Nos dio vida con Cristo
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Señor, tenemos la certeza de que ninguna persona ha venido a este lugar que vos no seas quien la haya traído. Señor, vos querés que todos puedan escuchar el mensaje de esta mañana, que todos puedan escuchar tu palabra y cómo vos anhelás de que todos vuelvan sus corazones a vos, Señor. Que podamos ver a Cristo una vez más, glorioso, maravilloso, que Cristo pueda verse más como Él es a nuestros ojos, que muchas veces estamos enseguecidos o distraídos por otras cosas, Señor. Te pedimos, Padre, que nos ayudes, Señor, a escuchar, que me ayudes a mí a predicar y que podamos obedecer tu palabra. En el nombre de Jesús.
Amén y Amén. Si alguna vez leíste o escuchaste los catecismos históricos, normalmente comienzan con la pregunta ¿cuál es el fin principal del hombre? O sea, ¿por qué existe el hombre? Y la respuesta es para vivir para la gloria de Dios y disfrutar de él para siempre. Para la gloria de Dios y de disfrutar de Dios para siempre. Y uno dice amén. Pero probablemente tu última semana no lució cada día pensando en eso. Quizás viniste hoy y hace mucho tiempo que no consideras vivir para la gloria de Dios. O no consideras a Dios como algo que disfrutar. O te has alejado de Dios. O quizás estás buscando vivir para Dios, pero pensás que te falta alguna motivación particular para hacerlo.
¿qué nos debe motivar para vivir para la gloria de Dios? ¿Qué es lo que puede romper la apatía espiritual que a veces hay en nuestro corazón? O la rutina religiosa de venir cada domingo. O el egoísmo que a veces simplemente marca que nuestra vida la vivimos para nosotros mismos. Bien, la respuesta no está en mirar adentro tuyo y encontrar una motivación que está centrada en vos. Sino la respuesta está en mirar a lo que Dios ha hecho por nosotros. Y es en Efesios capítulo 2 que quiero invitarles a abrir sus Biblias. Donde el apóstol Pablo nos recuerda dos realidades transformadoras sobre nuestra salvación, sobre el Evangelio. que deberían conmover nuestro corazón y llevarnos a vivir con un compromiso más profundo para la gloria de Dios.
En Efesios capítulo 2, a partir del versículo 1, vamos a estar mirando hasta el versículo 7. El apóstol Pablo nos da dos realidades con respecto a la salvación. Que deberían, si tu corazón está frío, encenderlo. Si tu corazón está de piedra, darle vida. Pero no podés salir de este lugar siendo indiferente a estas dos realidades que el pasaje nos muestra sobre la salvación. Y vamos a leer a partir del versículo 1, el capítulo 2 de Efesios. Y dice la palabra del Señor. Y Él les dio vida a ustedes que estaban muertos en sus delitos y pecados. En los cuales anduvieron en los cuales anduvieron en otro tiempo, según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.
Y entre ellos también todos nosotros, en otro tiempo, vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente. Y éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los demás. Versículo 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aún cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia ustedes han sido salvados y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Hay dos realidades profundas y poderosas en este pasaje que deben conmover nuestro corazón. La primera es que Él nos dio vida cuando estábamos muertos. Él nos dio vida cuando estábamos muertos. Y la segunda es que Él nos dio vida en unión a Cristo. Y ahora vamos a ver lo maravilloso que eso es. Dos realidades que deben conmover nuestro corazón. Nos dio vida cuando estábamos muertos y nos dio vida en unión a Cristo. Comencemos entonces por los primeros tres versículos cuando el apóstol recuerda el estado anterior de los creyentes de la iglesia de Éfeso y Dios nos habla a nosotros a través de su palabra.
Entonces el apóstol Pablo recuerda en estos primeros tres versículos dos cosas a los Efesios. Primero su estado espiritual antes de conocer a Cristo y luego su manera de vivir antes de conocer a Cristo. Es decir, su estado espiritual y su manera de vivir a Cristo. Su condición espiritual y la manera en que ellos vivían. Comenzando por la primera, su condición espiritual es bastante clara en el texto. La Biblia usa la palabra muerte de dos aspectos fundamentalmente. Una en un sentido literal, cuando alguien muere físicamente. Y el otro en un sentido figurado, que es el de este pasaje. Y el sentido figurado es para describir la muerte espiritual de una persona.
Es decir, su separación de aquel que es la vida, que es Dios. Por lo tanto, esta muerte espiritual, esta separación entre Dios y el individuo, caracteriza la vida de esa persona con una total indiferencia al Dios verdadero. Con darle la espalda por completo a Dios, ignorando su existencia y viviendo conforme a mi propia voluntad. Entonces, toda persona que está muerta espiritualmente, separada del Dios que da vida, se caracteriza por ser indiferente a Él, por darle la espalda y por vivir conforme a su propia voluntad, conforme a sus propios deseos. Es más, siendo esa persona misma su propio Dios.
Pero este estado espiritual de muerte es causado por una manera de vivir. Ahora vamos a ver cómo funciona esto en el pasaje. Ellos están muertos en una esfera que está en la palabra en. Están muertos en sus delitos y pecados. Es a causa de, y en esa esfera donde ellos están muertos. A causa de vivir en delitos y pecados, su condición espiritual es de muerte espiritual. Evidencia esa muerte espiritual que todos tienen por naturaleza. La palabra delitos que aparece en este pasaje, y uno puede decir, ¿por qué utiliza delitos y pecados? No directamente pecados. Bueno, eso es a propósito. La palabra es inspirada por Dios y nada de lo que está en nuestras Biblias es pura casualidad.
Es una manera de reafirmar un punto utilizando dos palabras que son temáticamente correspondientes. La palabra delitos en griego es paraptoma, que se puede traducir como un delito, una transgresión, una falta y un pecado. Pero que tiene implícita la idea de que se ha transgredido un mandamiento explícito. Se ha quebrantado una ley. Es decir, si suena tu celular ahora y todos lo escuchamos, eres un transgresor. ¿Por qué? Porque violaste algo que se pidió explícitamente. Esa es la idea de transgresión. Hay una ley, yo la quebranto, soy un transgresor de la ley, soy un delincuente, cometo un delito.
Entonces, la idea de delitos tiene la connotación de que se ha quebrantado una ley. En este caso, la ley de Dios. Pero por otro lado, la palabra pecados en griego es amartia, que se traduce mayormente como pecar o fallar. Muchos hemos escuchado, si han estudiado más sobre la palabra pecado, que la definición, la traducción es errar al blanco. Desviarse de la dirección correcta. Es no cumplir el propósito esperado para algo. Entonces, todos nosotros nos hemos desviado de para aquello que fuimos creados, es decir, para vivir para la gloria de Dios y disfrutar de Él para siempre. Y nos hemos desviado en un estado de pecado.
Vivir indiferentes a Dios, vivir de otra manera que no sea la voluntad de Dios. El nuevo diccionario bíblico ilustrado lo explica de esta manera, y cito, en efecto, el pecado no es la mera infracción de la ley. Eso era la palabra transgresión. Sino el rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposición mental que lleva al pecador a ser su propia voluntad en oposición a la de Dios. De ahí la distinción que se hace entre pecado y transgresión, siendo esto último la infracción de un mandamiento conocido. Fin de la cita. Los dos están al horno. Pero la idea es que uno tiene un mayor conocimiento de la ley, por eso es un transgresor de la ley, y otro es alguien que vive dándole espalda a Dios, pero que quizás no está consciente de la ley de Dios.
No quisiera desviarme mucho, pero simplemente para mencionar algo, Adán fue un transgresor de la ley, porque Dios le dio un mandamiento y él transgredió el mandamiento. Pero de Adán a Moisés no hubo ley, no hubo mandamiento, pero todos eran pecadores. Entonces ahí está la diferencia. Algunos van a ser juzgados sin ley por cómo vivieron con respecto a su conocimiento de Dios inherente en ellos mismos, y otros por la ley, porque ya tenían conciencia de la ley de Dios. Pero ambos están perdidos. Romanos capítulo 2, Romanos capítulo 3. Entonces la manera de vivir de estos efesios cristianos, antes de Cristo, estaba caracterizada por vivir siendo indiferente a Dios, haciendo su propia voluntad y aún más rechazando y quebrantando la voluntad de Dios expresada en su palabra.
En otras palabras, vivían como si Dios no existiera y como si ellos fueran sus propios dioses, y si conocían algo de la voluntad de Dios, vivían transgrediéndola. Y eso puede ocurrir con todos nosotros, porque si aún ni siquiera eres cristiano o venís de un contexto cristiano, has tenido en tu mente una noción de moralidad de qué es bueno y qué es malo. Nadie le enseña a su hijo en el sentido normal de la vida que es bueno robar, que es bueno mentir, que es bueno matar. No. Desde pequeños hacemos la diferencia entre lo que es bueno y lo que es malo. Y tenemos un sentido inherente nosotros de moralidad y justicia que nos dice que ciertas cosas son correctas y ciertas no.
Entonces aquel que diga, bueno, pero yo nunca fui a una iglesia y nunca leí la Biblia, ¿por qué entonces me decís que soy pecador? Porque has ido en contra de tu propia conciencia y de lo que vos sabés que es correcto muchas veces en tu vida. Y si no has robado, quizás lo has deseado. Y si no has mentido, igual lo has deseado. Si no has adulterado, igual lo has deseado. Y para Dios el deseo y la acción son tan pecado el uno como el otro. Por otro, nadie tiene ninguna justificación ni excusa delante de Dios. Todos somos pecadores. Todos nos hemos desviado. Todos hemos trasgredido. Y Pablo le dice a los creyentes, antes que se desanimen, que esto era en otro tiempo.
Dos veces repite, en otro tiempo en el pasaje. Para marcar el contraste. Esto es antes de Cristo. Esto es antes de que Dios les diera vida. De hecho, vale aclarar que en el texto griego, en el versículo 1, no se encuentra la palabra Él les dio vida. En sus Biblias lo van a tener normalmente en itálica, en cursiva. Esto es una nota editorial de que eso no se encuentra en el original, sino que se agrega para darle más sentido a la traducción. Es válido, nos sirve, sí, pero es interesante ver que el punto del apóstol Pablo no era llegar todavía a que él nos había dado vida. sino ver cuán muertos estábamos, cuán desesperanzados estábamos, cuán impotentes estábamos antes de que Dios haga algo.
Eso es su vieja manera de vivir, no la presente. Quizás a medida que yo fui hablando, vos empezaste a identificar tu vieja manera de vivir, no la presente. Pero si es la presente, también hay un mensaje para vos de esperanza en el Evangelio. Es importante que los cristianos de Efesio y nosotros tengamos presente de dónde el Señor nos sacó, de dónde, cuál era nuestro estado antes de que Dios intervenga en nuestras vidas. Para entender con mayor profundidad la dimensión de la salvación, la dimensión de la gracia de Dios a través de Cristo. Su manera de vivir conforme al texto está caracterizada por tres malignas fuentes de influencia.
Miren conmigo versículo 2. Según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, y más adelante dice, viviendo en las pasiones de nuestra carne. O sea, tres enemigos que normalmente encontramos en las epístolas de la vida cristiana, tuyos y míos, el mundo, el diablo y nuestra propia carne, nosotros mismos, nuestra naturaleza pecaminosa. La primera influencia que ellos tenían era el mundo. Ellos anduvieron según la corriente de este mundo, es decir, vivían conforme al mundo presente. Cuando la Biblia utiliza la palabra mundo en un contexto negativo como este, lo que hace referencia no es al planeta Tierra, es al sistema pecaminoso que gobierna la sociedad sin Dios.
El sistema pecaminoso que gobierna una sociedad sin Dios. Y la palabra corriente en este contexto es el ciclo y el curso presente de este mundo. Es decir, se deja llevar por la corriente, como si fuera un río, de este mundo. El curso que este mundo presente les plantea. La cultura y la sociedad que nos rodea están permeadas por el pecado, no tienen en cuenta a Dios. Entonces, la cultura, no importa la edad que tengas, la cultura te va a promover valores, mensajes, metas de vida, etc., etc., aparte de la palabra de Dios. Y si vos vivís conforme a eso, te estás dejando llevar por la corriente de este mundo.
Y eso es lo que el apóstol Pablo le dice a los Efesios, ustedes vivían en otro tiempo en la corriente de este mundo. Sin poner ningún tipo de oposición u obstáculo a todo lo que el mundo te promovía. Vivías en la corriente de este mundo. Como explica el comentario exegético y práctico del Nuevo Testamento, cito lo siguiente. Esto se podría interpretar como que hace referencia a las distintas religiones, ideologías, valores, sistemas económicos no cristianos, así como a las cosas más mundanas, pero igualmente poderosas como son la presión social, la moda, los medios de comunicación. Estas influencias proporcionan un guión para vivir una vida diaria alejada de Dios y sus valores.
Fin de la cita. El mundo tiene un plan maravilloso para tu vida, según ellos. Lo que es las apariencias, el dinero, la fama, la reputación, los bienes materiales, etc. Hay todo un sinfín de valores que el mundo quiere que vos sigas y que vos persigas. Cuando haces eso, estás viviendo conforme a la corriente de este mundo. Pablo está afirmando que los efesios antes obedecían a la voluntad del mundo. Seguían la voluntad del mundo, viviendo en una cultura impía sin tener en cuenta a Dios. Así que lo primero que marcaba ese estado en otro tiempo era seguir la corriente del mundo. Lo segundo es la influencia del diablo.
Porque así como era según la corriente del mundo, también era conforme al príncipe de la potestad del aire. El apóstol Juan describe en su evangelio tres veces a Satanás como el príncipe de este mundo. Otros evangelios lo llaman el príncipe de los demonios. La idea es la misma. El pensamiento judío del primer siglo afirmaba que Satanás entonces era el gobernador o el príncipe de toda una legión de demonios o todo el mundo de las tinieblas. Y por eso se le llama el príncipe del aire. Pablo afirma que el diablo es el que gobierna una estructura organizada de demonios las cuales son los que causan la influencia del mundo, la corriente del mundo.
Entonces por encima de la corriente del mundo opera todo un mundo organizado de tinieblas. Y los efesios vivían antes bajo la influencia del diablo mismo porque el diablo opera en los hijos de desobediencia. Opera llevando al mundo a la desobediencia a Dios. El diablo mismo ejercía un grado de control o influencia en la vieja manera de vivir de los cristianos de Éfeso y en nuestra vieja manera de vivir como cristianos hoy. Y sigue intentando influenciar nuestra nueva manera de vivir. El diablo siempre buscará guiar a las personas a la desobediencia a Dios. Por eso se llama opera en los hijos de desobediencia.
Su arma más poderosa es la mentira. Si el arma de Dios es la palabra de verdad, el diablo opera con la palabra de mentira. Lo hizo en el huerto del Edén cuando le dijo a Eva, no morirás por comer del fruto prohibido. Lo sigue haciendo hoy como el padre de mentira que engaña al mundo. Y de esta manera guía a todos los que están muertos espiritualmente como el flautista de Hamelin. Mientras la gente del mundo desobedece a Dios pensando que son libres, en realidad están bajo la esclavitud del pecado y la mentira del diablo. ¡Qué increíble! Es como el Salmo 2. ¡Rompamos sus cadenas! ¡Seamos libres!
Desde el huerto del jardín del Edén no existen los libres. Todos han nacido bajo la esclavitud del pecado y obedecen a su pecado según la corriente de este mundo, conforme el príncipe de la potestad del aire. Y finalmente dice Pablo, incluyéndose ahora, fíjense en el versículo 3, entre ellos, es decir, entre los hijos de desobediencia, también todos nosotros en otro tiempo vivíamos. Pablo dice, no es ustedes, yo también. Vivíamos en las pasiones de nuestra carne. Las pasiones es la manera en que se traducen los deseos pecaminosos de nuestra naturaleza caída. Lo que mueve nuestro corazón, lo que desea nuestro corazón, aparte de lo que Dios quiere para nosotros.
Es decir, cuando nosotros nacemos muertos espiritualmente, tenemos una inclinación a pecar. Esa es la realidad. Todos nosotros tenemos una inclinación por naturaleza a pecar. Los niños son el mayor ejemplo de esto. Los niños tienen la naturaleza a esconderse, a pecar, a desobedecer. Cuando los nenes hacen algo malo, no los encontrás. ¿Por qué? Porque se escondieron. ¿Y de dónde sacaron eso? Bueno, del Edén. Lo primero que hace Adán cuando peca, se esconde de Dios. Nuestros deseos pecaminosos, ya sea de nuestro cuerpo o de nuestra mente, nos incitan a desobedecer a Dios, dice Pablo. Obedecíamos en otro tiempo, con gusto y sin dudarlo.
Pablo dice, lo satisfacíamos. Vivíamos conforme a los deseos de nuestra mente y de nuestro cuerpo. Es decir, cualquier deseo pecaminoso que viniera a mi mente, de imaginación, de lo que sea, lo obedecíamos. Sin ponerle freno a alguno. Cualquier deseo en la carne, ya sea de lujuria, ya sea de gula, ya sea de cualquier otro tipo de pecado como la pereza, los obedecíamos sin poner ningún refreno. Pensando que cuando nosotros obedecemos cualquier deseo que surge de nuestro corazón, estamos siendo realmente libres. Y eso es lo que el mundo nos propone. Sigue tu corazón, sé libre. No, no, no. Ese es el eslogan de la dictadura del diablo.
Que te hace pensar que seguir tu corazón es la libertad, cuando en realidad seguir tu corazón es seguir bajo la esclavitud del pecado. Porque éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los demás, dice Pablo. Dos cosas que mencionar de esa frase. Primero, pecamos porque nacimos pecadores. Esa es la naturaleza de todo ser humano. Así como el perro no ladra para convertirse en perro, sino porque es perro, el pecador peca porque es su naturaleza pecar. Nosotros pecamos porque es nuestra naturaleza. Y la consecuencia del pecado es estar bajo la ira de Dios. Por eso Pablo dice que éramos hijos de ira.
La ira de Dios es la respuesta de su santidad ante el pecado. La ira de Dios repercute en el juicio y el castigo eterno por los pecados de los hombres. Entonces la ira de Dios es su respuesta, su santidad, su justicia ante aquellos que quebrantan su ley y que viven lejos de él. Y algo que a mí me encanta que Pablo añade es éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. No éramos distintos a ningún otro pecador. Todos nosotros estábamos cortados por la misma tijera. Eso es lo que dice el apóstol Pablo. Desde el apóstol Pablo hasta el más terrible de los pecadores, vos y yo, todos nosotros compartimos la misma naturaleza.
Venimos con el mismo sistema operativo y las mismas aplicaciones de fábrica. Seamos religiosos o no lo seamos. Nos creamos buenos o no nos creamos buenos. Seamos educados o no. Tengamos dinero o no tengamos dinero. Todos estamos por naturaleza bajo la ira de Dios por causa de nuestro pecado. Pablo enseña que estamos espiritualmente muertos por naturaleza. Todos nosotros, separados de Dios, la fuente de la vida. Amamos el pecado. Nos gustaba pecar. Obedecíamos a la cultura que nos rodeaba y sus valores pecaminosos. E incluso sin saberlo, vivíamos bajo el gobierno del diablo en su reino de tinieblas.
¿Y cuál es el destino para alguien que vive de esa manera? Un destino eterno, separado de Dios, bajo la ira de Dios, aguardando la muerte y luego el juicio. Y en ese juicio ser hallado culpable de pecado, enviado al castigo eterno del infierno, del cual jamás nadie podrá ser librado en ese momento. Nada hay que el ser humano pueda hacer para remediar su condición. Porque ni siquiera es plenamente consciente de la misma. No hay absolutamente nada que se pueda hacer. Solamente la expectativa del juicio de Dios. ¿Y por qué Pablo plantea este escenario tan desolador? Porque cuando la oscuridad es profunda, cuando el cuadro es completamente desesperanzador, es donde brilla más la luz de Cristo y su salvación por gracia.
De esta manera trágica vivíamos nosotros, aparte de la obra de Cristo en nuestras vidas. Puede incluso ser que en este mismo momento el Espíritu Santo esté redargullendo algún corazón al escuchar estas palabras, viendo que aún hay áreas de su vida donde estás satisfaciendo tus deseos pecaminosos. O hay áreas de tu vida donde estás viviendo según los valores de este mundo, y no la voluntad de Dios. Cuando Pablo enfáticamente dice dos veces, eso caracterizaba en otro tiempo nuestras vidas. Eso es una exhortación a que no podemos vivir de esa manera hoy como cristianos. O si nuestra vida está caracterizada por esa forma de vivir, deberíamos poner en duda si realmente hemos conocido a Dios alguna vez.
Y quizá haya personas hoy presentes que se dan cuenta que viven hoy de esa manera, sin tener en cuenta a Dios, sin tener en cuenta su palabra. Viven siguiendo sus propios deseos, abrazando los valores contrarios a la voluntad de Dios de este mundo, viviendo para sí mismos, afanados por lo material, por el dinero, por la apariencia, por la reputación, por agradar a otros, etcétera, etcétera, etcétera. No tienen paz en sus corazones, no están reconciliados con Dios. Su vida se les escapa de las manos, se acorta, se acorta, se acorta, y en cualquier momento irán al juicio de Dios estando muertos espiritualmente y serán condenados por la eternidad.
Hoy es el momento para que vuelvas a Dios. Hoy es el momento para que entregues tu vida por completo a Dios. Te arrepientas de tus pecados. Creas en Cristo para salvación. Creas en Cristo para ser salvo de la ira de Dios. Creas en Cristo para que te dé una vida nueva, un nuevo propósito, una nueva esperanza, una nueva razón de vivir. Cosas que este mundo nunca te podrá dar por completo. Pero después de ver cuán desesperada era nuestra condición sin Cristo, que eso debería revolver nuestro corazón, el primer punto. Cuán desesperada era nuestra condición sin Cristo. Ahora miremos cómo Dios irrumpió con vida y con gracia en medio de eso.
Y ese es nuestro punto número 2. Versículo 4 al 7. Pero Dios. Pero Dios. Martín Lojón predicó estas dos palabras nomás en un sermón. Pero Dios. Qué precioso. Dios se hace presente ante nuestra terrible condición. Pero Dios. La palabra pero, si te gusta la gramática, es una cláusula de contraste que contrasta lo anterior con lo siguiente. Ante el escenario de impotencia y de terrible tragedia que el ser humano tiene por naturaleza, hay un pero. ¿Por qué hay un pero? Eso debería quebrantar nuestro corazón. ¿Por qué hay un pero? Dios no nos debe nada. Dios no debe poner un pero a nuestra condición.
Dios pudiera dejarnos ir a todos nosotros hacia la condenación. Y Él sería justo, santo, bueno. Pero Dios es un Dios de misericordia, como dice el texto. Rico en misericordia por causa del gran amor con que nos amó. Él dijo, pero. Pero Dios es rico en misericordia por causa del gran amor que nos amó, que nos amó. Cuando Moisés le dijo al Señor, quiero ver tu rostro. El Señor le dijo, no puedes ver mi rostro porque nadie puede verme y seguir con vida. Pero te dejaré ver mis espaldas, le dice Dios. Y Dios le da una revelación verbal acerca de quién es Él a Moisés. Y Dios le dice a Moisés en Éxodo 34, El Señor es un Dios compasivo, clemente, lento para la ira, abundante en misericordia y verdad.
Moisés, querés conocer cómo soy. Esto soy, un Dios compasivo, un Dios clemente, un Dios lleno de amor, de gracia, de misericordia, que perdona el pecado. Ese es Dios. Pablo le describe a Tito en el Nuevo Testamento que Dios nos salvó, pero por causa de su misericordia. En Tito 3.5 nos salvó, no por obras de justicia que hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia. La misericordia es cuando no se le da a alguien lo que esa persona merece. Eso es la misericordia. No se le da lo que esa persona merece. La misericordia hace que el rey perdone la vida de su deudor, que no le devuelva mal por mal, sino que cuando alguien merece el castigo se le perdona la falta.
No se le da lo que esa persona merece. La diferencia con la gracia es que la gracia va más allá de la misericordia y la gracia le da a esa persona algo bueno que esa persona no merece. La misericordia no te da lo que mereces, la gracia te da lo que no mereces. Es decir, más allá. nosotros merecemos la muerte eterna y es la misericordia de Dios que actúa en que no seamos condenados, pero es la gracia de Dios la que actúa al darnos muchísimas bendiciones espirituales en Cristo Jesús, en unirnos a Cristo Jesús, en la gracia de Dios. Es como si un ladrón fuera atrapado al robar un almacén y el dueño del almacén movido a misericordia no levanta cargos y lo perdona, pero aún más imaginá que el dueño del almacén lo hace su empleado y le confía la llave de su negocio.
Eso es gracia, no lo merece porque era un ladrón, pero se le dio misericordia y se le perdonó y no se le dio el castigo, pero se le dio gracia, se le dio algo que no merece. Eso es la gracia. Cuando hablamos de nuestra relación con Dios, nosotros transgredimos la voluntad de Dios, lo rechazamos y nos volvimos sus enemigos al vivir contrario a Dios. Merecemos el infierno, pero Dios en lugar de darnos lo que merecemos por medio de su Hijo nos perdona y nos da todo lo que no merecemos. Nos trata como si nunca hubiéramos pecado, como si siempre hubiéramos obedecido, como si hubiéramos sido hijos e hijas perfectas en todo.
Eso es gracia. ¿Cómo puede ser que Dios nos trate de esa manera a nosotros si hemos pecado? ¿Cómo puede ser? Y esa es la gran pregunta de la historia de la salvación. ¿Cómo puede ser que Dios perdone, adopte, acepte a pecadores que han faltado contra Él y aún siga siendo justos? Bueno, la respuesta no es un concepto, es una persona. La respuesta es una persona, es Jesucristo. Jesucristo es la respuesta a eso. Jesucristo es el Salvador, el Hijo de Dios. Si no fuera por Jesús, su muerte, perdón, su vida, su muerte y su resurrección, hubiera sido imposible que Dios nos muestre misericordia y gracia y al mismo tiempo fuera perfectamente justo.
Porque la justicia de Dios requiere que el culpable sea condenado. Entonces lo que Dios hizo para perdonar al pecador y seguir siendo justo es que Él mismo asumió el castigo de nuestros pecados y Él mismo tuvo que vivir la vida perfecta en obediencia en nuestro lugar para luego ponernos a nuestra cuenta esa vida. Cuando pensamos en nuestra salvación, si estás en Cristo, lo más maravilloso de nuestra salvación no es el cielo, no son las calles de oro, no son las perlas preciosas. Lo más maravilloso de nuestra salvación es Jesús. Jesús es el centro de esa salvación. Sin Jesús todos estamos completamente perdidos, sin esperanza, impotentes, porque no pudiéramos hacer absolutamente nada.
Jesús vivió toda su vida en perfecta obediencia a Dios en todos los aspectos. Una vida que nosotros jamás pudiéramos vivir por causa de nuestra naturaleza pecaminosa. Pero Jesús, como es Dios hecho hombre, concebido por el poder del Espíritu Santo, nació sin pecado ni condenación. Y vivió cumpliendo absolutamente con toda la voluntad de Dios cada uno de los días de su vida, cosa que Adán no pudo hacer, nuestro primer representante. Jesús vivió como el hijo perfecto de Dios en los deseos más íntimos de su corazón y en sus acciones más públicas y multitudinarias. Jesús jamás pecó. Jesús jamás pecó.
Si Jesús hubiera pecado, Él no pudiera haber salvado a nadie, ni siquiera a Él mismo. Pero la doctrina de la impecabilidad de Cristo es el centro también del Evangelio. Nadie puede ser cristiano si no cree en la doctrina de la impecabilidad de Cristo. Es decir, que Cristo nunca pecó. Jesús no fue un gran maestro y tenemos que mirar sus enseñanzas. Sino que el autor de los hebreos nos dice que Él tiene una vida indestructible, inquebrantable. Su vida es la que brilla en la justicia de Dios. Pero por otro lado, Él recibió el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Dios es justo y el pecador debe recibir su castigo.
Por lo tanto, Jesús ocupó nuestro lugar muriendo bajo la ira de Dios en la cruz, siendo inocente y perfectamente justo. Allí ocupó nuestro lugar y fue contado como pecador, llevando nuestros pecados, muriendo en nuestro lugar, cumpliendo nuestra condena y satisfaciendo la ira de Dios por nosotros. De tal manera que si estás en Cristo, nuestra condenación ya no existe. Somos perdonados y aceptados ante Dios, reconciliados con Él y ahora somos sus hijos. ¿Por qué Dios hizo eso si Dios no nos debe nada? ¿Por qué Dios hizo eso si éramos sus enemigos? Bueno, la respuesta está en el pasaje, su gran amor con que nos amó.
Su gran amor es lo que le dio la señal a su misericordia y a su gracia para que actúe. Por causa de su gran amor, Él mostró su misericordia y Él mostró su gracia. Los atributos de Dios presentes en este texto son un montón. Vamos a estudiar los atributos de Dios. La ira, la justicia, el amor, la gracia, la misericordia y son todos perfectamente sincronizados en Dios. Y es por causa de su gran amor que Dios quiso salvarnos. Dios es amor. Él quiso salvarnos. Nosotros no lo obligamos a salvarnos. Nosotros no lo forzamos a salvarnos. Nosotros no lo recibimos a Él en nosotros. Sino que Él quiso salvarnos.
Y la manera en que Dios mostró su amor para con nosotros, como dice Romano 5, es que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. Dios mostró su amor en su misericordia y en su gracia. Y todo eso se hace visible solamente por la persona de Jesús y su Evangelio. ¿Querés conocer la justicia de Dios? Mirá la cruz. ¿Querés conocer la gracia de Dios? Mirá la cruz. ¿Querés conocer la santidad de Dios? Mirá la cruz. Cualquier atributo de Dios se perfecciona y muestra su clímax en la cruz de Cristo. Él es la máxima revelación de Dios. No solamente en su persona, sino a través de su obra, nos muestra quién es Dios.
Estábamos muertos, pero Dios nos dio vida. Eso es el Evangelio. El pero de Dios ante la condenación del hombre. Ante la imposibilidad de salvarnos por nuestros propios medios. Dios decidió interrumpir tu camino y mi camino al infierno poniéndose Él en medio y recibiendo el tiro mortal en su propio corazón. Él mismo recibió la ira que nos ha guardado. ¿De cuántas cosas nos salvó el pero de Dios? Íbamos a perdernos eternamente por causa de nuestros pecados. Pero Dios. Íbamos a sufrir los tormentos del infierno por siempre. Pero Dios. Íbamos rumbo a la muerte eterna sin ninguna esperanza de salvación.
Pero Dios. Jesús es el pero de Dios ante nuestra trágica condición espiritual. Pero Dios se traduce Jesús. Jesús. Pero Dios, aún cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia ustedes han sido salvados. Y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Es Jesús y sólo Jesús el autor de nuestra salvación. No somos salvos porque nosotros aceptamos a Dios. Somos salvos por Jesús. Y porque Jesús nos salvó. Y es el autor de nuestra salvación. Y porque por medio de su Espíritu Santo, Dios rompió nuestra incredulidad en el corazón.
Y nos hizo contemplar la gloria de Cristo. Segunda de Corintios 4. En el capítulo 1 que leímos en la lectura pública, Pablo describió el poder que levantó a Jesús de entre los muertos. Y lo sentó a la diestra en los lugares celestiales. Hablando del mundo espiritual. Hablando de sentado al lado del trono de Dios Padre. Pero ahora cuando Pablo habla de nuestra salvación, nos une a Cristo. Vemos la doctrina de la unión espiritual con Cristo. De tal manera que cuando Cristo fue levantado de entre los muertos, a nosotros se nos dio vida juntamente con Él. Hay una unión espiritual maravillosa y es un misterio entre los cristianos y Cristo.
Esa es nuestra salvación, nuestra unión a Jesús. Cuando Jesús muere en la cruz, la palabra nos dice que nosotros morimos con Él. Nuestra vieja naturaleza, nuestra vida de pecado. Que cuando Él resucita de la tumba, nosotros resucitamos con Él a una nueva vida. Eso ejemplifica el bautismo, ¿verdad? Y que así como Cristo es exaltado y sentado en lugares celestiales, así nosotros también en nuestra unión con Cristo estamos sentados en lugares celestiales juntamente con Él, solo que de momento estamos transitando una vida terrenal. Pero donde Cristo está, nosotros también estaremos. Esa es nuestra esperanza.
Nuestra salvación radica fundamentalmente en nuestra unión espiritual e indivisible con Cristo. Pablo lo explica al decir que se nos dio vida juntamente con Cristo. Subraye, marque, con Cristo. Que resucitamos con Él y que con Él se nos sentó en lugares celestiales en Cristo Jesús. Bueno, ahí cambia. Unidos a Él para siempre. Estamos con Cristo. Unidos con Él para siempre. En su muerte, en su resurrección, en su exaltación. Eternamente. Pero también se nos dice que estamos en Cristo. Es decir, escondidos en Él, vivimos en Él, existimos en Él y tenemos todas las bendiciones espirituales que le pertenecen a Él como el perfecto Hijo de Dios.
No solamente estamos con Él de tal manera que donde Él esté nosotros estaremos, sino que estamos en Él y cuando el Padre nos mira ve a su Hijo. Espiritualmente, Jesús es la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Jesús es la piedra angular de la cual todo el edificio se sostiene y se edifica. Y Jesús es el buen pastor del rebaño que es su pueblo. Jesús es todo en todos. Con Cristo, hermanos, tenemos todo. Pero sin Cristo no tenemos nada. No importa absolutamente nada en tu vida. Ni cuántas posesiones materiales tengas. Ni cuánto dinero tengas en tu cuenta de banco. Ni cuán exitoso sos en tu carrera.
Ni cuán buen trabajo tenés. Ni cuán preciosa familia tenés. Ni cuán bueno te comportás. No importa absolutamente nada en tu vida. La única pregunta que importa es si tienes a Cristo o no. Es Jesús y solo Jesús quien marca la diferencia eterna en nuestras vidas. El apóstol Juan lo dice tan claramente en 1 Juan 5.12. El que tiene al Hijo tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Punto. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Y muchos van a hacer el Hijo de Dios no tiene la vida. Y hay una puerta pequeña y hay un camino angosto que conduce a la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Déjame preguntarte, individualmente, a cada uno de nosotros. ¿Tenés a Jesús? ¿Has creído en Jesús para la salvación de tu alma? ¿Confías solo en Jesús para estar en paz con Dios?
Y si las respuestas son positivas, Hermano, ¿es Jesús tu mayor tesoro hoy? Quizás no. Pero eso no significa que no estás en Cristo. Porque somos salvos por gracia y no por obra. Pero si Jesús no es tu mayor tesoro hoy, debemos pedirle al Padre que Él cambie eso en nuestros corazones. Debemos arrepentirnos. Debemos identificar con qué nos estamos distrayendo en nuestra vida. Debemos identificar para qué estamos viviendo. ¿Es tu unión con Cristo lo que marca el rumbo de tu vida y el propósito por el cual vives? Fijate lo que Pablo dijo. Saber que estamos sentados en Cristo en lugares celestiales, ¿de qué manera cambia la forma en que miras tu día a día hoy?
Si estás en Cristo. Si estás en Cristo, entonces tenés que estar aguardando el momento en que esa última parte se cumpla. Y tenés que estar acomodando tu vida entera a ese momento. Si alguien viera tu vida, diría que esa es tu esperanza. Estas verdades deben romper nuestro corazón. Deben destrozar cualquier tipo de dureza espiritual, de apatía espiritual, de indiferencia espiritual. Quizás en otro tiempo vos podés identificar, bueno, en otro tiempo iba a la iglesia, asistía, estaba comprometido con Dios, ahora me enfríe, estoy apático, no sé si Dios me ama. No, no, no, recuerda el Evangelio. Estamos muertos, pero si tienes a Cristo, tienes la vida.
Reconcíliate con Dios. Vuelve a Dios de todo tu corazón. No hay lugar para el mundo en el corazón que atesora a Cristo. Alguien que se sabe uno con Cristo y con su pueblo vivirá de esa manera, en amor, en unidad con Cristo y con su iglesia. Quizás tus pecados te han entristecido esta semana. Quizás tu relación con Jesús no es la que te gustaría que fuese. Y tus anhelos no están tan centrados en Dios como quisieras. Pero déjame recordarte algo que este pasaje nos dice, ahí al pasar entre dos paréntesis, por gracia ustedes han sido salvados. Es el amor de Jesús que no depende de cómo fue mi última semana.
El amor de Jesús no depende si yo fallé o no fallé esta semana, si pude leer la Biblia como quisiera, si pude orar como quisiera, o si mis deseos en mi corazón se han enfriado por él. Es por gracia que hemos sido salvados y es por gracia que somos hijos de Dios. No porque lo merezcamos, no porque alcanzamos un grado de conducta piadosa donde merecemos que Él nos ame. No, nunca vamos a merecer su amor. Nunca vamos a merecer la gracia porque la gracia y el mérito no caminan juntos. Que no es lo mismo que decir que la gracia y el esfuerzo no caminan juntos. La gracia y el esfuerzo son muy buenos amigos.
Esfuérzate en la gracia. Pero el mérito y la gracia están en dos veredas distintas. Porque si es por méritos, es por obras. Y no vamos a llegar ahí, por eso vamos hasta el 7, pero el 8 al 10 habla de eso. Su amor por nosotros no se mide ni depende de lo que hacemos o no hacemos. Mis faltas son muchas, su gracia es mayor. Mi amor es débil, su gracia es mayor. Mi fe flaquea, su gracia es mayor. Debemos aferrarnos a la gracia de Dios en Cristo Jesús. Hemos pecado, confesemos nuestros pecados y aceptemos su perdón por gracia. Nos sentimos con un corazón frío, meditemos en su gracia por nosotros para que nuestro corazón sea avivado.
Hemos estado viviendo más para nosotros mismos, arrepintámonos y busquemos vivir solo para Jesús por medio de la gracia que Jesús mismo nos da. Su gracia siempre nos debe acercar a Él sin temor a ser rechazados. Nadie tiene que acercarse a Jesús con el temor de ser rechazado, porque el que a mí viene dijo Jesús, yo no le echo fuera. No importa cómo te sientas o no importa cuán indigno te sientas de acercarte a Jesús, todos somos indignos. Y cuanto más indigno te sientas, mejor, porque mayor va a brillar la gracia y el amor de Dios. El punto es que no te vayas de este lugar sin acercarte nuevamente a Jesús.
Debemos vivir como una iglesia que está fundamentada en la gracia de Dios. No solamente nuestra relación vertical, sino también horizontalmente. ¿Cómo deberían verse mis relaciones con mis hermanos en Cristo si están fundamentadas en la gracia de Dios? ¿Cómo deberían verse mis relaciones en el hogar, en el matrimonio si están fundamentadas en la gracia de Dios? No tratamos a los demás según cómo creemos que lo merecen o según lo que hacen o lo que dejan de hacer, sino según lo que Cristo hizo por nosotros. Amamos sin condiciones porque fuimos amados sin merecerlo. Perdonamos cuando nos hieren porque hemos sido perdonados en la cruz.
Soportamos con paciencia las debilidades ajenas, sabiendo que Dios está obrando en ellos como lo hacen nosotros. Preferimos los intereses del otro por encima de los nuestros, como Cristo se entregó por nosotros. Nos servimos con alegría buscando siempre aquello que edifica, anima y glorifica a Dios. Caminamos con humildad, abiertos a ser corregidos, alejados del orgullo, llenos de ternura hacia los más débiles y atentos a la conciencia de nuestros hermanos por medio de la gracia de Dios. Y todo esto y mucho más no nace de nosotros. ¿Por qué? Porque estábamos muertos. Brota de la gracia de Dios, brota de nuestra unión con Cristo y solo es posible por el poder del Espíritu Santo en nosotros.
Y finalmente Pablo menciona cuál es el fin y el propósito de esta maravillosa salvación. En el versículo 7, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Dios quiere que por toda la eternidad, cada vez que se nos vea a cada uno de nosotros. Imagínate ahí en la eternidad Esther caminando y de repente los querubines se acercan a mirar a Esther. Que cada uno cuando estamos eternamente se nos mire y se pueda ver la gracia de Dios en Cristo. Que seamos vitrinas, ejemplos vivos de la gracia del Creador del Universo ha mostrado con sus enemigos, dando su vida por ellos, transformándolos en hijos amados por gracia.
Los ángeles no mueren. Los ángeles han estado desde el principio de la creación observando todas las cosas. Y según las Escrituras se nos dice que los ángeles anhelan mirar todo esto. ¿Cómo puede ser que estos eran sus enemigos y ahora han heredado el cielo? Esa es la gracia de Dios. Eso es lo que Dios está intentando. Lo que Dios está haciendo. Que por la eternidad seamos un testimonio de la gracia superabundante de Dios. Nosotros somos la vitrina donde las personas pueden contemplar la bondad de Dios y las riquezas de su gracia. Donde los ángeles y los demonios pueden atestiguar la gracia de Dios.
Donde todos los seres celestiales podrán contemplar cuán grande es el amor de Dios que ha mostrado su gracia para con nosotros. Hermanos, tenemos la oportunidad de mostrar al mundo lo que es vivir nuestras vidas fundados en la gracia de Dios. Hemos visto dos grandes realidades sobre la salvación que deben impulsarnos a vivir más para la gloria de Dios. si has venido sin Cristo, si has venido sin Cristo, estas verdades, estas dos realidades te tienen que hacer venir a Cristo. Arrepiéntete de tus pecados. Confía en Cristo. Ven a Cristo. Vive para Él. Y si estás en Cristo, que estas dos verdades vuelvan a encender el amor en tu corazón.
Que no te quede otra cosa en tu vida que no sea vivir para Él, para su gloria. Primero, Dios nos dio vida cuando estábamos muertos, perdidos, sin esperanza. Y segundo, Dios nos dio vida en unión con Cristo. Nos resucitó con Él. Nos sentó con Él en lugares celestiales. Y todo esto lo hizo por pura gracia, por el gran amor con que nos amó. Así que hoy mismo, decidamos en nuestros corazones vivir para la gloria de Dios. Oremos al Señor pidiéndole que nuestro corazón sea conmovido por el amor de Cristo y que el pecado pierda su atractivo en nuestra vida. Que esta semana, a partir de ahora, podamos vivir más como aquellos que han pasado de muerte a vida por medio de su gracia.
Oremos ahí, en nuestros lugares al Señor. Señor, solamente tu Espíritu puede traer tu palabra a nuestros corazones. Traer esperanza y propósito a aquellos que han venido sin esperanza y sin propósito. Solo la gracia puede traer segundas oportunidades a aquellos que piensan que han arruinado muchas, Señor. Solo tu gracia nos recuerda que no es por nuestras obras ni nuestros méritos, sino que es por tu gran amor. Que no importa cuán sucios nos sintamos, tu gracia por medio de Cristo nos limpiará. Solamente, Señor, debemos creer, debemos mirar a Cristo por la fe y creer en lo que Cristo hizo en la cruz.
Creer el testimonio del Evangelio. Y aceptarlo y recibirlo por la fe. Señor, obra en nuestros corazones para que seamos una iglesia que vive, que no solamente cree, sino que porque cree, vive la gracia de Dios. Pensando en los matrimonios, en la crianza de los hijos, en los hogares, en el trabajo, en la iglesia, en cada ambiente de nuestra vida. Que podamos vivir tu gracia, Señor. Porque de esa gracia hemos recibido. Creemos que Cristo sea exaltado, Señor. Y queremos darte gracias por Jesús, el pero de Dios, que vino a interrumpir nuestra condenación para darnos vida. Te damos gracias, Señor. En el nombre de Jesús.
Amén. Y amén.
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Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.