempre la Escritura como el centro de por qué celebramos algo como la Navidad, cuando en realidad sabemos que no hay un mandamiento a celebrar la Navidad, sabemos que Jesucristo no nació un 25 de diciembre, y tenemos, bueno, eso es para otro estudio bíblico, ¿no?

Pero el punto es recordar la obra de Cristo como cada domingo hacemos. Pocos celebran a Jesús, la mayoría celebra conceptos abstractos de paz, fe, esperanza, gratitud. La pregunta siempre con la gratitud es ¿a quién la gratitud? ¿no? A la vida, al universo, ¿a quién? La Navidad es una fe cristiana. Aunque en nuestros días esa palabra Navidad se haya convertido en un hashtag, se haya convertido en una etiqueta viral para las redes sociales, para las publicaciones de fotos, incluso las empresas más ateas publican deseando felicidades en esta época. Es interesante que la palabra viral que usamos cotidianamente en realidad históricamente tiene un marco de la salud, porque tiene que ver con un virus de propagación rápida entre las multitudes.

Muchas veces escuchamos al doctor decir es una enfermedad viral, y entonces quiere decir que está propagándose, contagiando a muchos. Y hoy en día se ha apropiado esa palabra para hablar de los contenidos que se publican en internet y en las redes sociales. Las palabras, las personas buscan que lo que ellos publican sea viral, es decir, se propague rápidamente entre las multitudes. ¿Y qué hay detrás de todo eso? ¿Qué hay detrás de todo este marketing sobre la Navidad, sobre las redes sociales? Realmente hay un fuerte deseo de sobresalir. Hay un deseo en el corazón de reconocimiento, de valor por medio de la aprobación y la aceptación de otros.

Que otros me den me gusta, que otros aprueben y acepten mi vida, lo que como, donde voy, con quien me junto. Se ha comprobado largamente que las redes sociales se convierten, en la mayoría de los casos, en una gran fuente de desánimo y depresión para las personas. Porque empiezan a compararse con otros, a compararse con las fotos editadas de otras personas que no reflejan la realidad. La gran mayoría de las publicaciones tienen poca me gusta o poca interacción. Y es bien estudiado la insatisfacción que producen, el desánimo y la ansiedad, sobre todo en los jóvenes. Por eso vemos, y sin duda si has usado alguna vez las redes sociales, y probablemente todos acá usan al menos una red social.

Cuando una persona hace algo que es catalogado como viral, el resto de las personas empiezan a copiar lo mismo que hizo esa persona para ver si tienen la misma respuesta. Y el ciclo continúa sin fin. ¿Cuál es el motor detrás de todo eso? El motor detrás de todo eso es el egoísmo y la vanagloria en los corazones. El egoísmo y la vanagloria es lo que mueve y sostiene a muchas compañías que se dedican a las redes sociales. Se aprovechan de la competencia entre los usuarios para ver quién es más sobresaliente y mientras tanto venden publicidad y ganan dinero. Como mencionaba, los shoppings están repletos de promociones, anuncios, publicidades, animando a las personas a sacar la mejor versión de ellas si tan solo adquieren este producto.

O desafiando a las personas a amar tanto a su familia que les compre el último celular en el mercado. La vanagloria está en la orden del día y el egocentrismo humano también. Más allá de este aspecto, esto incluye cualquier área de nuestro mundo y cualquier área de nuestra vida. ¿Por qué? Porque el egoísmo y la vanagloria están en algo que nosotros llevamos cotidianamente a todos lados, y no hablo del celular, sino de nuestro corazón. El egoísmo y la vanagloria están en nuestros corazones. En el ambiente de trabajo, en el estudio, en la familia, en la iglesia, podemos ver divisiones y conflictos que nacen del egoísmo y la autopromoción.

Personas que para ascender en un puesto laboral sacrifican a su familia, su salud, su bienestar, se ponen primeros ellos y sus intereses. Personas que se aprovechan de su cónyuge para su propio bienestar, usándolos para servirse a sí mismos sin importar sus necesidades. Y cuando se cansa, lo desecha y lo cambia. Padres que consideran una pérdida de tiempo ocuparse de los intereses de sus hijos porque compite con el tiempo que quieren dedicarle a sus propias metas. Y vemos muchos hijos que crecen lastimados por la ausencia de sus padres. Y pudiera seguir dando una larga lista de ejemplos de las consecuencias del pecado en nosotros.

Vivimos en una sociedad rota por el pecado y nadie está exento de eso. Ahora la pregunta es, ¿qué tiene que ver todo eso con la Navidad? Bueno, ahora vamos a ver eso. Porque creo que este sermón que vamos a ver tiene que ver con la Navidad aplicada. La Navidad aplicada. No la Navidad en concepto, no la Navidad simplemente en información, sino la Navidad aplicada en la vida cotidiana y con un gran ejemplo al cual debemos seguir. Entonces la pregunta es, en medio de una sociedad corrupta por el egoísmo, por la vanagloria, ¿qué debemos hacer vos y yo? ¿Cuál es la solución? ¿Cómo se hace frente a este problema?

Bueno, quiero que veamos en nuestro texto, en Filipenses capítulo 2, donde Pablo le pide a los hermanos de la iglesia de Filipos que vivan de otra manera a la manera de Dios. Y vamos a leer capítulo 2 desde el versículo 1 al 11. Filipenses 2 desde 1 al 11 dice, por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión en el Espíritu, si hay algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en el Espíritu, dedicados a un mismo propósito. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considera al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.

Haya pues en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y hallándose en forma de hombre, se humilló el mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte del cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Navidad aplicada. ¿Cómo vivimos a la luz de lo que Cristo hizo a través de su nacimiento? Este pasaje nos da una perspectiva más del detrás de escena de lo que ocurrió esa noche en el pesebre. ¿Qué estaba ocurriendo ahí? Bien, si ustedes conocen la carta a los filipenses y un poco de la historia bíblica, Filipenses es una iglesia que alegra el corazón de Pablo, es una de las iglesias que lo ponen feliz a Pablo. Él estaba preso en Roma, su primer encarcelamiento romano, y la iglesia de Filipos tenía una característica que se preocupaba por las necesidades del apóstol. En el tiempo del apóstol Pablo, en Roma, si no te acercaban alimento diariamente a la cárcel, no comías y por ende no vivías largo tiempo.

Entonces, si estabas preso, era clave contar con la caridad de personas afuera, para que puedan sustentarte en medio de tu calamidad. El apóstol Pablo está preso y la iglesia de Filipos envía una ofrenda para el sustento de Pablo. Pablo está alegre y gozoso y la carta a Filipenses es la respuesta a esta iglesia por causa de su amor fraterno en el Evangelio, pero Pablo está preocupado por otra cosa. En la iglesia de Filipos hay problemas internos de unidad y problemas internos de amor entre los miembros. Se evidencian divisiones y enfrentamientos. Y lo que Pablo hace a través de su carta también es abordar estas cuestiones con una exhortación clara y firme a la unidad y a la humildad, recordándoles la importancia de estos valores a la luz del Evangelio.

Por lo tanto, ¿cómo respondemos como cristianos al egoísmo y a la vanagloria? Y ese es mi primer punto. Versículo 1 al 4, somos llamados a la unidad y la humildad. ¿Qué quiere Dios? ¿Qué debemos hacer? Fácil, vivir en unidad y en humildad. O sea, fácil de entender. Vivir en unidad y en humildad entre nosotros. Pablo lo aborda en dos partes. Primero la unidad, luego la humildad. Y si ustedes miran el texto, inicia con algunas declaraciones retóricas, preguntas retóricas que implícitamente tienen una respuesta afirmativa. ¿Hay algún consuelo de amor? ¿Hay alguna comunión del Espíritu? ¿Hay algún afecto y compasión en Cristo?

¿Cuál es la respuesta? Sí, la respuesta implícita a cada una de esas preguntas, y que los filipenses saben bien, es positiva. ¿Hay consuelo de amor? ¿Tienen ustedes comunión en el Espíritu? ¿Tienen afecto y compasión? Claro que sí. Todas estas cosas las tenemos por medio de Cristo, y son nuestras por medio de la salvación y la unidad en el Espíritu. Son preguntas que Pablo coloca por lo que él va a continuación a decir. Es una manera de, como uno va a hablarle a su hijito acerca de algo, y le dice, ¿papá te ama? Sí. ¿Vos amas a papá? Sí. Entonces, obedece lo que te estoy diciendo, ¿no? Son preguntas prácticas, porque Pablo quiere hacer un punto de implicación, de aplicación acerca de estas cosas.

¿Cómo deben verse esas verdades en la vida de la iglesia de Filipo? A continuación, entonces, Pablo le dice, si estas cosas todas son ciertas, versículo 2, hagan completo mi gozo, siendo de un mismo sentir, o para que sean de un mismo sentir. Depende de la traducción. Si todo lo anterior es cierto, la pregunta implícita es, ¿por qué no están viviendo en un mismo sentir como hermanos de la iglesia local? Nuevamente, hay problemas de unidad, hay enfrentamientos, hay divisiones, hay conflictos, hay desunión entre los hermanos, y eso no debería ser así. No es obvio que si tenemos la unidad y la comunión en Cristo, eso debería haberse reflejado en nuestras relaciones como hermanos de una misma congregación.

Bueno, eso debería ser de esa manera. Nuevamente, es claro lo que debe ser. Deben vivir en unidad. ¿Por qué? Porque ya son uno en Cristo. Esa es la tesis de Efesios capítulo 4 y 5. ¿Por qué vivimos en unidad? Porque ya somos uno en Cristo. Un mismo Señor, un mismo fe, un mismo autismo, un mismo espíritu, etc. Y entonces, ¿cómo luce el vivir esa unidad? ¿Cómo luce el tener el mismo sentir? Bien, las cosas que sigue diciendo Pablo. Conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. La voluntad divina es que vivamos unidos como hijos de Dios. Compartiendo como hermanos en Cristo un mismo sentir y un mismo propósito.

Se nos llama a trabajar juntos por el Evangelio. A fomentar la transformación de nuestros corazones y del corazón de mi hermano. Fomentando el discipulado. Alentándonos mutuamente. Evitando los chismes, las murmuraciones, las divisiones. Y haciendo todo un servicio mutuo y gozoso para la gloria de Dios. Esa es la voluntad de Dios para los creyentes. Y es lo que Pablo está compartiendo con la iglesia de Filipo. Una exhortación a vivir en unidad. Porque ya son una unidad en Cristo. Pablo repite esto en Romanos capítulo 12, versículo 16. Cuando él dice lo siguiente, y cito. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes.

No sean sabios en su propia opinión. Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de los hombres. Y si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estar en paz con todos. Fin de la cita. Esto lo vemos claro en Filipos. Porque en Filipenses 4.2 tenemos algo muy directo. Pablo sale de lo general y va específicamente a dos hermanas que están en conflicto dentro de la iglesia. Evodia y Sintike. Y Pablo dice, ruego a Evodia y a Sintike que vivan en armonía en el Señor. Nuevamente, apliquen el Evangelio. Apliquen la unidad que tienen en Cristo. Vivan en la iglesia en unidad. Pero la unidad no es posible si no practicamos lo segundo que Pablo llama a los cristianos a vivir.

Y es en humildad. Unidad y humildad. El texto nos dice que con una actitud humilde, cada uno de ustedes considera al otro como más importante que sí mismo y velando por los intereses de los demás. La real academia española la define virtud que consiste en el reconocimiento de las propias limitaciones y debilidades en obrar de acuerdo con este conocimiento. Entonces, reconocer quién soy, mis limitaciones, mis debilidades ante los demás. Algo que nos ayuda siempre a definir una palabra es ver cuáles son sus sinónimos y sus antónimos. Los sinónimos de humildad son la modestia, la sencillez, el recato o la moderación.

Y los antónimos son la soberbia, la vanidad, la arrogancia, la altanería y la altivez. Por lo tanto, la humildad tiene que ver con reconocer quién soy verdaderamente ante Dios y ante otros. La pregunta es si tenemos ese conocimiento. ¿Quién sos? ¿Quién sos ante Dios y ante tus hermanos? La respuesta correcta bíblica es que somos pecadores. Pecadores que por causa de nuestro pecado y ofender al Dios del cielo merecemos, ¿qué? El castigo del infierno. Es la realidad. La paga del pecado es la muerte y por cuanto todos pecaron, fueron destituidos de la gloria de Dios. No hay uno que busque a Dios, no hay nadie que entienda que haga lo bueno.

Todos se han corrompido y en ese todos estamos vos y yo. Somos pecadores que merecen el infierno, pero no termina ahí, sino que nuestro Dios lleno de misericordia y gracia nos perdonó en Cristo. Si estamos en Cristo, nos han perdonado. Y eso nos ayuda a tener un correcto entendimiento de quiénes somos. Si nosotros miramos qué somos en esencia y lo que Dios ha hecho por nosotros, entonces es fácil responder las siguientes preguntas. ¿Soy yo más digno que Dios? Jamás. No hay un negativo tan grande como para decirlo. Nunca, jamás, no, jamás, no. ¿Soy mejor que mi hermano? No, somos pecadores perdonados, ambos estamos bajo la misma gracia de Dios.

¿Soy más digno que mi hermano? Tampoco. ¿Valgo menos que mi hermano? ¿Soy inferior a mi hermano? Tampoco, porque eres igual de pecador que vos y recibió la misma gracia que vos. ¿Sos peor que tu vecino? Tampoco. Porque él es así de pecador con vos y todo lo que sos es por medio de la gracia de Dios. Nuevamente, nos llama a reconocer nuestro lugar. Dios nos llama a servir a mis hermanos con sacrificio y desinterés, considerando sus intereses y sirviéndoles, considerándolos más importantes que yo mismo. Y es interesante, la humildad tiene que ver con eso, con reconocer quién soy delante de Dios.

No quién creo ser, no quién me gustaría que otros piensen que soy, sino quién verdaderamente soy delante de Dios. Y si sos consciente de tus pecados, como creo que por la gracia de Dios soy consciente de mis pecados, yo sé cuán pecador soy. Si uno mira en la Escritura, uno diría, el apóstol Pablo después de Jesucristo es el hombre más piadoso que uno puede ver en el Nuevo Testamento. Sin embargo, Pablo dijo, yo soy el más grande de todos los pecadores. La pregunta es, ¿Pablo pecó más que vos o pecó más que yo? No, no es el punto. El punto es, ¿a qué pecador conoces más? A vos mismo, ¿verdad? Y por lo tanto, si realmente te conoces con honestidad, sabes lo pecador que sos.

Sabes cómo son tus pecados en pensamientos, en deseos, en acciones, en palabras, en silencios, en omisiones, en cada aspecto de tu vida. Y eso te da una buena dosis de humildad. Porque, ¿cómo me voy a considerar mejor que mi hermano si yo sé que soy más pecador que mi hermano? ¿Por qué? Porque me conozco más a mí que a él. Entonces, Dios nos llama a cada uno de nosotros a tener humildad. No podemos vivir en unidad si yo estoy considerando que soy mejor que mi hermano. No podemos vivir en unidad si yo considero a otro inferior a mí o a mí mismo inferior a los demás. No puede haber unidad en ese caso.

Unidad solo puede haber cuando entendemos en la humildad del Espíritu quiénes somos delante de Dios y que cada uno de nosotros está alabado si estás en Cristo por la misma sangre. Ninguno de nosotros tiene un peldaño más cerca del trono de la gracia que el otro. Y eso es una bendición. Porque delante de Dios, seas pastor o hayas llegado ayer al Evangelio, somos bañados por la misma gracia y hemos recibido el mismo amor. Y vamos a llegar al cielo solamente por la gracia de Cristo. Ahora, es interesante que Pablo menciona que consideremos al otro como más importante. No acabamos de hablar de que la humildad tiene que ver con reconocer que todos estamos offside de la gracia de Dios.

Y el punto es este. Si cada uno de nosotros, si cada uno de la iglesia bíblica de Avellaneda, considera a su hermano o hermana más importante que sí mismo y busca velar por los intereses de su hermano, entonces, ¿qué dinámica se construiría en la iglesia local? Habría una sana y amorosa competencia de cómo puedo servir más y mejor a otros. Y por lo tanto, no solamente sería dar hacia otros, sino recibir de otros servicio y amor. Pero no puede ocurrir eso si no hay humildad. Si yo pienso que yo merezco más que el hermano, no voy a estar dispuesto a servir a ese hermano. Por lo tanto, la unidad va de la mano con la humildad.

San Agustín dijo lo siguiente. Si me preguntan cuál es el camino que conduce al conocimiento de la verdad, ¿qué cosa es la más esencial en la religión de Jesucristo? Y les responderé. Lo primero es la humildad. Lo segundo es la humildad. Y lo tercero es la humildad. Y cada vez que me hagan la misma pregunta, les daré la misma respuesta. Fin de la cita. Agustín consideraba la humildad como algo esencial. Ahora, piensen que el texto no está diciendo que yo no debo velar por mis intereses. El texto no está diciendo eso. Yo debo velar por mis intereses, pero la Biblia me pide que no solamente vele por los míos.

Ese es el problema. No está mal velar por nuestras necesidades y nuestros intereses. Si no, se nos caería el techo de la casa y no habría alimento en nuestras casas ni nada por el estilo. No, no. El texto nos está diciendo que no solo debo velar por mis intereses, sino también por los intereses de los demás. Entonces, no debo solamente preocuparme por mis necesidades, sino por las necesidades de los demás. Si solo velo por mis intereses, ¿cómo puedo velar por los intereses de mi hermano? Si solo me preocupo por mis necesidades, ¿cómo puedo preocuparme por las necesidades de mi hermano? Si solo me ayudo a mí mismo en lo que yo necesito, ¿cómo puedo extender esa ayuda a mi hermano?

Hermanos, lo que Dios nos pide es que vivamos en humildad y en unidad. Que vivamos en humildad y en unidad. Nosotros pudiéramos terminar el sermón acá y decir, hermanos, debemos vivir en humildad y en unidad y todos dirían, amén, vayamos y vivamos cada momento en humildad y en unidad. El problema es uno, no podemos hacerlo. No podemos hacerlo. Ninguno de nosotros puede ir de acá y vivir una vida en completa humildad, en completa unidad, por más bueno que haya sido el sermón o más malo que haya sido el sermón. No podés. Aunque lo intentes y aunque te esfuerces, no vas a poder. ¿Por qué? Porque hay algo que mora en vos y yo.

Y que no importa cuántos años tengas de cristiano. Está ahí. Se llama pecado. Específicamente en nuestro texto hay dos palabras que el apóstol Pablo menciona que son fáciles de que nosotros hagamos cosas por esas dos razones. por causa de nuestro pecado. Y se encuentra en el versículo 3. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria. ¿Por qué vos y yo no podemos simplemente salir de hoy de acá y decir voy a vivir en completa humildad y en completa unidad? ¿Por qué? Porque en tu corazón y en mi corazón existe el egoísmo y la vanagloria. Y esos son obstáculos para vivir en unidad y en humildad. Esos son tropiezos para vivir en humildad y en unidad.

El egoísmo se refleja en que solo buscamos nuestros propios intereses. Simplemente deberíamos mirar, ni siquiera pensemos en todo el año 2023. Mirá la última semana de tu vida. El egoísmo, el egocentrismo, el centrarnos en el yo, en mi persona, es nuestra naturaleza inicial, por defecto, como hombres pecadores. El egoísmo nos lleva a usar a las personas porque estamos interesados en nuestras propias metas y entonces los demás se convierten en algo que yo uso para lograr mis objetivos. Esa es la mera raíz del egoísmo. Todo se centra en mí, en mí y en mí. Nunca voy a olvidar esa conversación que una vez tuve con una persona que me dijo hay tres personas que son las más importantes de mi vida y que las decisiones las tomo en función de eso.

La primera persona, yo. La segunda persona, yo. La tercera persona, yo. Eso es. Eso es lo que hay en tu corazón y en mi corazón. El egoísmo que tenemos por causa de nuestro pecado. Porque si bien fuimos libres de la pena del pecado y si bien somos siendo libres del poder del pecado y en el futuro seremos libres de la presencia definitiva del pecado, aún mora el pecado en vos y en mí. Y el egoísmo también. Está en tu corazón. Cuando hago cosas por egoísmo es fácil de detectar porque el propósito y el principal beneficiado soy yo. Quiero más personas en mi grupo pequeño porque quiero sobresalir como un líder pero no estoy interesado en el crecimiento espiritual de esas personas.

Quiero una esposa que me respete públicamente pero no estoy interesado en buscar corresponder ese respeto con amor sacrificial. Ese egoísmo. Quiero obedecer a mis padres para obtener algo de ellos pero no estoy buscando honrarlos sincera y desinteresadamente. Quiero hacer las cosas que le agradan al pastor para que me tenga en cuenta para algún servicio. Pero no estoy sirviendo desinteresadamente para la gloria de Dios. Y créanme que pudiéramos seguir con una lista muy, muy, muy, muy larga de cuando hacemos las cosas para nuestro propio beneficio y pensando solamente nosotros mismos. Somos egoístas por naturaleza.

Cuanto más rápido reconozcamos eso mejor vamos a poder luchar contra ese pecado. Tenemos objetivos para nuestras vidas y las personas se convierten en herramientas necesarias para lograr eso. Fácil de detectar. ¿Cómo se ve una persona sumamente egoísta? Si los demás no hacen lo que yo quiero, me enojo. Si hacen lo que yo quiero, los recompenso. Y si ya no me sirven, los saco de mi vida. Tres aspectos. El egoísta se crea su propio reino en el cual él es el rey que tiene que salir beneficiado y cuando las personas alrededor de él no hacen lo que él está queriendo, los castiga. ¿Y cuál es ese castigo?

El enojo, el silencio, la apatía, la indiferencia. Alguien dijo que lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia. Hacer que la otra persona no exista. Pensar que la otra persona no existe. Pero si hacen lo que yo quiero, es decir, si se convierten en mis vasallos para lograr mis objetivos, entonces hay recompensas. Hay recompensas. Pero si ya no me sirven, los saco de mi vida. Esa es la manera en que el mundo funciona. Y si no nos damos cuenta, es la manera en que nosotros podemos estar funcionando como cristianos. El egoísmo no solo nos lleva a usar a las personas, sino también a Dios para nuestros propios intereses.

Somos parte de una iglesia porque queremos estar bien con Dios, queremos estar bien con Dios, porque queremos obtener cosas de Dios, y entonces estamos intentando hacer un truque con Dios entre nuestra obediencia superficial, sus bendiciones, y finalmente, ¿quién está en el centro de todo eso? Yo. Solamente yo. Nuestro corazón es sumamente egoísta. Sumamente egoísta. Pero no solamente egoísta, sino vanaglorioso. La vanagloria es una gloria vacía. Es la gloria superficial de los hombres. Es como el algodón de azúcar. Vengo de... No se lo pone en la boca y parece que no entró nada, ¿no? Porque se deshace.

Así es la vanagloria de los hombres. Y encontramos la vanagloria en nuestras vidas cuando buscamos nuestra propia auto-exaltación. Podemos estar viviendo como cristianos vanagloriosamente, usando el ministerio, la iglesia, nuestro rol, nuestro servicio, nuestro lugar, para nuestra propia satisfacción y reconocimiento personal. ¡Qué bien que enseña el hermano! ¡Qué bien que predica! ¡Qué bien que administra en la iglesia! ¡Qué bien que atiende la puerta! ¡Qué bien que barre! ¡Qué bien que ora! ¡Qué bien que toca en la alabanza! ¡Qué bien! Cuando nosotros hacemos cualquier cosa buscando ser reconocidos, ahí estamos cayendo en la vanagloria y robándole la gloria al único que la merece en medio de su pueblo y es Cristo.

El problema no es que ahora los hermanos de la música van a tocar mal para que los demás no le digan ¡qué bien que bien que tocaste! Sino que el problema está en el corazón de cada uno de nosotros. Cuando yo hago las cosas para el reconocimiento de los hombres, para buscar el aplauso, la aprobación, la aceptación de otros, cuando me congrego solamente para que el otro hermano se ponga contento de que yo estoy ahí, cuando hago cualquier cosa solamente pensando horizontalmente, ¡estoy siendo vanaglorioso! ¡estoy siendo un ladrón de la gloria de Dios! Y Jesús lo advirtió porque había ciertos personajes en el tiempo de Cristo que Jesús usó vez tras vez para mostrarnos el ejemplo de esto, los fariseos.

Los fariseos eran personas que buscaban la gloria de los hombres y Jesús dijo en Mateo 6.1 y lo leo en la versión NTB ¡tengan cuidado! No hagan sus buenas acciones en público para que los demás lo admiren porque perderán la recompensa de su Padre que está en el cielo. ¿Por qué hacían las cosas que hacían los fariseos? Porque les encantaba que la gente los admire, les encantaba que la gente los aplauda, llamar la atención de las personas como hombres piadosos, si yo procuro predicar para que luego Esteban me diga ¡hermano, qué bien predicaste! Y yo digo ¡amén, hermano! Y bueno, me voy con la gloria vana que me dio Esteban, Dios me dice ¡ahí tenés tu recompensa!

Si vos hiciste lo que hiciste porque querías que Esteban te diera gloria y te alabara y te aplaudiera por lo que hiciste y esa era la recompensa que buscabas, Dios dice ¡ya la tenés! no vas a recibir nada de mi parte. Y pongo ese ejemplo, pero cada uno aplíqueselo a su propia vida. Cuando yo hago algo, no importa qué, para ser visto por otros, para ser visto por los ojos de los hombres, porque busco una recompensa de esos ojos, me olvido que hay otros ojos que todo el tiempo me ven, cuya recompensa es eterna. Y cuando busco la recompensa de los hombres, lo que en realidad estoy haciendo es buscar la vanagloria de esta vida.

Haciéndolo, pero como cristiano. Andrew Murray en su libro sobre la humildad habla de los fariseos y dice que el orgullo puede levantar su cabeza aún en el templo de Dios. Y hacer de la adoración a Dios la escena de su propia exaltación. Y eso es lo que hacían los fariseos. Recordarán la escena que Jesús narra del fariseo y el publicano en el templo. Y como el fariseo levantando sus brazos al cielo decía gracias Dios porque no soy como él. Porque yo hago, yo hago, yo hago, yo hago. Mientras el publicano golpeaba su pecho y decía sé propicio a mi pecado. Y Jesús dijo, ¿quién se fue justificado a su casa?

¿Por qué? Porque hacer las cosas para el ojo de los hombres es terriblemente desolador porque nos perdemos cualquier recompensa del Padre. Incluso la falsa humildad es una forma de vanangloria disfrazada. Porque quiero ser reconocido por mi humildad aparente y que otros me consideren más piadoso de lo que realmente soy. Andrew Murray dice sobre lo siguiente es en los momentos en que no estamos conscientes de nuestro comportamiento cuando realmente mostramos y vemos quiénes realmente somos. Para conocer al hombre humilde, para conocer realmente cómo el hombre humilde se comporta, lo debemos seguir en el curso ordinario de nuestro diario vivir.

Fin de la cita. Hermanos, cualquier persona, por más pecadora y terrible que sea en este mundo, puede comportarse bien durante un culto. Puede cantar y aprenderse las letras y levantar las manos y llorar y hacer todas esas cosas. El hombre verdaderamente humilde se ve en su vida cotidiana, en su hogar, en su familia, en su trabajo, cuando nadie lo ve, cuando está solo, ¿Cómo somos cuando nadie nos ve? ¿Cómo somos? Hermanos, ven que no podemos vivir en unidad y en humildad. Porque aún ahora que estamos en Cristo, vos y yo, si no, a menos que te estés mintiendo desde que yo empecé a predicar, si estás dialogando con tu propio corazón sinceramente, te has visto falto en un montón de cosas, como yo.

Y doblemente porque prediqué esta mañana este sermón, así que doblemente falto. Recuerdo un momento en mi vida años atrás donde el Señor me confrontó con una verdad que jamás pensé que iba a aplicar esa palabra conmigo y era egoísta. Tuve una dosis de realidad de cuán egoísta era yo. Cuando pensaba que era piadoso, cuando pensaba que era un buen cristiano, años atrás me di cuenta lo egoísta que era con mi esposa, con mis hijas, con mi familia, usando todo para mis propios objetivos, beneficios, aún cuando eran cristianizados. Y tuve que pedir perdón al Señor. Y desde ese día, al menos lo que veo es que todavía el egoísmo siempre está ahí, golpeando la puerta, como le dijo Dios acá ahí.

Siempre está en nuestros corazones. Y por lo tanto la realidad es que por nuestras propias fuerzas lo único que merecemos es el infierno. Porque por más que nos esforcemos, el egoísmo va a estar ahí. Por más que nos esforcemos, la vanagloria va a estar ahí. Necesitamos un Salvador. Ahí está la buena noticia del Evangelio. La buena noticia del Evangelio es que lo que nosotros no podemos hacer, Jesús lo hizo. Esa es la buena noticia. Que la vida de humildad, de unidad, de obediencia, que vos y yo no podemos vivir jamás, Jesús lo hizo. Jesús lo vivió. Y de hecho es lo que Pablo tiene en mente. Porque Pablo le da a los filipenses el mayor ejemplo de humildad que jamás haya existido.

Y es el ejemplo de Cristo. Y ese es el segundo punto. El ejemplo humilde de Cristo, versículo 5 al 8. Haya en ustedes la actitud que hubo primero en Cristo Jesús. Haya esta actitud en ustedes. El mayor ejemplo de lo que significa humillarse a sí mismo y considerar a los demás es Cristo. Hay tres cosas que quiero que veamos en esta sección. La primera es la actitud de Jesús. ¿Cuál es la actitud de Cristo? La actitud de que él no consideró el ser igual a Dios como algo a lo cual aferrarse por miedo a perderlo. Él no consideró el ser igual a Dios como una posición para sacar ventaja de su condición divina.

Porque hermanos, nuevamente, Jesús, es decir, la segunda persona de la Trinidad, el eterno Hijo de Dios, tenía necesidad de algo. Tenía la necesidad de rescatarnos para tener más personas que le adoren como si necesitara de adoración. Por eso la actitud de Jesús es un gran ejemplo. Su actitud humilde y obediente ante Dios. No quedándose en el lugar de la gloria y la majestad, pudiendo haberlo hecho. Sino que no considerando el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Comentarista Stephen Runch dice lo siguiente. La implicancia es que si Jesús estuvo dispuesto a dejar de lado sus propios derechos en obediencia a los propósitos del Padre, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?

¿Por qué nosotros no podemos tener su mismo sentir y considerar a otros más importantes que a sí mismos? Fin de la cita. ¿Ven cómo Pablo les pide a los filipenses que vivan en unidad y en humildad, pero les muestra el ejemplo de aquel que pudo alcanzar eso de manera perfecta? ¿Y qué es la justicia del creyente? Es Cristo. Hermanos, cuando pensamos en eso que Jesús no consideró y dónde Jesús fue a parar en su misión en la tierra, estamos hablando de las distancias más remotas que jamás han existido. No estamos pensando simplemente en que Dios se hizo hombre. El texto no nos plantea solamente que Dios se hizo hombre, sino que nos muestra una distancia entre el Dios que es infinitamente majestuoso y glorioso, adorado por las creaciones angelicales de día y noche que evita el lugar de luz inaccesible.

Nos dice que en la eternidad del Padre, el Hijo y el Espíritu planearon nuestra salvación y que el Hijo decidió el no considerar el ser igual a Dios, su posición de gloria y majestad como algo a que aferrarse, sino que se humilló para la salvación tuya y mía. ¿Y de qué manera lo hizo Jesús? Bueno, dos palabras a destacar, la humildad y la obediencia de Cristo. Su humildad se despojó a sí mismo, se despojó a sí mismo. Y eso lo conocemos como el milagro de la encarnación. ¿De qué se trata la Navidad? De la encarnación de Cristo. Se trata de que Dios el Hijo se despojó a sí mismo. Nadie lo despojó.

Interesante el lenguaje. Se despojó a sí mismo. Él mismo se despojó. Jesús dijo en otra oportunidad, yo doy mi vida. A mí nadie me quita la vida. Yo doy mi vida para luego volverla a tomar. Tengo autoridad para hacer eso. Jesús se despojó. El Hijo Eterno se despojó a sí mismo. Juan nos da el testimonio de que en el principio, en el principio de todas las cosas, ya existía el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne. Nos dice más adelante Juan. Y habitó entre nosotros y vimos su gloria. El Verbo se hizo carne. Y esto es importante hacer una diferencia. No es el Padre que se hizo carne, no es el Espíritu que se hizo carne, es el Verbo, el Hijo, la Palabra que se encarnó.

Jesús dijo, porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Juan 6, 38. Gálatas 4, 4. Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo. Nacido de mujer, nacido bajo la ley. Jesús se despojó, tomando forma de siervo, en griego, dulos, esclavo, tomando forma de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Ya no forma de Dios, sino forma de esclavo. La idea es que el Hijo se despojó de la majestad gloriosa de su posición para humillarse entrando en lo terrenal y temporal de la naturaleza humana. No dejó de ser Dios, pero se despojó de la gloria que tenía con el Padre en la eternidad para venir a ser nuestro sustituto y representante.

Esa es la distancia más grande entre una majestad infinita y una esclavitud voluntaria. Una majestad infinita y una esclavitud voluntaria. Una sumisión a la esclavitud. Esa es la palabra siervo del texto. Dice Matthew Henry al respecto, alguien puede despojarse de su forma, pero no de su naturaleza. ¿Cuál es esta forma de Dios? La majestad imponente, soberana, que de su infinita trascendencia divina emana. A esta forma gloriosa renunció el Señor de la gloria. Bien mirado, no fue un milagro el que Jesucristo apareciese glorioso durante unos pocos minutos en la transfiguración, sino el que apareciera sencillamente como un hombre que dice la verdad durante más de 30 años en su vida mortal sin la majestad imponente del Dios del Sinaí.

Fin de la cita. Ese es como el gran milagro que Jesucristo pareciera un hombre más siendo Él el Rey de gloria. Se despojó a sí mismo haciéndose hombre. Pero luego viene otro nivel más de humillación. Dice el texto, se humilló a sí mismo, se entregó haciéndose obediente hasta la muerte y cuando llegó a esa obediencia hasta la muerte descendió aún otra esfera más porque el texto nos dice y a una muerte en particular la muerte de cruz. La humillación de Cristo no es solamente que se hizo hombre sino que en su humanidad fue un siervo obediente al Padre al punto máximo que esa obediencia lo condujo a la muerte porque más humillante y dolorosa murió en la cruz como un criminal. golpeado, agotado y clavado en el madero donde debía hacer fuerza con sus piernas para dar una bocanada de aire y seguir respirando casi desnudo o desnudo todavía debaten los teólogos sobre eso. el punto es que era una humillación digna del peor de los criminales y el más indigno de todos los hombres pero el que estaba padeciendo eso en obediencia era el más excelso en majestad de todo el universo. nadie más glorioso que él sin embargo para rescatar a su pueblo se despojó y se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz.

Esa es la humillación de Cristo. Fíjense si Cristo tuvo en cuenta los intereses de otros en la manera en que lo hizo. Cuando Jesús murió en la cruz le dio un efímero gozo de victoria a sus enemigos pero al tercer día se levantó victorioso de la muerte, invicto para elevarse a las alturas juntamente con el Padre. Ese es el Señor Cristo. Aquel que tuvo una actitud de despojarse y humillarse y no solamente en la eternidad pasada accedió o se ofreció o se entregó a hacerlo sino que llegado el tiempo lo hizo. Llegado el tiempo se humilló llegado el tiempo se despojó llegado el tiempo fue obedientes de la muerte de cruz.

La pregunta es ¿qué hizo el Padre a la luz de eso? Versículos 9 y 11 la exaltación de Cristo. Comentarista dice Dios responde a la auto humillación de Jesús exaltándolo a lo máximo. Fíjense este término Jesús se auto humilló el que es el más glorioso de todos decide auto humillarse y nosotros en nuestro pecado elegimos auto exaltarnos como si mereciéramos esa gloria. Resuenan los ecos del Edén y serán como Dios. Nuestra vanagloria y nuestro egoísmo busca eso de una manera pecaminosa. Todavía tenemos esa pata coja de querer robarle la gloria que le pertenece a Dios. ¿Y cómo responde el Padre a la auto humillación del Hijo?

Dándole el lugar más alto de todos. Lo exaltó hasta lo sumo. Lo exaltó hasta lo sumo. Es decir no hay nada más arriba de eso. Es interesante que no le dio un nombre sobre todos los nombres como si hubiera a otros le dio el nombre que es sobre todo nombre. No hay nadie al lado ni a la izquierda ni a la derecha ni arriba. Él tiene el nombre sobre todo nombre para que toda rodilla se doble. Esa imagen es de respeto de sumisión de adoración es maravilloso como ocurre en las paradojas que tiene el Evangelio. El que se humilla a lo sumo es exaltado hasta lo sumo. El que se vuelve sumiso hasta el fin toda la creación será sumisa a Él.

Toda lengua lo confesará como Señor. Jesús se humilló al Padre y lo exaltó. Jesús obedeció hasta la muerte. La creación le obedecerá a Él. Jesús murió en la cruz y el Padre le dio vida y gloria en lo más alto. Por lo tanto la pregunta es esta. A la luz del Evangelio a la luz del ejemplo de Cristo que vivió la vida que nosotros no podemos vivir que Él fue humilde y obediente de una manera perfecta en toda su vida de tal manera que al estar en Cristo esa justicia nos es otorgada a nosotros por la fe y nuestros pecados fueron otorgados a Cristo en la cruz y Él murió en la cruz pagando la pena de nuestro pecado y haciéndonos libres del pecado ahora en Cristo ¿cómo debemos vivir mediante la fe en Jesús?

¿cómo debemos vivir mediante la fe en Jesús? El punto es que en Cristo podemos vivir en unidad y en humildad en Cristo podemos vivir en unidad y en humildad como cuerpo de Cristo a pesar de nuestras fallas podemos vivir en unidad y en humildad por el poder de su espíritu y siguiendo su ejemplo algunas aplicaciones prácticas acerca de esto al saber que Jesús fue exaltado hasta lo sumo y al saber que cuando Él regrese yo seré glorificado juntamente con Él me hace ver que no debo buscar ninguna vanagloria de este mundo presente no necesito la aprobación o el aplauso de nadie no necesito demostrarle grandeza a nadie no necesito obtener de ningún ser

humano mi sentido de valor e identidad soy libre para vivir en humildad sirviendo a Dios y a otros aunque nunca eso sea reconocido o valorado por ninguno de los hombres fíjense puedo servir a otros aunque nunca jamás nadie lo reconozca porque por un lado Dios sabe lo que hago y Dios ve lo que hago pero por otro lado no necesito ganarme valor no necesito ganarme identidad no necesito ganarme una exaltación porque todo eso ya lo tengo en Cristo ya lo tengo en Cristo hermanos en nuestro servicio al Señor no importa en el área que estemos si sirvieras toda tu vida sacrificialmente amorosamente a tus hermanos

y nunca jamás nadie lo reconociera ni lo valorara de este lado de la gloria lo harías igual lo seguirías haciendo igual porque el hecho de que eso te incomode y te moleste puede ser que en algún grado estemos buscando la vanagloria de la vida que en algún grado estemos buscando el reconocimiento de los hombres que en algún grado estemos buscando un poco de valor horizontalmente pero Dios me dio ya el valor y la identidad por medio de su Hijo y nadie en este mundo me puede dar algo mejor y nadie en este mundo me puede quitar lo que Dios ya me ha dado no importa si nunca jamás nadie valora lo que haces para el Señor no importa si nunca jamás en esta vida seas reconocido por nada sigue fiel sirviendo al Señor porque Él ya te ha dado todo lo que necesitas en Cristo otro punto de aplicación al saber que Jesús se humilló y fue obediente a mi favor y que luego de su muerte Él me dio esa justicia a mí y perdonó mis pecados entonces no debo sentir culpa ni condenación cuando veo mi egoísmo y mi desobediencia cuando cuando durante la predicación me veo egoísta y me veo vanaglorioso y me veo desobediente si estoy en Cristo no debo temer

a la condenación por causa de mi pecado no debo temer a una culpa que me restrinja y me llene de temor delante de Dios porque si en Cristo Él ya murió por mí y vivió por mí y me dio su justicia entonces lo que yo debo hacer cuando estoy escuchando la palabra de Dios es buscar el arrepentimiento confesar mi pecado y recibir una vez más su perdón por medio de la fe somos pecadores si si alguien te mira y te dice sos egoísta si si alguien te mira y te dice sos vanaglorioso si pero Cristo me salvó Cristo murió por mis pecados en la cruz ya esos pecados no me van a condenar jamás soy libre para vivir en obediencia a la palabra de Dios cada día sin miedo a ser condenado cuando falle su gracia es nuestra motivación más poderosa para obedecer el perfecto amor dice Juan echa fuera el temor porque el temor involucra castigo de que habla Juan de la salvación porque no temo al castigo porque estoy en Cristo porque he sido amado y ese perfecto amor ya echa fuera el temor al castigo porque nunca Dios va a castigar una vez más los pecados que ya castigó en su hijo tercero el saber el saber que Jesús dio su vida

por el bienestar de su pueblo incluyéndome a mí sin pensar en su propia exaltación debe llevarme a mí a vivir desinteresadamente sirviendo a mis hermanos en Cristo y a la causa del Evangelio soy libre de tener que buscar mi propia exaltación porque ni siquiera Cristo buscó su propia exaltación la dicha está conforme a las palabras de Jesús que el que pierda su vida por su causa es el único que la hallará es el único que la ganará Dios es glorificado cuando yo ocupo el último lugar el siervo de todos y cómo afecta esto mi día a día cómo debería afectar mi vida cotidiana bueno no debo sacrificar mi familia saludo bienestar espiritual por alcanzar grandes logros personales sean laborales o de estudios porque estamos satisfechos en Cristo no necesitamos los aplausos de nadie somos libres ya no tenemos que andar corriendo tratando de agradar a alguien ya no tenemos que andar corriendo tratando de obtener un nombre una posición ya somos completos en él ya estamos satisfechos en el lugar que Cristo nos ha dado hay alguien en este mundo te pregunto hay alguien en este mundo que pueda darte un lugar para sentarte con Cristo en los lugares celestiales nadie ¿por qué te vas a rebajar a buscar otra clase de gloria? otra clase

de fama temporal otra clase de reconocimiento temporal otra clase de reconocimiento de los hombres otra aplicación es que podemos servir a nuestras familias iglesia trabajo estudios aunque nadie lo reconozca y nadie lo valore nunca más somos libres hermanos somos libres en Cristo ya estamos satisfechos con el incomparable valor de conocer a Jesús Jesús es nuestra recompensa Dios es nuestra recompensa como dice Piper Dios es el evangelio lo más grande que Dios nos da en el evangelio es el mismo y si Jesús llena todas mis necesidades y si Jesús satisface todas mis necesidades entonces soy libre libre para vivir para su gloria libre para servir a

otros aunque no lo aprecien libre para servir a alguien que me menosprecia libre para hacer todo lo que pueda hacer para la gloria de Dios podemos amar y vivir en humildad considerando a otros más importantes ¿por qué? porque Jesús me consideró a mí de esa manera y entregó su vida para rescatarme si algún día pensaste en que necesitas trabajar ganarte la atención el amor de alguien ya tenés toda la atención y el amor de Cristo por lo que Él hizo por vos en la cruz por lo tanto podemos considerar a otros más importantes porque no necesitamos nosotros mismos sentirnos importantes porque ya Cristo lo hizo

por nosotros ahora bien es probable que quizás alguien en este lugar aplique a lo siguiente si Jesús no te ha librado aún de tu pecado si aún Jesús no te ha perdonado de tus pecados eso quiere decir que todavía vives esclavizado al egoísmo y a la vanagloria y seguirás atado a la búsqueda de encontrar satisfacción en cosas que nunca te van a llenar podrás probar con una carrera laboral con una seguridad económica con el disfrute de los placeres en esta vida y te lo aseguro que cuando toques la cima y obtengas todo lo que deseas volverás a estar insatisfecho volverás a tener sed el evangelio nos dice que sólo Jesús puede por medio de su entrega en la cruz hacerte libre de tu ciclo interminable de sed de satisfacción él él es el único que puede darte un agua que calma tu sed para siempre y para beber de esa agua gratuitamente debes arrepentirte de tus pecados y confiar en él como tu salvador sólo Jesús puede llenar todas las necesidades de nuestros corazones y termino con una cita de Andrew Murray en su libro sobre la humildad dice lo siguiente Murray busquemos primero que nada el ser humildes bajo la mano poderosa de Dios él nos exaltará la cruz la muerte y la tumba

con las cuales Jesús se humilló a sí mismo fueron su camino a la gloria de Dios y son ellas mismas nuestro camino dejemos que nuestro único deseo y nuestra más ferviente oración sea ser humildes con él y agradarle aceptemos contentos lo que sea que nos haga humildes ante Dios y los hombres esto es por sí mismo el camino a la gloria de Dios oramos así Señor una vez más queremos pedirte perdón por nuestros pecados por nuestros pecados de egoísmo nuestros pecados de vanagloria nuestra tendencia pecaminosa de querer de querer ser como Dios Señor ayúdanos a ver nuestro pecado danos el arrepentimiento que necesitamos que el

poder de tu espíritu nos ayude a vivir vidas humildes obedientes en unidad de los unos con los otros considerando a todos los demás como más importantes que nosotros mismos empezando por nuestros matrimonios empezando por nuestras familias ayúdanos Señor a ser como Jesús que no concedió el ser igual a Dios como algo que aferrarse sino que se despojó y se humilló a sí mismo Señor forma en nosotros a Cristo haznos humildes cueste lo que cueste Señor envía a nuestras vidas lo que necesitamos para crecer en humildad aunque no nos guste Señor pero queremos ser más como Jesús queremos vivir para tu gloria queremos honrar aquel que

se entregó y murió por nosotros te damos gracias en el nombre de Jesús amén nos quedamos dos minutos en reflexión y oración Gracias.

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El predicador
Enrique Oriolo
Enrique Oriolo Pastor

Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.

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