¿Qué enseña la Biblia sobre el pastorado? – Parte 3
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Vamos a ir entonces a la palabra del Señor, vamos a continuar en esta serie del Ministerio Pastoral. Nos quedan este y un sermón más y después volvemos a Lucas y volvemos a Lucas por un buen tiempo. ¿Por qué una serie sobre el Ministerio Pastoral barra Diáconos, que es la semana que viene? Porque la Iglesia necesita tener bien en claro que son los oficios, los únicos dos oficios que el Nuevo Testamento muestra, que son el oficio del pastorado y del diaconado. La Iglesia debe entenderlos bien, ¿por qué? Porque Dios les ha dado estos dos oficios como regalos para la Iglesia, son dones para la Iglesia local.
Entonces, como Iglesia debemos anhelar tener pluralidad de pastores y pluralidad de diáconos. ¿Por qué? Porque el beneficiado es la misma Iglesia. Es simplemente por eso. Cuanto más ojos, cuanto más servidores, con multiplicidad de dones, tenemos cuidando la Iglesia local. La Iglesia local es sumamente bendecida y prosperada espiritualmente por eso. Y entonces hay la necesidad de que cada miembro de la Iglesia, cada persona que escucha la serie, renueve su entendimiento y entienda qué es lo que estoy buscando cuando estamos buscando un nuevo pastor, un nuevo diácono, una nueva diaconisa. ¿Qué es lo que estamos pensando?
¿Cómo tiene que lucir? ¿Cómo tiene que ser su tarea? ¿Cómo tiene que ser su carácter? Exactamente eso. Si ustedes recuerdan, en Hechos capítulo 6, cuando había una necesidad de atender a las viudas que eran de los griegos, había requisitos. No es simplemente, bueno, tráiganme gente que pueda servir una mesa. Bueno, cualquiera puede servir una mesa, salvo que tenga algún problema físico. Pero no, había requisitos puntuales para el cuidado de las viudas en la Iglesia. Fíjense cómo Dios tiene cuidado de su pueblo, que Él pone calificaciones específicas para atender a viudas que necesitaban una repartición de alimentos diarias.
Entonces, bueno, Dios está al tanto del liderazgo de la Iglesia y características que tienen que existir. Bueno, eso ni siquiera era la introducción, porque era un bocadito que metí antes de ir al pasaje. Así que vamos a orar y vamos a ir al sermón de una vez. Señor y Padre, te damos gracias una vez más por poder estar expuestos a tu palabra y te pedimos que esto que estamos viendo, aprendiendo, recordando de tu palabra, Señor, pueda seguir ayudándonos en el proceso de entender qué es el liderazgo bíblicamente y cómo es el carácter de aquellos que tienen que liderar la Iglesia, Señor. Necesitamos entender eso para poder luego como Iglesia reconocer a aquellos que en medio nuestro vos estás levantando para esta tarea, Señor.
Queremos saber reconocerlos en medio nuestro, animarlos, alentarlos, Señor, a lo que se llama el llamado externo de la Iglesia a estos hombres que tienen el llamado interno puesto por vos, Señor. Así que oramos para que tu Espíritu Santo me ayude y nos ayude en el momento de la predicación de la Palabra. En el nombre de Jesús. Amén. Entonces, la semana que viene vamos a estar cerrando la serie con el carácter de los diáconos. Hoy vamos a hacer el carácter de los pastores. Son bastante similares. Bien, Primera de Timoteo 3 en nuestro texto podemos abrir nuestras Biblias. La lectura a nuestro hermano Javier lo leyó excelentemente, así que no vamos a leer el capítulo nuevamente, pero sí vamos a ir mirando lo que en este pasaje tenemos.
En Primera de Timoteo capítulo 3, junto con Tito capítulo 1, son los pasajes por excelencia donde hay listados de características de los pastores. Hay otros pasajes que nos hablan de los pastores, Hechos capítulo 20, Primera de Pedro capítulo 5, pero estos son como los textos por excelencia. Bien, Dios ha establecido entonces ciertos requisitos para aquellos que aspiran a ser pastores. En este pasaje nosotros tenemos 15 requisitos. Los voy a listar, luego vamos a ir viéndolos uno por uno, pero básicamente el pasaje nos dice, irreprensible, marido de una sola mujer, sobre o prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado la bebida, no pendenciero, amable, no contencioso, no avaricioso, que gobierne bien su casa, no un recién convertido y que tenga buena reputación para los de afuera.
Los 15 puntos que el pasaje nos plantea. Ahora, ¿te imaginás alguien que es contratado para servir como salvavidas, pero que simplemente le gusta tomar sol y ni siquiera sabe nadar? No, no. O un neurocirujano que solo ha visto series de televisión sobre cirugías y videos en YouTube. Quizás alguno se anima a hacer una mesa mirando un video en YouTube, de cómo hacer una mesa, pero distinto es hacer una cirugía, ¿verdad? Ninguno de nosotros en su sano juicio se pondría en una mesa de un quirófano en alguien que simplemente se pasa bastante tiempo en YouTube mirando cómo son las cirugías. Cuando no estamos preparados para una labor donde la vida de una persona está en riesgo, es muy peligroso.
Un salvavidas que no esté capacitado o un cirujano que no esté capacitado puede hacer mucho daño. Pero cuando hablamos de la eternidad de una persona. Es mucho mayor el daño que se puede hacer. Lo mismo pasa en la iglesia local entonces con los pastores. Nosotros deberíamos estar capacitados como miembros de la iglesia para evaluar a una persona que quiere ser pastor para poder ver si tiene lo necesario para hacer la tarea. O sea, no estamos buscando a Jesucristo glorificado y perfecto porque no existe, pero sí estamos buscando requisitos, calificaciones que tienen que estar por la tarea y por la importancia de la tarea.
Si ustedes leen después en sus casas al final de 1 Timoteo 4, cuando Pablo le está hablando de la palabra, de la predicación, de cuidar de ti mismo y de tu doctrina. Dice para que, ya me lo quise decir de memoria y me olvidé. Dice: "Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Perseveré en estas cosas porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan". No puede decir en serio. Sí. Porque si uno predica desde el púlpito un evangelio ahogado, las personas pueden estar súper contentas de que van al cielo para darse luego la trágica noticia de que no lo van a ir ahí.
Entonces, sí. Pablo está muy encarecido con Timoteo por la tarea porque le dice: "Tené cuidado de vos mismo, de tu doctrina, de tu enseñanza, porque así vas a salvarte vos mismo y salvar a los que te escuchan". Entonces, hay una tarea que tiene que ver no solamente con esta vida, sino también con la venidera. Si lo agarramos a cualquiera de ustedes y le decimos: "¿Qué se espera de un hombre para estar preparado para ser pastor?", deberían estar calificados para poder decirlo. Está en la palabra, necesitamos aprenderlo. ¿Por qué? Porque la Iglesia necesita saber qué se necesita. ¿Por qué perduran muchos falsos maestros en púlpitos durante décadas?
¿Por qué? En una gran parte de responsabilidad por la ignorancia de los miembros de esa Iglesia. Por la ignorancia o la complicidad, en todo caso, de los miembros de esa Iglesia. Pero nosotros no queremos ser así. Queremos entonces saber cómo darnos cuenta si un hermano de la Iglesia está preparado para ser mi pastor. Cómo darme cuenta si aquel que es mi pastor está cumpliendo con los requisitos bíblicos. Cómo puedo saber yo si estoy preparado para ser un pastor de la Iglesia. O qué debo crecer en mi vida para poder serlo. Entonces, acá tenemos Primera de Timoteo 3. Lo que provocó este texto en su contexto tiene mucho que ver con esto que estamos hablando.
Porque en el contexto de Éfeso, donde Pablo deja a Timoteo para que arregle cosas que hay en la Iglesia, uno de los principales problemas que está teniendo esa Iglesia es que en el cuerpo de ancianos, algunos ancianos se desviaron de la verdad y se convirtieron en falsos maestros y siguen pastoreando la Iglesia. ¿Se imaginan un cuerpo de ancianos donde la mitad son sanos y la mitad son falsos maestros? Porque se desviaron de la verdad. Bueno, eso pasaba en la Iglesia de Éfeso. Y Pablo lo advirtió en Hechos capítulo 20, cuando se despide de los ancianos de Éfeso, diciéndoles que entre vosotros se levantarán lobos, que no perdonarán al rebaño.
¿Se imaginan? O Jesús diciendo en la última cena, uno de ustedes me va a traicionar. Una cosa así. Se miraban entre todos los ancianos y decían, ¿quién yo? ¿Quién yo? Bueno, en Primera de Timoteo vemos a Imeneo, Fileto y nombres que aparecen ahí que eran ancianos de la Iglesia que se habían desviado de la verdad. Entonces, Timoteo necesita no solamente saberlo él, porque él ya conocía, porque él fue colaborador de Pablo, sino que la carta de Primera de Timoteo iba a ser leída a la Iglesia de Éfeso. Entonces, cuando la Iglesia de Éfeso leyera lo que el apóstol dice, cuando Timoteo se parara y dijera, vos y vos no podés pastorear más porque no cumplís con estos requisitos, la Iglesia debía apoyar a Timoteo.
¿Por qué? Porque no es ocurrencia de Timoteo. Pablo nos dejó escrito cuáles son los requisitos. Entonces, ese es el punto. Esto es algo bastante serio. Las iglesias locales necesitan pastores bíblicamente calificados para su salud espiritual y edificación. La tentación a veces es colocar hombres en posiciones de liderazgo por razones equivocadas. ¿Qué razones pueden ser? Bueno, es un líder carismático. Se lleva bien con todo el mundo. No le cae mal a nadie. Todo el mundo lo quiere. O sabe mucho de la Biblia. Se graduó en un seminario. ¿Cómo no va a ser pastor si incluso está más capacitado teológicamente que el pastor de la Iglesia?
No hay más nadie que quiera ser pastor. Esa es la peor. No, es que no hay otro hombre que quiera ser pastor. Fulano quiere ser pastor. Otra, es el hijo o el yerno del pastor. ¿Vieron eso? Los llamados a herencia arónica. No existe, pero lo quieren... Porque es el hijo o el yerno del pastor, entonces tiene que ser pastor. O es un gerente, un jefe en el trabajo, le va muy bien. Y entonces sí, puede ser pastor, puede administrar la Iglesia. O tiene el carácter fuerte y puede enfrentar a la gente problemática. O sea, a ese no lo van a pasar por arriba. Debería ser el pastor de la Iglesia. Van a volar los miembros por la ventana después.
Entonces, o podemos seguir parámetros meramente terrenales para poner líderes en las iglesias. Pero la realidad es que no tenemos derecho de hacerlo. Ninguno de nosotros tiene el derecho de cambiar a los requisitos porque la Iglesia no nos pertenece a nosotros. Nosotros somos la Iglesia, pero la Iglesia no se pertenece a sí misma. Nosotros no nos pertenecemos a nosotros mismos. La Iglesia le pertenece a quién? A Cristo. Cristo es la cabeza de la Iglesia. Cristo es el príncipe de los pastores. Y Cristo ha dejado en la Escritura cómo deben ser esos hombres que han de cuidar a su novia, que han de cuidar a su esposa.
Entonces, mucho cuidado tiene que ver con respecto a eso. No podemos nosotros colocar hombres simplemente porque hay amiguismo o porque hay familiaridad o porque nos cae bien o porque nos es conveniente. Entonces, el otro día salió el tema de conversación a, no sé, el pastor misionero que pone a alguien como pastor porque se quiere ir ya de ese lugar. Entonces deja... Yo he conocido iglesias con pastores misioneros, que no fue un ejemplo para nada, que el tipo se jubiló y se fue y la Iglesia quedó sin pastor. O sea, si te he visto no me acuerdo que se arreglen como pueda. No, no, no. Entonces, nosotros queremos establecer ancianos bíblicamente.
Y esa es la responsabilidad que tiene Timoteo. Establecer pastores que cumplan con esos requisitos y educar a la Iglesia de Éfeso para que ellos sepan a qué buscar en nuevos pastores. Los pastores no se imponen a la Iglesia. Eso es importante, Saúl. Yo no tengo la autoridad de mañana caer con Cristian y decir: "Hermano, Cristian ahora es el nuevo pastor de la Iglesia conmigo". Y el resto de la Iglesia mira y dice: "Bueno, si el pastor dijo... ya está". No, no, no, no. El pastor tampoco es dueño de la Iglesia. Cristo es el dueño de la Iglesia. Entonces, tanto el pastor como la membresía de la Iglesia tiene que evaluar a los candidatos, tiene que mirar conforme a la Palabra de Dios para establecer nuevos líderes.
Si eso ocurriera, la membresía puede llamar al pastor y decirle: "Pastor, espere un momentito, usted se salió del carril. Se está tomando atribuciones que no tiene bíblicamente. Usted no puede poner a dedo a quien usted quiera". Y el pastor tiene que agachar la cabeza y decir: "Sí, es verdad, porque bíblicamente no es así". Bien. Nosotros necesitamos pastores, entonces, bíblicamente calificados. Vamos a ver. Porque me voy del libreto y después me queda mucho. Nosotros hemos experimentado, lo he experimentado y probablemente ustedes también, lo que significa tener una mala experiencia con un pastor abusivo, un pastor inmoral, un pastor que no predica la Palabra, un pastor que se cree el dueño de la Iglesia.
Y en ese momento pensábamos que hacíamos bien sometiéndonos a ellos y no considerando los requisitos bíblicos para esa tarea. Entonces, ahí éramos tanto víctimas pero también responsables porque nosotros teníamos una Biblia en nuestras manos. Entonces, ¿qué Dios espera de los pastores? ¿Qué debo yo como miembro esperar de un hermano que pueda ser mi pastor? Bien. Vamos al texto directamente. Versículo 1 del capítulo 3. Palabra fiel es esta: "Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer". Pablo utiliza varias veces esta fórmula de palabras fieles esta y es como para poner un énfasis en la declaración que está por hacer.
O sea, que nadie diga lo contrario. El que anhela ser un obispo está deseando algo bueno. Está deseando algo bueno. Y probablemente uno puede escuchar decirle a alguien: "No, no. ¿Vos para qué te vas a meter de pastor? Te vas a llenar de problemas. Te van a llamar a cualquier hora. Vas a tener que hacer un montón de cosas". No, no, no. Y esto nos reímos. Pero es cierto, yo lo he escuchado. ¿De verdad querés ser pastor con todos los problemas que uno tiene? Yo creo que lo han mencionado pastores que me han dicho a mí que querían dedicarse a otra área de la teología porque ya estaban cansados de los problemas de ser pastor.
Pero por eso necesitamos este versículo. Porque Pablo dice: "No, no. Nadie diga lo contrario. Palabra fiel es esta. Si alguien aspira al cargo de obispo, lo que esa persona desea hacer es una buena obra delante de Dios". Porque Cristo es el príncipe de los pastores. Del grupo de pastores Cristo es la cabeza y el principal. Por lo tanto, cuando somos llamados al ministerio pastoral, somos llamados a fugir en la persona de Cristo hacia la iglesia. Por eso Pablo dice: "Yo completo los sufrimientos de Cristo por la iglesia". Pablo dice: "Cristo ascendió a los cielos, pero los pastores, yo y los colaboradores del ministerio seguimos sufriendo por la iglesia".
Segunda de Corintios, Primera de Corintios. Vemos ahí el sufrimiento de Pablo por una iglesia ingrata, una iglesia desagradecida, etcétera, etcétera. Pero Pablo seguía invirtiendo en ellos, seguía teniendo las cicatrices de Cristo en él, dice Pablo. Por lo tanto, aspira a una buena obra, la obra del Episcopos. No vamos a desarrollar eso, ya lo vimos anteriormente. Aquí el que supervisa, dirige y cuida el rebaño de Dios. Un obispo es un pastor anciano. Pastor MacArthur señala que aspirar al pastorado en el primer siglo no era algo atractivo, para nada. Cito: "En la época de Pablo, al pastorado no se entraba con facilidad.
Hoy en día las personas entran al ministerio por diversas razones y no todas ellas son dignas de encomio. Algunos entran por dinero, otros por seguridad de trabajo, prestigio, respeto o el privilegio de trabajar con cristianos u otras motivaciones inadmisibles. Sin embargo, en la iglesia primitiva, las condiciones eran muy diferentes. Había poco dinero que hacer, ya que las iglesias eran pobres y pocos eran los cristianos que eran ricos. El ministerio no era una posición de prestigio en la sociedad, ya que los cristianos, y en especial los predicadores, eran rechazados y despreciados. Y como la iglesia era a menudo blanco de persecución, los que estaban en funciones de liderazgo arriesgaban su vida".
Fin de la cita. Eso sigue siendo cierto hoy en muchos contextos del mundo. MacArthur habla de un contexto en Estados Unidos, donde muchas veces el pastorado es un trabajo que encuentro en un listado de ofertas laborales y yo puedo aplicar para ser pastor de una iglesia, con un determinado sueldo, con determinada, no sé, una casa pastoral, un auto pastoral, etc. Entonces a veces eso motiva otras cuestiones del corazón para entrar al ministerio, a una seguridad económica, etc. Pero la realidad es que nosotros nos parecemos bastante a la iglesia del primer siglo, porque alguien que quiera ser pastor, un buen pastor digo, no un falso maestro, sino alguien que quiera ser un buen pastor tiene que entender que no va a entrar al ministerio porque va a hacerse rico.
Porque esto de que las iglesias eran pobres y no muchos eran ricos los cristianos aplica también para la iglesia en Argentina normalmente, la iglesia cristiana de sana doctrina. Y lo mismo aplica en países como en India, como en China, como en el norte de India, perdón, como Afganistán, Pakistán, en todos esos lugares no es tan sencillo entrar al ministerio pastoral. Uno dice, quiero ser pastor, bueno, tengo que saber que puedo morir mañana y tengo que estar bien con eso. Yo estoy en diferentes redes de pastores a nivel mundial y en alguna de esas redes nosotros tenemos acceso a un directorio que está con contraseñas bien cuidado de posiciones disponibles para pastorado.
Iglesias que no tienen pastor y están buscando un pastor al lado. Países, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, etcétera, etcétera. Ahí se te acaba el deseo, ¿no? Si ves, no sé, Washington, Orlando, Miami y abajo Afganistán. ¿A dónde te sentís llamado, no? Ahí está nuestro corazón. El punto es que es ese, el ministerio pastoral tiene que ver con eso. Cuando van a buscar en la iglesia secreta, en las iglesias ocultas de China, cuando hay una redada y la policía finalmente descubre una reunión al que se llevan, adivinen a quién es. Al pastor. Así que hay que pensarlo dos veces. La palabra aspirar y anhelar da la idea de alguien que se estira por agarrar algo, que se esfuerza por algo, que lucha por algo, que desea algo.
Es un anhelo en el corazón de esa persona. Y la palabra deseo, buena obra desea, se puede traducir como un apasionado impulso dentro de él, una vocación, un llamado interno para el ministerio pastoral. Digamos que esta persona que siente un llamado interno no se imagina sirviendo a la iglesia de otra manera, o sea como alguien que cuida la iglesia, alguien que pastorea la iglesia. Está dispuesto a pagar el precio, está dispuesto a ser criticado, está dispuesto a un montón de cosas que vienen adjuntados porque ama la iglesia. Y quiere asumir ese punto, ese rol, ese trabajo. Eso es lo que se conoce como un llamado interno, como un deseo interno.
Ahora, el llamado interno tiene que ser respaldado por un llamado externo. ¿Cuál es el llamado externo? Que la iglesia vea en esa persona que sí, que hay características para el pastorado. Algún hermano de acá puede sentir un llamado interno a dirigir la alabanza y cuando canta un domingo toda la iglesia hace un llamado externo para removerlo de ahí. Porque evidentemente no califica para eso. Y ese es el punto, por decirlo de una manera. Yo puedo tener un llamado interno a ser el líder de alabanza, pero si no puedo entonar una nota evidentemente en la constitución y en la providencia divina en mi vida, Dios no quiere que yo funja de esa manera.
¿Se entiende? Es lo mismo. Entonces cuando Dios, si Dios me ha llamado para el ministerio pastoral, Dios va a ir acomodando mi vida, mi carácter, todas las circunstancias de tal manera que sea evidente para el resto que Dios me ha llamado a eso. Es lo mismo. Bien. Estoy tratando de acortar el sermón. El hombre que ha sido de veras llamado al ministerio se caracteriza tanto por una pasión interna que lo consume y como por una búsqueda de disciplina exterior. Para él, el ministerio no es la mejor opción, es la única opción. No hay otra cosa que pueda hacer con su vida que lo pueda satisfacer. Por consiguiente, trabaja con diligencia a fin de prepararse para ser competente para el servicio.
Aunque algunos pueden recibir el llamado tardíamente en la vida, desde ese momento en adelante no harán otra cosa. Cuando hay un llamado de Dios para el ministerio, eso se va a convertir en la meta para esa persona. Va a estar siempre ahí. Siempre no va a poder descansar o vivir su vida sin pensar en ese aspecto. Muchos de nosotros, por razones de llamado, de vida, de voluntad de Dios, no están levantándose pensando en el llamado del pastorado, acostándose pensando en eso. No. Para los que el Señor llama, normalmente va a ocurrir de esa manera. No es un anhelo por un título, ni por una posición, ni por el respeto.
Es un anhelo de servir al Señor y a la Iglesia. De ser el último, el más pequeño. Y eso repercute en el bienestar espiritual de los que están a su cargo. El pastor anhela el bienestar de las ovejas, tanto de las más bonitas como de las más difíciles y de las más complicadas. De las que se pierden fácil o de las ovejas que muerden. Hay varias de esas. No, no acá. Hay varias de esas. La labor pastoral requiere sacrificio y abnegación de parte de ese hombre. El pastor vela todo el tiempo por sus ovejas, pensando en el rebaño constantemente, aunque esté lejos de vacaciones. Es una obra que debe ser llevada a cabo.
Y es una buena obra. Eso es lo que el texto nos dice. Es una buena obra que ese hombre requiere hacer. Entonces, continuando con los requisitos de Pablo, el que sigue a continuación es irreprensible. ¿Qué significa alguien que es irreprensible? Básicamente es una cualidad en la vida de un individuo en contra del cual no se puede hacer ninguna acusación justificada. El punto de irreprensible es que la persona en estas áreas que Dios está determinando no es un hipócrita, no vive una doble vida, no está descalificado. No es que es perfecto, no lo es, simplemente que no es un hipócrita y que estas áreas en su vida existen, están.
Oportunidad de mejor, por supuesto, pero están en su vida. No significa impecabilidad. Los pastores son hombres sujetos a pasiones, como Elías. Elías un día estaba degollando a los falsos maestros de Baal y al otro día estaba en una cueva queriendo morir, deprimido. Entonces, somos pecadores. Lo que se espera de los pastores no es perfección, sino integridad, madurez. Que exista eso en su vida, que sean genuinos. Bien, Pablo menciona al respecto en su propio ministerio, en 2 Corintios 6:3, dice: No hay un motivo de tropiezo en la vida de ese hombre de tal manera que el ministerio que lleva a cabo sea desacreditado.
Hay irreprensibilidad. Entonces, irreprensibilidad también, se ha dicho muchas veces, es el paraguas en el que encajan todos los otros requisitos. Porque en cada uno de esos requisitos debe ser irreprensible o en la totalidad de estos requisitos se debe encontrar irreprochabilidad. El segundo de los 15 que yo mencioné al principio es marido de una sola mujer. La traducción literal del griego es hombre de una sola mujer. El punto no es si el hombre es viudo, si se divorció antes de conocer al Señor, etc. Sino que habla de fidelidad matrimonial. Es un hombre que es fiel a su esposa, que en el área sexual es fiel a su esposa.
Y aunque no es un requisito el estar casado para ser pastor, se entiende que en lo normal los pastores van a ser casados. Porque es lo normal de la sociedad. ¿Existen hombres solteros sirviendo al Señor? Sí, pero cuando uno agarra el gráfico de torta es un porcentaje mínimo. Entonces Pablo está dando una caracterización general. Los pastores deben ser hombres fieles a sus esposas. Deben guardar una conducta respetuosa y pura ante el sexo opuesto, que su corazón y su mente están reservados solo para su esposa. Y obviamente esto no aplica solo a los pastores, aplica a toda la congregación. Todos debemos tener recaudos y tener cuidado en cómo nos manejamos con hermanos del sexo opuesto en la iglesia local.
Viviendo con toda pureza e evitando situaciones incómodas o comprometedoras. El tercer punto es sobrio. Debe ser una persona moderada, que no se deja llevar por los excesos. No es pendular. El término se refiere a alguien sin vino o no mezclado con vino. Lo que implica que no abusa del alcohol ni de cualquier otra cosa que pueda nublar su juicio. Un pastor debe ser capaz de pensar con claridad, de poseer buen humor, pero al mismo tiempo ser consciente de los límites de la sobriedad. No puede ser un pastor el bufón de la iglesia. No puede ser eso. Tiene que tener buen humor, sí. Tiene que poder reírse de sí mismo, sí, claro que sí.
Si no, ¿qué va a hacer con toda la lluvia de críticas que le van a venir? Se va a deprimir y se va a morir. Entonces tiene que tener algún sentido de humor sobre sí mismo. Pero no tiene que ser una persona que ha dejado de ser sobrio o moderado. Tiene que ser, cuarto punto, prudente. Es una persona que vive con prioridades ordenadas, que busca vivir primero para la gloria de Dios. Que no se precipita a arrojar juicios sobre las cosas, sobre las personas. Evalúa, considera, examina, toma decisiones a la luz de la palabra y pensando en el bienestar de aquellos que debe cuidar. Y aunque esas decisiones que tomen no le sean convenientes a él o reciba críticas por tomarlas.
Y esto es importante. Los pastores no pueden vivir con el temor a los hombres porque muchas de las cosas que los pastores hacen al general de la congregación pueden no gustarle. Dios no ha llamado a los pastores a ser el mejor amigo de cada miembro, sino que ha llamado a los pastores a cuidar la iglesia local. Pablo dijo, si yo quisiera agradar a los hombres, ya no serviría a Cristo. ¿Por qué? Porque Pablo entendía que agradar a Cristo muchas veces va a ser desagradar a los hombres. Y entonces un pastor no puede vivir bajo el temor de los hombres. ¿Puede luchar con el temor del hombre? Por supuesto, todos los pastores luchamos con el temor del hombre.
Pero no puede ser impulsado o gobernado por ese temor, sino por el temor de Dios. No es una persona impulsiva, precipitada, sino considera todos los escenarios antes de tomar una decisión. Sabe que está tratando con corazones que son frágiles y no puede actuar sin la prudencia. Entonces la prudencia es una característica del pastorado. Quinto, de conducta decorosa, que va de la mano de los anteriores, que tiene que ver con la conducta. Es un hombre ordenado en su vida. La vida de un pastor no puede ser un caos, sino que debe procurar tener orden en cada área de su vida. ¿Por qué? Porque por lo general va a tener poco tiempo para las cosas que quiere hacer.
Entonces debe maximizar su tiempo, maximizar sus esfuerzos, maximizar sus recursos. Tiene que ser estratégico de la manera en que usa su tiempo. Entonces yo he tenido a conversaciones con pastores donde se pasaban toda la semana visitando y haciendo consejería con miembros y luego luchaban para otras áreas de la iglesia que tenían que cuidar. Entonces el punto era, bueno, probablemente para cuidar mejor a la congregación debes empezar a visitar menos a los hermanos y pasar más tiempo haciendo otras cuestiones de administración de la iglesia que son importantes. Como planificación, como entrenar hombres, como esto, como lo otro.
Hay modelos a veces de iglesias donde un solo pastor por 40 años está cuidando la misma iglesia local y nunca tiene tiempo de entrenar a otros hombres porque la iglesia misma le consume el tiempo. Entonces no está siendo sabio en la manera en que organiza su tiempo y su vida. Porque si no puede ordenar su propia vida, nuevamente, ¿cómo ayudará a traer orden a la casa de Dios? La idea es que al ver su vida la gente puede decir, ese hombre refleja lo que predica en su manera de hablar, en cómo se viste, en cómo vive. No perfectamente, pero sí de una manera genuina. Sexto, hospitalario. La casa pastoral no puede ser una fortaleza cerrada.
O sea, no puede ser que yo me acerco a la casa del pastor y hay un río, hay cocodrilo. Nunca puedo ir a la casa del pastor. Ah, no. Sino que tiene que ser un buen anfitrión. Su hogar debe ser, y esto lo hemos experimentado con mi esposa, un refugio de gracia para las personas que llegan ahí. A veces hay personas pasándola mal, de verdad. Y cuando llegan a la casa del pastor tiene que ser un lugar de gracia, un lugar donde se sientan recibidos. No estamos hablando de que el sillón sea acolchonadito, ni que tengan un rico café. No, estamos hablando de la actitud. Tiene que haber amor, tiene que haber gracia, se tienen que sentir cuidadas, amadas las personas que están en nuestros hogares como pastores.
Eso requiere un corazón generoso, hospitalario, aun cuando hay personas que uno no conoce. Un pastor estará gozoso de recibir a sus ovejas en su propio hogar y compartir con ellas su tiempo, su comida, su mate, su café. Va a abrir su propia casa así como abre su propio corazón. Ese es el punto. Ese es el punto. Si uno abre su corazón, va a abrir su propia casa. Asterisco. Claramente debe hacer eso cuidando a su familia. Si yo tengo gente en casa todo el tiempo, voy a dormir afuera. No sé, porque no es lo correcto. Debo cuidar a mi familia, a los hijos, uno tiene que coordinar los tiempos. Muchas veces con mi esposa hemos armado un calendario de decir, bueno, una vez por semana o dos veces por semana vamos a recibir alguna visita de la iglesia.
Pero tiene que ser en conjunto, en coordinación familiar. Pero la hospitalidad debe ser una característica de un anciano. Séptimo, apto para enseñar. Esta es la única calificación de desempeño, de tarea, de habilidad. Las otras son de carácter. Un anciano debe poder enseñar a la congregación. Esto es lo único que distingue a un anciano de un diácono. El diácono no requiere la escritura que sea apto para enseñar. Pero el anciano sí requiere que sea apto para enseñar. Los diáconos tienen la calificación de carácter igual que un anciano. Entonces, por eso muchas veces en las iglesias ustedes van a ver diáconos que enseñan y luego son ancianos.
Ocurre constantemente. Pero si un diácono no es apto para enseñar, bueno, que sirva como diácono. Pero si un diácono también es apto para enseñar, entonces puede servir como un anciano más de la congregación. La enseñanza es un don que el Espíritu da para poder enseñar la palabra. Debe ser alguien que ame la palabra, que busque conocerla, aprenderla, estudiarla, meditarla, vivirla y enseñarla a otros. Como Esdras 7.10. Esdras 7.10 nos dice que Esdras preparó su corazón para estudiar la ley del Señor, para practicar la ley del Señor y luego para enseñar la ley del Señor. Entonces, esa es la actitud.
La principal tarea del pastor va a ser predicar y enseñar la palabra de Dios. Y para eso requiere que estudie. Y el estudio va a requerirle tiempo, va a requerirle recursos, va a requerirle capacitación. Y la iglesia siempre es importante que esté velando para que los pastores o aquellos que aspiran a pastores tengan lo necesario para poder servirles. Entonces, yo les puedo asegurar, porque he estado en diferentes estamentos de esto, les puedo asegurar que un pastor que tiene solamente su Biblia o tiene una Biblia de estudio y un pastor que tiene una biblioteca de comentarios sobre el libro que está estudiando va a poder darles un mejor sermón que el otro.
No porque el otro no pueda predicarles la palabra, amén que sí, pero luego si tiene más recursos va a poder hacer mejor la tarea. Es simplemente eso. Y una aclaración es, ser apto para enseñar no significa que tiene que ser Sugel Michelén. O sea, no significa que sea Miguel Núñez. Lo que significa es que cuando esa persona enseña las verdades bíblicas, las personas que están ahí entienden y aprenden las verdades bíblicas. Después, es cuestión del pastor que pueda pulir su capacidad de enseñar, de predicar, de ser más, quizás, llevadero, lo que sea. Son cuestiones secundarias. Lo principal es que el pastor pueda enseñar la palabra, aun si es medio torpe para hacerlo, y que la iglesia pueda aprender de ese hombre.
Es eso. Yo he visto pastores que cuando empezaron su primer sermón era para dormirse o ojear una revista de los monótonos que eran. Y luego, con el tiempo, es otra cosa muy distinta. Entonces, es una cuestión de enfocarnos en que Dios ha dado dones, personalidades y capacidades distintas. No todo pastor quizás va a ser el predicador principal en una iglesia, pero todo pastor tiene que poder predicar si fuera necesario. Octavo, no dado a la bebida. No puede ser alguien que sea borracho, tenga la fama de borracho o de bebedor en exceso. Ni que se junte, ni que su grupo de amigos sean borrachos o bebedores en exceso, porque eso hablaría algo también de él.
Debe ser una persona que puede beber, pero con suficiente moderación, de tal manera que siempre será dueño de sí mismo y toda su capacidad mental estará a su control. La Biblia no prohíbe tomar alcohol, pero está en contra de los excesos. Y esto es importante mencionarlo, porque hay muchas denominaciones cristianas que prohíben a los pastores tomar alcohol. Tienen que ser abstemios para poder ser pastores de una denominación. Eso no es lo correcto, no es bíblico. El punto es que uno puede decir: sí, pero así nos aseguramos de no andar complicándonos. No, no. Eso termina siendo fariseísmo. ¿Por qué?
Porque decir: no, pero en vez de moderarme, lo prohíbo. Entonces me aseguro de que nadie tenga un problema con eso. Pragmático sí, puede funcionar así. ¿Refleja lo que el texto dice? No, no lo refleja. Por eso, así como estudiamos el viernes en CCBP, nosotros tenemos que ir al texto a ver lo que el texto dice. No lo que nuestra tradición, nuestra denominación dice. ¿Jesús tomó alcohol? Sí. ¿Se emborrachó? No. Jesús tomó vino para la gloria de Dios. ¿Sí? Porque ya sea que bebas o comas, hazlo todo para la gloria de Dios. Y eso también nos habla de la moderación. Lo mismo también aplica para la comida, lo mismo aplica para cada aspecto.
Todos tenemos que ser moderados. El pastor no puede sentarse en el sillón a la mañana y mirarse diez maratones de series y levantarse a la madrugada sin saber cómo se llama. No, pero yo no tomo alcohol. Pero estamos en la misma. No refleja el espíritu del texto. Noveno, no pendenciero. No pendenciero. Literalmente significa que no da golpes. Un pastor no puede ser alguien que tenga arranques de violencia y que intenta arreglar las cosas a los puños. ¿Por qué? Porque va a tener muchas oportunidades para hacerlo. Entonces no tiene que ser, no tiene que ser pendenciero. Debe ser una persona serena, calma ante la crisis y la adversidad.
Incluso cuando va a haber, porque va a haber, cuando haya personas que los agredan verbalmente, los insulten o los agredan físicamente. El anciano no puede responder con violencia. No puede ser alguien que anda buscando provocar violencia. Ante una pelea o una discusión con un hermano y insulto y vamos a la esquina. No, no puede ser así el pastor. Tiene que ser pacificador. Tiene que tener una mecha muy larga para los conflictos de la iglesia. Décimo, amable. Una persona amable es considerada con los demás, es cordial en su trato, muestra cariño, afecto, pasa por alto las ofensas, busca lo mejor para los demás.
Es tierno, paciente con las ovejas, las trata con gracia, delicadeza, sabiendo que son amadas por Dios. No es una persona rencorosa que quiera la retribución del mal recibido. Como dije, va a haber muchas oportunidades de agravio, de que lo maldigan, de que se enojen sin razón, de que nos critiquen. Nuestra respuesta no puede ser buscar el mal, privarle el saludo a un hermano, ser indiferente a ese hermano, sino que el siervo del Señor debe ser amable. Yo he tenido circunstancias como pastor donde una hermana viene el domingo y me dice, pastor, estuve toda la semana muy enojada con usted. Muy enojada con usted.
Ah, bueno. Pero ya se me pasó, dijo. Y me di cuenta que no tendría que haber estado enojada con usted. Pero igual se lo quería decir. Y era como, ¿para qué me lo dijiste? O sea, no tenía ninguna necesidad. Pero eso va a ocurrir muchas veces. La gente se va a enojar porque de repente, no, el domingo el pastor no me saludó o no me contestó el mensaje que yo le mandé. Seguramente, porque él está pensando esto de mí, porque la verdad que la otra vez también me miró con mala cara y seguramente él pensará que yo debería irme a otra iglesia. Más, sí, me voy a ir a otra iglesia. Eso ocurre más de lo que ustedes se imaginan.
Entonces, no, el pastor es humano como ustedes. Se le olvidan las cosas, se le pierden los mensajes, así que no se preocupen. Si es urgente, llamen por teléfono. Número 11. No contencioso. No está dispuesto a pelear. No busca pelea. No es una persona conflictiva en el liderazgo. No es un diótrefes. ¿Recuerdan? Tercera carta de Juan. Diótrefes. No querés un pastor diótrefes. Que se adueñe de la iglesia, que diga, acá se hace lo que yo digo porque yo soy el pastor y se acabó. No, no. No querés un diótrefes. El pastor, aunque le busquen peleas, aunque busquen discusiones, aunque busquen crear conflictos, el pastor tiene que ser impermeable en ese sentido.
Tiene que ser impermeable. No prenderse a nada de eso. Ser un pacificador, guardián de la unidad del cuerpo. El pastor no puede haber bandos en la iglesia y de repente el pastor está en uno de ellos. No, no, no. Si hay bandos en la iglesia, el pastor está fuera de los bandos. No puede estar ahí. Él tiene que estar apoyando para que haya unidad en la iglesia local. Doce. No avaricioso. Un pastor no puede estar en el ministerio pensando que va a acumular riquezas. Y eso quizás, no sé si ocurrirá tanto acá, de lo que yo conozco me imagino que ocurre más en otros lugares, como por ejemplo Estados Unidos, donde hay mucha más riqueza en el ministerio si uno quiere ser pastor, pero no puede tener ese deseo de acumular riquezas.
El amor al dinero es el principio de todos los males. El pastor tiene que ser un ejemplo de generosidad, no de querer acumular para sí mismo, sino que practica que es mejor dar que recibir. No está en el ministerio por un deseo económico, sino por dar su vida por amor a Cristo. En muchas ocasiones el ministerio pastoral no será bien pago, habrá estrechez económica o incluso el pastor deberá poner de su propio bolsillo para servir a la iglesia y lo hará con un corazón agradecido y con gusto. Como Pablo dice, aún yo me daré a mí mismo, me gastaré a mí mismo por amor a vosotros. Punto número 13. Que gobierne bien su casa.
El pastor no puede ser el arcángel Gabriel en la iglesia y Lucifer en su hogar. No puede existir esa dicotomía. Debe ser la misma persona en todo lugar. Y la primera iglesia del pastor es su casa. Y ahí es donde debe ser un líder conforme a Cristo. Un pastor es un líder en su hogar. Su esposa lo respeta, lo acompaña, y sus hijos lo ven como una figura de autoridad. Que gobierne bien significa que gobierne bien significa que preside bien o que tiene a su casa sobre su autoridad. Si un pastor no puede ejercer autoridad bíblica sobre su esposa y sus hijos, cómo va a ser la casa de Dios que es la familia de la fe.
Debe tener un hogar que está siendo bien gobernado, que tiene las cosas en orden y una buena mayordomía sobre su dinero y sus posesiones. No es un ejemplo de perfección, sino pregúntale a mi esposa. Yo tengo muchas cosas que crecer como esposo, muchas cosas que crecer como padre. No estamos hablando de perfección, pero sí de que hay genuinidad, de que hay madurez, de que hay un deseo de agradar a Dios, de que camina a la luz de la palabra. Sabe pedir perdón, sabe modelar a Cristo, sabe guiar a otros con la palabra, puede otorgar gracia a otros. Su esposa puede afirmar que su esposo es un hombre de Dios más allá de su pecado, como alguien que no ha sido glorificado todavía.
Pero no hay nada en su vida que lo descalifica como pastor. Es un hombre que practica la gracia en el hogar. Los hijos del anciano reconocen la autoridad de su padre, lo respetan, lo honran. Su casa no es una rebelión, sino es un hogar en sujeción. No una sujeción impuesta arbitrariamente, sino una sujeción amorosa y voluntaria. No es como, yo soy el pastor y vos vas a hacer lo que yo te diga. No, es una autoridad llevada en amor, llevada voluntariamente, llevada en disciplina cuando es correspondiente con hijos pequeños. Punto número catorce. Ya estamos terminando. No un recién convertido. La palabra es neófito, en griego es una nueva planta.
Si alguna vez plantaron alguna plantita y recién brota la plantita, es muy frágil. Es muy frágil. El pastor no puede ser un nuevo creyente porque puede caer en el orgullo principalmente, es la advertencia del texto. Debe ser un hombre maduro de la congregación. Haciéndose es inflarse como una nube de humo. La idea es que el orgullo puede dominar al hombre y hacerle perder el juicio y la buena reputación del pastorado. Es el mismo tipo de caída que Satanás tuvo. La humildad debe ser la característica de un anciano. Y la humildad requiere tiempo y madurez cristiana. Un anciano no puede ser alguien que cree que se la sabe todas, que no escucha el consejo, que cree que siempre tiene la razón, sino que debe ser alguien que busca sabiduría en la multitud de consejos y entiende la humildad, la importancia y la responsabilidad que se le ha encomendado.
Moisés pasó 40 años en el palacio de Faraón, luego 40 años en el desierto pastoreando ovejas y Dios lo empezó a usar cuando tenía 80 años como profeta para su pueblo. No debemos esperar 80 años, pero el punto es que Dios va a encargarse de trabajar humildad en nuestro corazón para poder ser guiados por él, para guiar a su pueblo. Dios prefiere agarrar un hombre, romperlo y luego ponerlo como pastor. Porque ahí va a servir mucho mejor. Pero si lo deja como Moisés a los 40 años, se va a creer que él es el libertador. Y ahí perdimos. Entonces la iglesia necesita hombres quebrantados para que no caigan en la condenación del diablo.
Y por último, que tenga buena reputación afuera de la iglesia. Finalmente debe ser alguien que goce con una buena reputación entre la comunidad de no creyentes. Que sea un buen testimonio y adorne el evangelio. Que no viva una doble vida hipócrita. Aunque los no creyentes no estén de acuerdo con la fe de ese hombre, pueden decir que el tipo vive una vida bien. Que no es un hipócrita con lo que les está predicando. Que no puede acusarle de nada. De tal manera que no cae en las trampas que Satanás puede tenderle. El punto es que no, mañana llega Tincho al trabajo y dice voy a ser pastor de la iglesia.
Y todo el mundo le dice, vos vas a ser pastor de la iglesia. No debería ser así. Los no creyentes tienen que tener una buena reputación de aquel que aspira a ser un anciano. Bueno, ¿qué sucede si se ordenan pastores sin seguir estos requisitos bíblicos? Bueno, muchas cosas malas. Estos hombres, y puede haber aún con buenas intenciones. Imagínense un hombre que tiene buenas intenciones para la iglesia. Que ama a la iglesia. Pero que no cumple con los requisitos. Y la iglesia no se dio cuenta. Porque no estuvo prestado atención. Pero él nos ama, él nos predica, nos encanta este hermano, queremos que sea nuestro pastor.
Y entonces lo ponen de pastor, pero no tiene los requisitos bíblicos. Y aunque el hombre tenga las buenas intenciones, va a terminar lastimándose él y lastimando toda la congregación. Porque no se trata de buenas intenciones. Se trata de haber sido llamado y tener las características que se requieren. Cuando el pueblo pidió un rey, ¿qué ocurrió? Queremos un rey como tienen las otras naciones. Llegó Saúl. Pero Saúl no era el que Dios quería para ellos. Pero se veía, dice que era el más fachero, por decir de una manera, de todo Israel. Imagínense, era el rey. Pero no tenía el corazón correcto. Así se puede hacer mucho daño a la iglesia y un mal testimonio para afuera de la iglesia.
Y puede desalentar a aquellos que quieren ser pastores. Y si no terminar como diótrefes, abusándose de la congregación, tomando decisiones arbitrariamente, sin fundamento bíblico, creando divisiones y rompiendo la iglesia. Y se pueden terminar apartando de la verdad como Guimeneo y Alejandro, blafemando el nombre de Dios y desviando a las personas de la fe sincera en el Evangelio de Cristo. Entonces, hermanos, los requisitos están ahí, no para ser un obstáculo para los hombres que aspiran al ministerio, sino para que los hombres que aspiran al ministerio puedan aspirar a estos requisitos. Y si ven que no son hallados irreprochables, entonces, ocupar su lugar en la congregación, pero no el de ancianos.
Eso no es nada malo. Dios no ha llamado a todos los hombres de la iglesia a ser ancianos. Y podés tener todos estos requisitos y no querer ser un anciano. O podés tener todos estos requisitos y no ser apto para enseñar. Todos deberíamos aspirar a vivir una vida de esta manera. Son para cuidar a la iglesia y para cuidar a los pastores. La buena noticia es que por naturaleza todos nosotros estamos descalificados para servir como pastores. Somos pecadores. Nosotros nacimos descalificados. No para el ministerio, sino para el cielo mismo, para estar en una relación con Dios. Y es por la obra de Cristo en la cruz que nosotros somos limpiados de nuestro pecado y capacitados por el Espíritu Santo para vivir una vida que es imposible en nuestras propias fuerzas.
Los hombres por sus propias fuerzas no pueden crear estas características en ellos. Es la obra del Espíritu Santo en ellos. Hechos 20 dice que es el Espíritu Santo el que los coloca como obispos de la congregación. No son ellos mismos, no es la iglesia, sino que el Espíritu Santo los coloca ahí utilizando su vida y la congregación para eso. Primero los salva, luego obra en ellos, los santifica y por gracia los coloca en el ministerio. Como Pablo dijo que era por gracia, habiendo sido él un perseguidor de la iglesia. Por tanto, ningún pastor se puede jactar de ser pastor. Porque si es pastor es por la gracia de Dios.
Porque depende de él cada día. Y esto debe ser un ánimo para los hombres que están en este lugar, que anhelan el pastorado, pero se pueden ver abrumados por esta lista. La buena noticia es que Dios no está esperando que fabriques esto en tu vida porque no podés. Ni siquiera yo puedo sostener los requisitos bíblicos en mi vida. No, no, por nuestra fuerza no podemos hacer nada. La buena noticia es que Dios está esperando que vayamos a él en humildad, buscando caminar una vida más cercana a él, disfrutando de su amor y de su gracia para que estas cosas salgan como fruto de tu relación con Dios. Si procuras amar más a Dios con todo tu ser, vas a buscar ser más como Cristo.
Y al buscar ser más como Cristo, vas a crecer en estos requisitos sin buscarlo. Ese es el punto. ¿Quién encarna cada uno de estos requisitos? Cristo. Él es el buen pastor. Por lo tanto, cada pastor debería reflejar al pastor con mayúscula y quedar maravillado por el cuidado y el amor de Jesús. Si querés ser pastor, pasa tiempo admirando al buen pastor. Caminá con él, disfrutá de él y aprendé de él. Va a llegar el tiempo como iglesia donde deberemos examinar hombres que hoy son miembros para que sean pastores. Y a la luz de este sermón, el anhelo es que todos tengamos la capacidad de poder hacer eso.
O la capacidad de, si vemos hombres hoy en medio nuestro, que cumplen con estos requisitos, alentarlos y decirle, fulano, ¿no consideraste ser uno de nuestros pastores? Fulano, yo voy a orar por vos para que seas uno de nuestros pastores. Y aunque quizás falte tiempo para que eso ocurra, pero sí empezar a desarrollar un ojo que empieza a ver más allá de las apariencias, porque Dios no mira la apariencia, Dios mira el corazón. Y si estás en esta mañana acá y mirás, uy, están hablando de pastores. Hablamos al final del buen pastor. Y el buen pastor es aquel que da su vida por las ovejas. El buen pastor es Jesús.
Y Jesús vino a este mundo a dar su vida para que pueda haber perdón para nuestros pecados y para que podamos tener una relación con Dios por medio de él. Y quizás si viniste esta mañana sin Cristo, no tenés por qué irte sin el buen pastor en tu vida. Lo que tenés que hacer es arrepentirte de tu pecado que te separa de Dios y poner tu confianza en Cristo. El buen pastor que murió en la cruz por nuestros pecados para limpiarnos, para darnos vida. Que resucitó de la tumba para mostrar que su sacrificio fue aceptable delante de Dios. Y que hoy todo aquel que viene a Él en arrepentimiento y fe puede experimentar el regalo de la salvación y convertirse en una oveja de buen pastor.
Así que no lo dejes para mañana. Vamos a orar. Señor, te damos gracias por tu palabra y pedimos que nos ayudes como iglesia, como hombres. Necesitamos más pastores, pero queremos tener pastores conforme a tu palabra, Señor. Y de la misma manera, Señor, yo te pido por mi persona para que puedas seguir creciendo en cada una de estas áreas, Señor. No por mis fuerzas, porque sería imposible, pero sí por tu gracia, Señor. Te pedimos que nos guardes como iglesia de falsos pastores, de falsos hermanos, y que podamos vivir en todo y por todo para tu gloria, Señor. En el nombre de Jesús oramos. Amén.
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Pastorado
Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.