Prioridades
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No estamos sonando, entre comillas, como quisiéramos. Sabemos que, bueno, acá hay cosas que tengo que ajustar. Y me encanta que, como cristianos, ninguno de nosotros tiene que reinventar la rueda. Nosotros tenemos, por la palabra de Dios, Dios nos ha dado su revelación en la palabra y nos ha dado en la palabra la sabiduría necesaria para ver cada área de nuestra vida y qué afinación requiere, qué tono requiere para sonar al unísono con la voluntad de Dios. Si deseamos resonar con una melodía que glorifique a Dios, entonces debemos ajustar aspectos de nuestras vidas. Las situaciones que enfrentamos cada semana, cada mes, los altibajos pueden ir desafinándonos y necesitamos ajustar.
Por eso quiero que veamos a la luz de la palabra de Dios y este sermón no va a tener un pasaje en particular, sino que va a ser una selección de textos para que podamos afinar y alinear nuestras vidas con las prioridades que Dios desea que tengamos bien ajustadas. Una vida que no maneja bien las prioridades establecidas por Dios es una vida que inevitablemente se encontrará en desorden. Aunque no vamos a caer de la gracia por eso, porque eso es imposible, pero no vamos a estar viviendo una vida abundante ni brillando para la gloria de Aquel que nos amó y se entregó por nosotros. Como primer texto quisiera que veamos Efesios capítulo 5, versículo 15 al 17.
Efesios capítulo 5, verso 15 al 17. Es un texto bastante conocido. El apóstol Pablo se dirige a la iglesia de Efesios y le dice Por tanto, tengan cuidado como andan, no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Así pues, no sean necios si no entiendan cuál es la voluntad del Señor. Una realidad es que el uso de nuestro tiempo refleja nuestras prioridades y también refleja si estamos obrando sabiamente o neciamente. La voluntad de Dios es que aprovechemos bien el tiempo porque los días son malos. En la luz de esa última frase, el pastor MacArthur dice lo siguiente Debemos aprovechar al máximo nuestras oportunidades no solo porque nuestros días están contados, sino porque el mundo siempre se opone a nosotros y procura estorbar nuestra obra para el Señor.
Tenemos poco tiempo y mucha oposición. Puesto que los días son malos, nuestras oportunidades para hacer justicia con libertad se limitan muchas veces. Cuando tenemos oportunidad de hacer algo por causa de su nombre y para su gloria, lo debemos hacer con todo lo que tenemos. El corazón de Dios debe romperse al ver a sus hijos ignorar o aprovechar a medias oportunidades tras oportunidades que les envía todo el tiempo. Cada momento de cada día debería estar lleno de cosas buenas, cosas justas y cosas que glorifiquen al Señor. Fin de la cita. Todos en este lugar tenemos algo en común. Ninguno de nosotros tiene más tiempo que el otro.
Todos tenemos 24 horas por día. Eso es una realidad. Dios nos ha dado la misma cantidad de tiempo para que nosotros lo usemos a ese tiempo conforme a nuestras prioridades. Y esas prioridades pueden reflejar las prioridades que Dios quiere en su palabra o no. Todos nosotros tomamos decisiones con el uso de nuestro tiempo y esas decisiones van a reflejar o no si hay un compromiso con la palabra de Dios. Cuando alguien dice esa frase tan famosa es no tengo tiempo, la realidad no es que no tiene tiempo, sino que ha decidido utilizar ese tiempo para cosas que son prioridades en su vida. Y esas prioridades pueden o no ser prioridades correctas a la luz de la palabra de Dios.
Por ejemplo, frecuentemente observamos situaciones como esta. Alguien busca ascender en su trabajo y aprovecha cada oportunidad para hacer horas extras trabajando en feriados y domingos. Sin embargo, no se percata de cómo esto está afectando su matrimonio, la relación con sus hijos, su compromiso con la iglesia local y su comunión con Dios. Inevitablemente, estas áreas importantes quedaron relegadas a un segundo plan. Porque hay otra prioridad. Hay quienes anhelan servir al Señor con su vida y se involucran en todas las actividades de la iglesia local, participando en todos los ministerios y en los grupos pequeños.
Siempre están disponibles para la iglesia, pero no para su cónyuge y sus hijos. Eso también muestra un desorden de prioridades. Otros argumentan que deben estudiar y por lo tanto no congregan, no sirven en su iglesia, no hacen discípulos y no se unen a un grupo pequeño. También está el caso de que la familia o las obligaciones familiares consumen tanto tiempo que no queda espacio para el Señor ni para la iglesia. La vida gira en torno al trabajo y la familia. Muchos expresan no tener tiempo para orar. Otros mencionan la falta de tiempo para leer la palabra de Dios y algunos no encuentran el momento para hablar de Dios con su familia. hay un gran problema con estas declaraciones y es lo siguiente si no tengo tiempo para hacer lo que Dios me pide es que estoy haciendo cosas que Dios no me está pidiendo que haga. si no tengo tiempo para hacer lo que Dios no me está pidiendo que Dios no tengo tiempo para hacer lo que Dios me pide estoy haciendo cosas que Dios no me pide que haga.
Dios creó el día y la noche creó el tiempo, nos colocó en ese tiempo, nos dio 24 horas a cada uno y nos dio un mandato, vivir para su gloria, glorificarle, obedecerle, guardar su palabra. Entonces, como acomodamos nuestra vida para ser fieles a Dios, una palabra, prioridades, prioridades, prioridades bíblicas, debemos establecer cuáles son las prioridades bíblicas. Si vamos a edificar una casa, nadie empezaría por el techo, primero por los cimientos y cada cosa en su lugar. Y por lo tanto, estableciendo que Dios nos ha dado a todos la misma cantidad de horas, Dios nos ha pedido a todos nosotros que le glorifiquemos con nuestras vidas y por lo tanto nos ha pedido que nos ocupemos de ciertas áreas que vamos a ver a continuación y que nuestro horario y nuestro tiempo deben reflejar esas prioridades de Dios.
Entonces, que podamos ser sensibles y examinarnos a medida que vamos viendo estas prioridades. Prioridades en la vida cristiana. Vamos a ver algunas de estas prioridades, cinco prioridades, cuatro o cinco prioridades de la vida cristiana. ¿Y cuál? Imaginan que es la primera. La primera es la más fácil, al menos de descubrir mi relación con Dios. La primera prioridad en mi vida debe ser mi relación con Dios. Mateo 22, 37 repite el viejo mandato de la Escritura. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Así que de todas las cosas que Dios nos ha llamado a hacer con nuestro tiempo, la primera y más importante es cultivar nuestra relación con Dios.
Eso tiene que ser una prioridad en nuestra vida. Cuando eso no es una prioridad en nuestra vida, eso se ve en nuestra vida. Martín Lutero decía, cuando yo no oro un día, Dios lo sabe. Cuando yo no oro dos días, mi esposa lo sabe. Cuando yo no oro tres días, todo el mundo alrededor mío lo sabe. ¿Por qué? Porque si no estamos cultivando una relación con Dios, eso se ve en mi vida. La ansiedad, la depresión, el cansancio, el agotamiento, la frustración, los miedos. Muchas veces se debe a que no estoy cultivando mi relación personal con Dios. Amar a Dios significa priorizarlo antes que todo. Si Dios ocupa el primer lugar en nuestro corazón, entonces nada puede ocupar ese primer lugar, esa primera posición.
No el trabajo, no los estudios, no el servicio de la iglesia, no mi cónyuge, no mis hijos, no mis pasatiempos, no mi serie favorita, etc. Nada puede ocupar ese primer lugar. Cualquier cosa que ocupe el primer lugar de nuestro corazón se ha convertido en un ídolo. Al que le empezamos a dedicar nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro afecto, más que lo que necesitamos dedicárselo a Dios. Fuimos creados para relacionarnos con Dios, para adorarlo, para amarlo por encima de todo y ese amor se refleja en cómo administramos nuestro tiempo. Y hay una buena pregunta para pensar en este punto. ¿Es Dios lo que siempre queda en segundo plano en tu vida?
Cuando tenés poco tiempo, ¿es lo relacionado con Dios lo primero que sacrificás? La lectura de la palabra, la oración, el discipulado, el congregarte. Cuando te ves apretado por un montón de obligaciones y tenés que decidir por dónde vas a cortar, ¿es Dios lo primero que pasa por la tijera? Si Dios es realmente lo primero, independientemente de cuán ocupados estemos o de las situaciones que enfrentemos, vamos a procurar, aunque imperfectamente en muchos casos, que la oración y la palabra estén como una prioridad de nuestra vida. Fomentar nuestra comunión con Dios, de eso depende todo lo demás.
Cuando nuestra comunión con Dios es fuerte, es vital, es regular y se mantiene como lo más importante, todo lo demás se beneficia y se nutre de eso. Nuestras relaciones en el matrimonio, con los hijos, con el trabajo, con la iglesia local, porque es de ahí donde bebe todo el resto de nuestra vida, de nuestra comunión con Dios. Y este tema me encanta por una razón, no importa cuándo sea que yo predique este sermón, si yo lo predico en seis meses, si yo lo predico en un año, si yo lo predico en dos años, todos y absolutamente todos, primero yo y el resto de nosotros, vamos a tener que ajustar cosas.
Porque es nuestra tendencia, es nuestra tendencia a relajarnos en ciertas cosas, es nuestra tendencia a que la balanza se incline más para un lado que para el otro, porque somos pecadores, es la realidad. Por lo tanto, cuando nosotros nos acercamos a esto, sería casi como llevar el auto al mecánico cada tantos kilómetros. Porque necesitamos priorizar, necesitamos ajustar, afinar el instrumento de nuestras vidas. Juan 17.3, Jesús destaca algo sumamente importante con respecto a la vida eterna y dice lo siguiente, esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, al único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado.
Por lo tanto, en nuestra vida, Dios no solo debe ser una figura central con la cual nos relacionamos, porque Dios debe ser una persona con la que nos relacionamos, sino también nuestro Señor a quien obedecemos. O sea, no solamente Dios es alguien al que yo debo conocer cada vez más, sino alguien con el cual yo me relaciono cada vez más, pero también es alguien al cual debo obedecer. No es una relación donde no requiere mi obediencia. Dios es el Señor, y la palabra Señor en griego es kirios, que significa amo, dueño. Por lo tanto, Dios es el amo y el dueño de nuestras vidas. Y conocerlo a Él también es rendirnos a su señorío.
Lo que leíamos hoy en la oración Mateo 6.33, Buscad primeramente su reino y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura. En esa perspectiva, lo que nos propone el Señor Jesucristo a través de su palabra, es que lo terrenal no puede ocupar el primer lugar. El primer lugar tiene que ser ocupado por buscar a Dios y buscar su reino. Todo lo demás, lo temporal, lo terrenal, debe ir en otro plano. No puede estar en el mismo lugar. En el cielo, por pensarlo de una manera, cuando estemos en el cielo con el Señor para siempre, no vamos a estar casados. Eso es algo que les molesta a mis hijas regularmente.
No vamos a estar casados. No vamos a criar hijos. No vamos a criar nietos. No enfrentaremos desafíos laborales, jefes exigentes. No participaremos en grupos pequeños compartiendo nuestras luchas con el pecado. Pero por toda la eternidad, seguiremos cultivando una relación con Dios. Por toda la eternidad, seguiremos cultivando una comunión y una relación con Dios. Y conociéndolo cada vez más. Por lo tanto, a la luz de esa verdad futura y eterna, ¿Cómo estamos viviendo hoy? ¿Cómo estamos viviendo hoy? Entonces, lugar número uno en el ranking, en el podio, tiene que estar nuestra relación con Dios.
Segundo lugar, si estás casado, ese es el condicional, es la relación matrimonial. Un comentarista dice lo siguiente sobre el pasaje de Efesios capítulo 5, 25. Un hombre casado debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. La prioridad número uno de Cristo, después de obedecer y glorificar al Padre, fue la iglesia. Aquí un ejemplo que los esposos deben seguir. Primero Dios, después su esposa. De la misma manera, las esposas deben estar sujetas a sus maridos como al Señor, Efesios 5, 22. El principio es que el esposo de una mujer es segundo también, después de Dios, en sus prioridades. Entonces, cuando nosotros vemos las prioridades en nuestra vida, nuestro primer lugar es nuestra relación con Dios, y nuestro segundo lugar es la relación con nuestro cónyuge.
La relación que tenemos con Dios es inigualable y única. Supera cualquier otra relación que podamos tener en el mundo. Pero sin embargo, pensando en relaciones humanas, la relación del matrimonio es la otra relación única e inigualable en todo el mundo. Génesis 2, 24. El hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y será una sola carne. Esta cita bíblica nos resalta de que la relación matrimonial no tiene comparación con ninguna otra relación humana, la que se tiene en el matrimonio. Y al mencionar, y esto es sumamente importante, sumamente importante, y en consejería cuántas veces es necesario recalcar esto, al mencionar el acto de dejar a los padres y unirse al cónyuge, se enfatiza que la familia extendida, padres, tíos, primos, hermanos, etc., pasa a un segundo plano frente a esta nueva unión.
La vieja unidad familiar queda en un segundo plano y da inicio a una nueva unidad familiar del esposo y la esposa. Todos los demás fuera de esa relación ya no ocupan el primer lugar. Ya no ocupan ese lugar en relaciones humanas. Por lo tanto, la relación con el cónyuge debería ser la relación que más se cultiva de todas las relaciones humanas que vos y yo tenemos. Más que nuestros padres, más que nuestros hijos, más que nuestros amigos o amigas, más que otros parientes. La relación del esposo y la esposa debería ser la relación que más se busque cultivar luego de mi relación con Dios. Y en exclusividad, más que todas las otras relaciones.
No puede haber nadie con la que una persona tenga más confianza que con su cónyuge. O la que le dedique más tiempo o más intención que con el cónyuge. Eso refleja la singularidad y la prioridad que el matrimonio debe tener en nuestras vidas. Les invito a que veamos el pasaje en Efesios 5.22 Y leamos el texto porque el texto es bastante claro como para mostrarnos esta realidad. Efesios 5.22 Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor porque el marido es cabeza de la mujer así como Cristo es cabeza de la iglesia siendo él mismo el salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
Maridos amen a sus mujeres así como Cristo amó a la iglesia y se vio él mismo por ella para santificarla habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra a fin de presentársela a sí mismo una iglesia en toda su gloria sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante sino que fuera santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer así mismo se ama porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo sino que lo sustenta y lo cuida así como también Cristo a la iglesia porque somos miembros de su cuerpo. Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne.
Grande es este misterio pero hablo con referencia a Cristo y la iglesia. En todo caso cada uno de ustedes ame también a su mujer como a sí mismo y que la mujer respete a su marido. Fin de la cita. La relación entre el esposo y la esposa se distingue como única y exclusiva entre todas las relaciones humanas. Dios no exige este trato de ninguna otra relación de la manera que lo exige en el matrimonio. Esta intimidad emocional y física está reservada exclusiva y únicamente para la pareja matrimonial y no debería existir fuera del matrimonio. Es dentro de ese pacto que esta intimidad se desarrolla.
¿Pero qué con los solteros y las solteras? Bueno, la escritura no permite que los solteros puedan tener intimidad física con otra persona fuera del matrimonio. Según la palabra del Señor vivir de esa manera no refleja lo que Dios quiere para nosotros. Eso se llama fornicación. Un noviazgo no puede, no debe vivir como si ya fuera un matrimonio. Tanto la intimidad emocional como la intimidad física deben existir en el contexto del matrimonio porque es una relación exclusiva. Todo tiene su tiempo y su momento adecuado. Asimismo, evitar la intimidad emocional con personas del sexo opuesto fuera del contexto del matrimonio es esencial.
La intimidad debe ser exclusiva dentro del compromiso y el pacto matrimonial. No es apropiado disfrutar los beneficios y privilegios del matrimonio sin haber asumido los compromisos y las responsabilidades del pacto. Esa es una nota en cuanto al matrimonio. Ahora, ¿qué de los hijos? Bueno, los hijos son el fruto del matrimonio. Por lo tanto, para aquellos que están casados, son los hijos la prioridad luego de su cónyuge. Y esto es importante. Dios, esposo o esposa, hijos. No al revés. No son los hijos prioridad antes que el cónyuge. Debemos evitar los hogares hijo-céntricos, donde todo gira en agradar y complacer a los hijos.
Donde todo el hogar tiene un sol y ese sol, donde giran todos los planetas, son los hijos. No. La Escritura no plantea ese tipo de prioridades. La unidad, la unidad del padre o de la madre no se establece con los hijos. La unidad se establece con el cónyuge. Los hijos son una bendición de Dios y los padres tienen el llamado de criarlos en el Señor, de amarlos, de guiarlos en el Evangelio. Sin embargo, al igual que sus padres, sus hijos deberán dejar el hogar y formar una propia familia. La relación con el cónyuge es única. La palabra dice que ya no son dos, sino una sola carne. Y en el matrimonio, ninguno es una sola carne con sus hijos.
Es solamente una sola carne con su cónyuge. Y eso debe setear la prioridad en la familia. Porque ese es un pacto que se rompe solamente con la muerte. Debes estar amando y cuidando a tu cónyuge por encima de tus hijos. Debes estar amando y cuidando a tu cónyuge por encima de tus hijos. ¿Y qué de los hijos? Si soy hijo, ¿qué la palabra me dice con respecto a eso? No estoy casado, soy un hijo. Estoy en casa. Bueno, Efesios 6, 1 dice, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento, con promesa, para que te vaya bien y para que tengas larga vida sobre la tierra.
Y ustedes padres no provoquen a ir a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor. Cada uno debe buscar las prioridades que corresponden si no está casado o no tiene hijos en su casa. Un hijo que vive con sus padres, su prioridad luego de su comunión con Dios va a ser honrar a sus padres y ser obediente y sujeto a ellos. Si sos soltero y sos grande o vivís solo, tus hijos ya son grandes y no viven contigo, entonces va a pasar de tu comunión con Dios a tu familia extendida y de la fe. Porque una familia de la fe tiene una prioridad en nuestras vidas. ¿Estamos? ¿Preguntas? Tenemos que hacer una sesión de preguntas y respuestas.
Consejería, hablen con Gustavo y ponemos un tiempo en la semana. Entonces, primera, primera prioridad en mi vida, mi relación con Dios. Segunda prioridad en mi vida, mi relación con mi cónyuge. Nuevamente, si tengo hijos, mis hijos vienen después de mi cónyuge. Si no estoy casado, entonces esa prioridad la ocupa honrar a mis padres y estar sujetos a ellos. Punto número tres, mi trabajo. Mi comunión con Dios, mi matrimonio, mi trabajo. Por favor, leamos juntos. Segunda de Tesalonicenses, capítulo 3, versículo 7. Segunda de Tesalonicenses, capítulo 3, versículo 7. Y se hacía el texto. Pues ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo, porque no obramos de manera indisciplinada entre ustedes, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con dificultad y fatiga trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de ustedes.
No porque no tengamos derecho a ello, sino para ofrecernos como modelo a ustedes a fin de que sigan nuestro ejemplo. Porque aún cuando estábamos con ustedes, les ordenábamos esto, si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma. Fin de la cita. Es muy sencillo. Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma. Y uno podría preguntarse, si uno está siguiendo la lista de prioridades, ¿no debería ser acaso la iglesia local prioritario antes que el trabajo? ¿No debería ser acaso mi compromiso con la iglesia local más espiritual y más primordial que mi trabajo? Bueno, la realidad es que es importante reconocer que el trabajo fue creado por Dios antes de la caída, como una responsabilidad del hombre.
Nosotros hemos visto una serie del Evangelio del Trabajo, si no lo has visto, lo puedes encontrar en el canal de YouTube. El trabajo es un medio que Dios le dio al hombre para glorificarle, y es un medio que se relaciona directamente con la prioridad número dos. Específicamente hablando los hombres. Si mi prioridad número uno es mi comunión con Dios, pero mi prioridad número dos tiene que ver con mi matrimonio y mi familia, entonces el trabajo tiene que ser una prioridad porque es lo que directamente provee el sustento para aquellos que aman. Es el sustento para la esposa, al esposo, para los hijos.
La escritura dice lo siguiente, Dios creó al hombre a imagen suya, Génesis 1.27, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó, los bendijo y les dijo, sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra, sumétanla, ejerzan dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra. Más adelante, en capítulo 3, dice, El Señor a Adán en la maldición por causa del pecado, por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené diciendo, no comerás de él, maldita será la tierra por tu causa. Con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida, espinos y cardos te producirá y comerás de las plantas del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres y al polvo volverás. Todo esposo o padre de familia tiene una responsabilidad directa, divina, de proveer el alimento y el sustento para su hogar, trabajando arduamente para ganar ese sustento. Con el sudor de tu frente, ganarás tu pan. Es interesante notar que en la narrativa bíblica, Dios no maldice a Eva con estas palabras. Dios maldice a Adán con estas palabras. Hizo una distinción específica hacia el hombre, indicando que él debería proveer el pan con el sudor de su frente.
Y nadie puede eludir ese orden y ese mandato. Como padres y esposos somos los que tenemos la responsabilidad principal de proveer para nuestro hogar. Cuidar de nuestro trabajo y desempeñarnos en nuestro trabajo para la gloria de Dios es un mandato divino. Si descuidamos nuestro trabajo por pasar más tiempo en la iglesia, no estamos honrando a Dios. Si descuidamos nuestras obligaciones laborales por estar leyendo la Biblia en vez de estar trabajando, tampoco estamos honrando a Dios. Si por descuido, pereza, negligencia, impericia, perdemos el trabajo, estamos fallando en mostrar amor por nuestra familia.
Estamos fallando en trabajar y hacerlo para la gloria de Dios. Es realmente una prioridad y debe ser una prioridad en la vida de todos los hombres que sean esposos o padres cuidar como una prioridad su trabajo. Ahora la pregunta puede venir en nuestra cultura, puede la esposa también trabajar a la luz de todo eso. Bueno, en ciertas ocasiones y circunstancias puede ser que la esposa trabaje fuera del hogar y contribuya al sustento familiar. Sobre todo en tiempos de una economía difícil, en tiempos donde la familia realmente está necesitando eso. Pero no es un mandato específico de Dios para la mujer.
Puede hacerlo bajo ciertas circunstancias, pero Dios no se lo ha ordenado. Dios sí le ha encomendado a las esposas amar a sus esposos y criar a sus hijos, ser diligentes en el hogar y ser una mujer virtuosa. Tito capítulo 2. A veces una mujer puede trabajar durante una etapa en la que su aporte económico es necesario y luego puede optar por dejar de trabajar. O puede que trabaje mientras no tenga hijos y luego se dedique a criarlos. Y luego hay varias combinaciones posibles. Si ambos cónyuges trabajan y esto como consecuencia trae descuido en la crianza de sus hijos o en su hogar, es importante examinar la motivación o la necesidad de que ambos trabajen.
En ocasiones puede ser necesario por un tiempo determinado, pero si el salario del esposo es suficiente para mantener el hogar, entonces la Biblia le insta a la esposa y a la madre a priorizar su hogar. La responsabilidad primordial de la crianza de los hijos recae en los padres. Dios nos otorga una responsabilidad sobre los hijos que nos ha dado y nos pedirá cuentas de cómo hemos hecho esa tarea. No podemos simplemente delegarla. Pero es importante que cada decisión va a depender de circunstancias particulares y aún más importante quizá de motivaciones del corazón. En el mundo que vivimos y en las circunstancias que atravesamos muchas veces va a ser necesario que ambos cónyuges trabajen, pero eso tiene que ser no una decisión tomada a la ligera.
Tiene que haber una examinación de la necesidad, de las motivaciones, de lo que Dios le ha pedido a cada uno. ¿Por qué? Porque yo no puedo obedecer a Dios en un área en detrimento de la otra. No puedo obedecer a Dios de un lado en detrimento de otro. Tenemos que buscar un balance y un equilibrio. Y ahí viene lo difícil, hermanos. Si la cuerda no fuera floja no tendría gracia cruzar por ella, dice algún libro. La vida cristiana es una vida de balance y de equilibrio. Es una vida donde constantemente debo estar evaluando mi corazón y mi circunstancia para ver si estoy obrando conforme a Dios quiere.
Y por eso es precioso el regalo de la iglesia local, porque no es que solamente tengo que depender de mi astucia o mi inteligencia para darme cuenta si estoy caminando bien. Puedo ir con hermanos, hermanas, puedo ir con los pastores, puedo ir con las personas que están en mi grupo pequeño, los que me están disipulando. Puedo preguntar, ¿qué te parece? ¿Qué pensás? Abrir nuestras vidas a otros para que otros puedan ayudarnos a ver cosas que quizás no estamos viendo. De eso se trata el ser parte del cuerpo de Cristo. Nos ayudamos unos a otros a caminar en el Señor. Punto número 4 de nuestra lista.
Vamos a hacer solamente 4 puntos. Entonces, prioridades. Mi comunión con Dios. Mi matrimonio y familia. Mi trabajo. Y por último, mi iglesia local. En este orden. Si priorizo a Dios en mi vida, cultivando diariamente mi relación con Él. Si demuestro amor por mi cónyuge y mis hijos, ocupándome de cuidar y guiar a mi familia en el Señor. Si soy un trabajador leal y proveedor de mi hogar, glorificando a Dios mediante el ejemplo que doy en mi trabajo, entonces el siguiente paso que Dios me solicita es servir en mi iglesia local. Así de sencillo. Me gustaría que leamos un texto, Efesios capítulo 4, verso 11, que nos sienta una base para decir que todos nosotros debemos servir en la iglesia local.
Dice así la escritura de Efesios 4, 11, Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y el pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Entonces, ya no seremos niños sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error.
Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor. Fin de la semana. La iglesia está compuesta por sus miembros y Dios nos insta a que cada uno de los miembros debe contribuir al crecimiento del cuerpo de Cristo. No es responsabilidad de los pastores, no es responsabilidad de los diáconos, es una responsabilidad de todo el cuerpo de Cristo, de todos los miembros del cuerpo de Cristo servir para el crecimiento de la iglesia.
Los pastores tienen la voluntad de la iglesia de la iglesia de la iglesia de Cristo. Los pastores tienen la voluntad de la iglesia de la iglesia de la iglesia de la iglesia de Cristo. 1 Corintios 12.7 dice, pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común. En el contexto de los dones espirituales, el Espíritu Santo ha dotado a cada creyente con habilidades específicas para servir dentro de la iglesia local. Más adelante el texto dice, si el pie dijera porque no soy mano, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. Si el oído dijera porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo.
Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Y si todo fuera oído, ¿qué sería del olfato? Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó. Todos nosotros, Dios nos ha dado dones si estamos en Cristo, para servir al cuerpo de Cristo, para la edificación del cuerpo de Cristo. No todos predican, no todos tocan la guitarra, no todos limpian el piso, no todos acomodan los vasos ahí, no todos disipulan, no todos dan fundamento de la fe, etc, etc, etc. Todos podemos hacer diversidades de cosas para servir al cuerpo de Cristo. El punto es que Dios nos ha llamado a servirle y seguirle en el contexto de una familia de fe local, reconociendo y utilizando los dones que Él nos ha otorgado para el beneficio y fortalecimiento de la iglesia.
Entonces, Dios nos pide, primero, una comunión con Él. Segundo, nuestro matrimonio e hijos. Tercero, nuestro trabajo. Pero cuarto, servir en la iglesia local. No es una opción el servir en la iglesia. No es algo que debo hacer si me sobra tiempo. Hermanos, por favor, no es algo que debo hacer si me sobra tiempo. Si no lo estoy haciendo, es porque estoy fallando en el uso del tiempo que Dios me ha dado. Estoy usando tiempo que Dios me ha dado para otras cosas que Dios no me está pidiendo que haga, cuando debería también equilibrar ese tiempo y usarlo para las cosas que Dios me ha pedido. Dios me ha dado todo el tiempo que necesito para hacer su voluntad.
Yo no puedo ir a la presencia del Señor el día que me encuentre con Él y decirle, Señor, no tuve tiempo para servirte en la iglesia. No, el Señor nos va a decir, te di todo el tiempo necesario para hacer mi voluntad. Ahora, cada uno de nosotros toma decisiones en el uso de ese tiempo y en cómo prioriza ese tiempo y para qué lo usa ese tiempo. Es cierto que hay etapas de la vida donde uno puede usar más tiempo para servir al Señor. La soltería, por ejemplo. Un joven soltero tiene mucho más tiempo para servir a la iglesia. Tiene mucho más tiempo para servir al Señor. Tiene más disponibilidad para servir al Señor.
Porque todavía no ha adquirido otras responsabilidades que Dios le va a pedir cuenta el día que las adquiera. Porque Pablo dice, me encantaría que todos fueran como yo, dice Pablo, solteros. Porque el soltero solo se preocupa por agradar a Dios. Pero cuando alguien se casa, Dios ya no le está pidiendo cuenta solamente para agradarlo a él, sino que Pablo dice, también debe agradar a su esposa. Entonces, cuando alguien es soltero, todavía tiene simplemente que procurar agradar a Dios. Ahora, cuando esa persona se casa, ahí entra otra persona en la escena a la cual él también tiene que agradar. Sea su esposo o su esposa.
Y eso va a requerirle tiempo. Cuando a medida que nosotros adquirimos por etapas de vida, por etapas de madurez, adquirimos otras responsabilidades que van llegando en el tiempo de Dios a nosotros, Dios nos va a hacer responsables de eso. Pero Dios no te va a hacer responsables de algo que todavía no ha llegado a tu vida. Entonces, si todavía no estás en una etapa que tenés que trabajar para el sustento de una familia, si todavía no estás en la etapa en que tenés que ocuparte de un cónyuge e hijos, entonces, todo ese tiempo lo podés dedicar a otras prioridades que Dios te permite. Prepararte, estudiar, servir al Señor en la iglesia, ponerle tu tiempo para servir a otros.
Pero eso se va a acabar. La persona que está casada sabe eso. El día que se casaron, el tiempo que tenían disponible ya no es el mismo. Cuando nacen los hijos, menos. Cuando los hijos son chiquitos, aún menos. Entonces, cada etapa de nuestra vida tiene sus particularidades, pero no deja de ser nuestra responsabilidad usar nuestro tiempo conforme a las prioridades que Dios ha establecido en su palabra. Y otra de esas prioridades es el hacer discípulos. Por una cuestión de tiempo, pudiéramos leer el texto de la Gran Comisión, pero este mandato es para todos los creyentes organizados en iglesias locales, en las cuales son miembros, con pastores que los capacitan, con diáconos que apoyan la obra.
Sin embargo, son todos los creyentes los que tienen la responsabilidad de predicar el Evangelio y disipular a otros. Y nuevamente, hermanos, el disipulado no es una opción. Todos somos discípulos y estamos llamados a ser discípulos. Esto implica diferentes etapas, aprendizajes, ritmos, pero al final todos nosotros estamos llamados a obedecer este mandato. Reflexionemos sobre nuestro servicio en la iglesia local. No todas las áreas de servicio son las visibles. Hay personas que oran por la iglesia, por los pastores, por los diáconos. Hay personas que se juntan a limpiar la iglesia. Hay personas que se encargan de las finanzas.
Hay personas que se encargan de los actos de misericordia, de la Santa Cena, de la alabanza, etcétera, etcétera, etcétera. La pregunta es, ¿dónde estás sirviendo al Señor? ¿Ves una necesidad que se pueda cubrir? Si tienes una carga, si ves una necesidad, probablemente Dios está guiándote a cubrir esa necesidad. ¿A servir a tus hermanos y hermanas en eso? Y hermanos, una manera muy sencilla, muy sencilla de servir a tus hermanos. ¿Querés conocer una manera gratuita, sencilla, de servir a tus hermanos y hermanas en Cristo? Congregate. Cuando te congregás, también estás sirviendo a tus hermanos. La Escritura dice en Hebreos 10 que nos estimulamos al amor y a las buenas obras cuando congregamos.
Y mucho más al ver que aquel día se acerca a esa Escritura. Hay muchas maneras de servir. Si alguien quiere hablar más de eso, podemos hablarnos luego del culto. Para concluir, entonces, cuatro prioridades en las cuales tenemos que afinarnos. Me encantan esos afinadores eléctricos. Yo jamás lo podría ser oído, pero los eléctricos que te dicen para qué rango tenés que ir ajustando hasta que queda bien. Los más viejitos de la sala se acordarán de la sintonía fina en los televisores de antes, donde para agarrar el canal había que ir ajustando la sintonía del televisor. Hermanos, dejemos que sea la palabra de Dios que nos diga en qué sintonía tenemos que ir ajustando.
Que sea si es en mi comunión con Dios, si es en mi relación matrimonial con mis hijos, si es en mi trabajo, si he estado siendo negligente con mi trabajo, si es en mi servicio a la iglesia local. El punto es que la vida cristiana es mantener un equilibrio constante esforzándonos para asegurar que el uso de nuestro tiempo refleje la voluntad de Dios. Y esto, hermanos, es sumamente crucial. No se trata de elegir una faceta en lugar de la otra. No se trata de eso. No es una cuestión de que ahora voy a priorizar el trabajo sobre la familia, la familia sobre la iglesia o la iglesia sobre mi comunión con Dios.
Nuestros horarios y actividades deben reflejar todas las prioridades que Dios quiere que tengamos para vivir para su gloria. No es una. En nuestro horario tienen que estar reflejadas todas estas prioridades. No puedo poner una que ocupe el tiempo que le debe a las demás. No puedo con una conciencia tranquila decir me ocupo tanto de mi familia que no puedo servir a la iglesia. O me ocupa tanto tiempo mi trabajo que no puedo estar con mi familia. O no puedo servir a la iglesia porque también estoy con mucho trabajo o estudio. El punto es, con la ayuda del Señor, con la ayuda de la iglesia, con la ayuda de mis hermanos y hermanas, con los que tengo más confianza, con hermanos maduros, poder conversar de estos temas y preguntarles y dejarles entrar a mi vida para que vean mi horario, para que vean mis prioridades y decirles ves algo que yo pudiera crecer.
Y quizá alguien te diga, mirá, yo creo que deberías dedicarle menos tiempo al trabajo. O mirá, esas dos horas que estás en tu cuarto grupo pequeño en la semana. No. Hermano, yo he tenido como pastor ocasiones, decirle al hermano, solamente hacer un disipulado en la semana. Tu horario, tu etapa de vida, las prioridades no te dan para hacer otro tiempo. Entonces, a veces hermanos, tenemos que dejar de hacer algo bueno para escoger algo mejor. Y solamente Dios puede darnos la sabiduría necesaria para hacer eso. ¿Cómo reflejan entonces nuestras prioridades actuales, lo que valoramos en nuestro corazón, con nuestro entendimiento de la palabra de Dios?
No hacer lo que sabemos que debemos hacer es pecado. Y poner cualquier otra cosa en el lugar de Dios o desordenar todas estas prioridades que Dios ha dado también es pecado. Pero hermanos, quiero al Señor que sea hoy, hoy, no mañana, hoy. Alguien dijo, el diablo siempre dice mañana, donde Dios dice hoy. Hoy debemos hacer los ajustes necesarios en nuestra vida. Hoy debemos examinarnos. Hoy debemos reflejar en nuestra vida lo que Dios quiere y espera de nosotros. Hoy mirar cómo estoy usando mi tiempo, distribuyendo mi tiempo, usando el tiempo para estas prioridades. El más grande ejemplo, hermanos, Jesús.
Andá a tu casa a leer nuevamente los evangelios esta semana pensando en esto. Y vas a ver a Jesús como una persona perfectamente establecida en sus prioridades. Un texto que vamos a ver con la ayuda del Señor la semana que viene, en Lucas capítulo 5. Jesús sana al leproso, vienen todas las multitudes a que Jesús lo sane y el texto dice que él se apartaba para estar a solas con Dios. Jesús tenía sus prioridades bien establecidas y no tenía temor al hombre de decirle, no, voy a estar un tiempo con Dios. No, es necesario que me vaya a otro lugar a predicar. Y a veces nosotros, por el temor al hombre, decimos más sí en cosas que quizás tendríamos que decir no.
Y por decirle sí a otro, le estamos diciendo no a cosas que Dios nos ha pedido. Entonces, hermanos, siempre que le decimos sí a algo, le estamos diciendo no a otras cosas. Procuremos que a lo que le decimos sí es lo que Dios quiere que le digamos sí. ¿Y dónde está la gracia de Dios en todo esto? Uno puede mirar su vida y yo, mi hermano y hermana, después de este sermón, aunque yo lo preparé nuevamente, digo, Señor, ayúdame. ¿Cuántas cosas por ajustar? ¿Cuántas cosas por afinar? ¿Pero dónde está la gracia de Dios en todo esto? ¿No es acaso un montón más de cosas para hacer? ¿No es acaso al final de este sermón un montón de recordatorios de lo que no hago bien?
Romanos, la gracia de Dios se refleja en Jesús. Jesús vivió esa vida que vos y yo no podemos vivir. Jesús siempre estableció sus prioridades correctamente. Porque vos y yo no podemos. Porque vos y yo fallamos regularmente. Y Dios sabe eso. Y Dios no nos está pidiendo que después de habernos salvado por gracia, ahora hagamos todo este equilibrio de manera perfecta sin Él. ¿No? Primero, Jesús vivió con las prioridades correctas el 100% de su vida y cuando fue a morir en la cruz murió como si hubiera vivido tu vida y mi vida. Murió llevando nuestros pecados en la cruz murió recibiendo el castigo que nosotros merecemos por vivir una vida tan desordenada en nuestras prioridades.
Pero en esa cruz también Él nos dio su justicia. Y cuando Dios te ve a vos y me ve a mí con esa vida tan desordenada que nosotros conocemos, Él no ve eso. Él ve la vida perfecta de su Hijo a nuestro favor. Por lo tanto, al terminar esta sermón en esta tarde, yo no debo sentir que Dios me mira con enojo. No, Dios ya aprovechó para mi pecado. Jesús ya vivió la vida que yo no puedo vivir. Jesús ya vivió estableciendo sus prioridades perfectamente y usando su tiempo perfectamente. Y cuando Dios le aprobó por su justicia, Jesús tomó esa justicia y la puso en tu cuenta y en mi cuenta. Gloria a Dios por eso.
Porque yo no debo vivir una vida perfecta en mis prioridades para que Dios me ame. Dios ya me ama. Entonces, libres, amados, aceptados, aprobados por Dios, en Cristo, podemos esforzarnos en la gracia de Dios para que nuestras vidas reflejen en gratitud y en amor la vida de Jesús. Vamos a tomarnos dos minutos para reflexionar. Señor bueno. Que en este tiempo de reflexión, tu Espíritu Santo nos dé luz y entendimiento. Que en este tiempo podamos meditar en lo que Jesús hizo a nuestro favor, en lo que Jesús compró a nuestro favor. Y que ahora por gratitud, amor, ahora con el poder del Espíritu Santo a nuestro favor, con tu gracia, podemos examinar nuestras vidas.
Sabiendo que no vamos a ser juzgados. Poder examinar y decir Señor, perdóname por establecer muchas veces prioridades que no son bíblicas. Por usar el tiempo en cosas que no son bíblicas, por usar el tiempo en cosas que no te honran, perdóname por vivir vidas desordenadas. Pero nuevamente venimos a ti en el nombre de Jesús, a pedirte tu ayuda, tu gracia. Sabiendo que siempre que pedimos perdón, tú eres fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de tu amaldana. Danos entendimiento y ayudanos a cambiar, transformar nuestros corazones, Señor. En el nombre de Jesús.
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Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.