Santidad en la comunicación

Proverbios Sermones Individuales 23 Septiembre 2026 Greg Travis
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Notas del sermón

Santidad en la comunicación: oídos santos, labios santos

Texto bíblico: Proverbios 1–31

Bosquejo

I. Oídos santos: escuchar la voz correcta
II. Labios santos: hablar sabiamente

Resumen del sermón

La santidad cristiana alcanza todas las áreas de nuestra vida, incluyendo aquello a lo que prestamos atención y las palabras que salen de nuestra boca. Proverbios presenta repetidamente la importancia de escuchar la sabiduría de Dios y vivir de acuerdo con ella. En un tiempo en que miles de voces compiten por nuestra atención, necesitamos preguntarnos: ¿a qué estoy prestando atención y quién está discipulando mis pensamientos?

I. Oídos santos: escuchar la voz correcta

Proverbios nos llama a escuchar la sabiduría de Dios: “Da oído a la sabiduría, inclina tu corazón al entendimiento” (2:2). Esto implica buscar activamente su Palabra, rechazar las voces que conducen al pecado y escuchar humildemente la reprensión. La manera en que respondemos a la corrección revela mucho de nuestro corazón: el sabio escucha y aprende, mientras que el necio se defiende y se ofende.

En una época dominada por celulares, noticias, redes sociales y múltiples contenidos, debemos cuidar qué voces reciben nuestra atención. La pregunta no es solamente cuánto consumimos, sino quién está formando nuestros pensamientos. La voz que debemos escuchar por encima de todas es la de Jesucristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría.

II. Labios santos: hablar sabiamente

Lo que llena nuestro corazón termina saliendo por nuestra boca. Por eso los labios santos hablan la verdad, buscan bendecir y saben cuándo callar. Proverbios advierte contra la mentira, el chisme, las respuestas impulsivas y las palabras pronunciadas bajo la ira. A veces la sabiduría consiste precisamente en refrenar los labios.

Nuestra lengua no puede ser transformada por nuestras propias fuerzas. Necesitamos la obra del Espíritu Santo y el poder del evangelio. Al escuchar a Cristo y llenar nuestra mente con su Palabra, Dios transforma nuestro corazón y comienza a producir palabras que dan vida, consuelan, edifican y reflejan su carácter.

Preguntas de reflexión

  1. ¿A qué voces estoy prestando mayor atención y quién está discipulando mis pensamientos?
  2. ¿Estoy escuchando humildemente la reprensión bíblica cuando otros me corrigen?
  3. ¿Qué revelan mis palabras acerca de lo que hay en mi corazón?
  4. ¿Mis palabras dan vida y bendicen a quienes están más cerca de mí?
  5. ¿En qué situaciones necesito aprender a callar, escuchar y buscar al Señor antes de hablar?

Cita destacada

“La santidad se evidencia cuando prestamos oído a la sabiduría de Dios y usamos nuestras palabras para reflejar su carácter.”

Transcripción

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Les invito a abrir sus Biblias al libro de Proverbios. Vamos a estar viendo varios pasajes, pero si quieren abrir su Biblia en el capítulo 1 de Proverbios. Ahí arrancamos. Proverbios, capítulo 1. El título de este mensaje, Santidad en la Comunicación, oídos santos, labios santos. Esto va a ser un poco distinto a una predicación expositiva típica, porque el libro de Proverbios, frecuentemente cuando lo predicamos, una de las maneras de predicar este libro es predicar ciertos temas que se repiten, la pereza, el necio y el sabio, y ver todo lo que dice el libro. Y en esta ocasión vamos a mirar Proverbios, pero específicamente vamos a mirar el tema del oír y el tema del hablar.

Qué preciosa la última canción que nosotros cantamos. La realidad es que las buenas noticias del Evangelio son buenas noticias, pero recién cuando nosotros entendemos quién es Dios. Nuestro Dios es un Dios santo, tres veces santo. Es la única vez que vemos en las Escrituras que el atributo, un atributo de Dios se repite de esta manera tres veces. Isaías 6, estos seres angelicales, los serafines que tienen que taparse, los ojos que tienen que taparse, los pies, aunque ellos están sin pecado, están delante de la presencia del Dios triplemente santo. Entonces nosotros no podemos apreciar las buenas nuevas del Evangelio que proclamamos cada domingo, que celebramos cada domingo, si no entendemos también la realidad terrible que es que nuestro Dios es santo y que nosotros intentemos acercarnos a Dios así no más.

Es como un papel que busca acercarse al fuego y pretende no quemarse. Imposible. En la naturaleza ese papel frente al fuego se va a quemar. Entonces nosotros debemos recordar que como Isaías nosotros estamos arruinados delante de un Dios triplemente santo. Y es ahí donde el Evangelio se hace precioso. Porque nosotros nos acercamos a un Dios que no tiene nada que ver con el pecado. La idea de la santidad es estar separado del pecado justamente por la obra de Jesucristo. Justamente porque Cristo, y hemos cantado de esto también, ha provisto un camino para que nosotros nos acerquemos a ese Dios santo.

Y esa obra salvífica es una obra que Él ha hecho a favor nuestro. Nosotros no construimos nada en nuestra salvación. Pero esa obra salvífica tiene entonces una implicancia por el resto de nuestra vida de que nosotros somos llamados a caminar en santidad, de ser santos como Él es santo. La vida cristiana está llena de imperativos. Nosotros no somos pasivos en la santidad. De hecho, todas las cartas nosotros vemos este énfasis en el Nuevo Testamento donde vemos la primera parte doctrinal, todo lo que Cristo ha hecho, contemplamos, miramos, descansamos, nos gloriamos en esas verdades. Pero entonces hay imperativos que debemos obedecer.

Y está la opción de obedecer o desobedecer. Y frecuentemente en la historia de la Iglesia ha habido extremos de libertinaje por un lado y de legalismo por otro lado, de gracia barata por un lado y por otro lado de un énfasis, de tratar de obedecer nuestra fuerza. Así que digo todo eso a parar un poco de marco a este sermón que es un aspecto de nuestra santidad práctica de que a la luz del Evangelio, a la luz de lo que Cristo ha hecho a favor nuestro, una de las maneras que nosotros debemos de ser santos, porque la Biblia nos llama a ser santos en toda nuestra manera de vivir, nosotros ya no nos pertenecemos más.

Si somos de Cristo, hemos muerto a una vieja vida, luchamos todos los días con nuestro pecado, pero somos llamados a vivir santidad en todas las áreas. Así que hoy queremos mirar una área en particular, que es el área de la comunicación. Es el área donde nosotros todos los días luchamos con nuestra lengua. Y qué precioso el texto que escuchamos de Santiago 3, nadie puede domar esta lengua, ¿sí? Nadie. Entonces nosotros nuestra propia capacidad no podemos obedecer lo que vamos a escuchar, pero somos llamados a obedecer en el poder del Espíritu Santo activamente lo que Dios nos ha mostrado en su palabra.

Hace exactamente 150 años ocurrió algo que cambió para siempre la manera en que los seres humanos nos comunicamos. El 10 de marzo de 1876, Alexander Graham Bell estaba trabajando en un aparato que parecía imposible para su época. Un aparato que pudiera transmitir la voz humana. Bell estaba en una habitación y su asistente Thomas Watson estaba en otra habitación, suficientemente lejos, de tal manera que no podía escuchar la voz de Bell. Bell habló al aparato y dijo unas palabras muy sencillas, señor Watson, venga aquí, quiero verlo. Y de repente apareció Watson. Y ese fue un momento, wow, increíble.

Que una persona podía escuchar la voz en un lugar donde era imposible escucharla. Y de hecho ahí nació el primer teléfono. Eso fue hace 150 años. De hecho él le contó a su padre, ese día le escribió lo que había ocurrido y dijo que llegaría el día en que habría cables conectados a las casas, como habría cañerías de agua y de gas, y amigos podrían conversar unos con otros sin salir de sus casas. Y era radical eso, hace 150 años atrás. Pero creo que él no podría haber imaginado hasta dónde llegaría aquello. Ahora ni siquiera son cables. Hace 150 años el gran desafío era cómo podemos hacer para que una voz llegue hasta alguien que está en otra habitación.

Hoy el desafío que tenemos es cómo hacemos para decidir cuáles de las miles de voces que llegan hasta nosotros vamos a escuchar. Hoy llevamos el teléfono en nuestros bolsillos. Nunca en la historia de la humanidad tuvimos tantas voces competiendo por nuestra atención. Y en medio de todas esas voces hay una voz a la que Dios nos llama a prestar atención. De hecho, si vemos el capítulo 1, el versículo 8, las primeras palabras, ya cuando es el cuerpo del libro, porque los primeros siete versículos es la introducción, es toda una sección introductoria. Ya cuando el libro arranca en el cuerpo, en la esencia del libro, lo primero que dice el autor de Proverbios es esto.

Hijo mío, presta atención, esta frase en distintas maneras se va a repetir. Y es muy interesante porque el libro de Proverbios arranca con un padre que le habla a su hijo y le dice Oye hijo mío, ¿y saben cómo termina? El capítulo 31 termina con una mujer, con una madre que dice que esta mujer teme al Señor y abre su boca con sabiduría. El libro arranca con un padre diciendo oye y termina el capítulo 31 con una mujer sabia que teme al Señor que habla con sabiduría. Así que eso es algo que nosotros queremos mirar en el libro de Proverbios. Este concepto de cómo escuchamos, dónde prestamos atención a las distintas voces en aquel tiempo, una cultura que era muy de escuchar.

Hoy tenemos más maneras de prestar atención a voces, no solamente por medio de escuchar, sino por ver también. Pero cómo eso entonces afecta a lo que nosotros hablamos. Porque la sabiduría, mis queridos hermanos, entra por el oído, pasa por la mente, llega al corazón y sale por los labios. Nosotros tenemos que entender esta dinámica que vemos en las Escrituras y específicamente en el libro de Proverbios. Es interesante que Proverbios habla de nuestros ojos, capítulo 4.25, habla de nuestro corazón, 4.23, de nuestras manos, 31.20, y de nuestros pies. Es decir, la descripción es total de cómo nosotros debemos ser afectados por la sabiduría de Dios.

Porque la santidad abarca toda la vida. Hoy vamos a enfocarnos entonces en lo que va a aparecer una y otra vez en el libro de Proverbios, que es nuestros oídos y nuestros labios. Y la pregunta que tenemos que hacernos son dos preguntas, que quiero que piensen por medio de este sermón. A qué estás prestando atención, qué es lo que estás prestando atención, y esto incluye no solamente los oídos, porque hoy tenemos maneras por medio del celular, la tele, otras maneras de cosas visuales, pero que estamos prestando atención, y qué sale de tu boca. A qué prestas atención y qué sale de tu boca. Y lo que yo quiero predicar en este sermón, lo que quiero argumentar, la idea central es esta, la santidad, la santidad se evidencia cuando prestamos oído a la sabiduría de Dios y usamos nuestras palabras para reflejar su carácter.

No es la única área, pero es una área clave en nuestra vida cristiana, que nosotros se va a evidenciar nuestro caminar con Cristo, nuestra santidad práctica, cuando prestamos oído a la sabiduría de Dios y usamos nuestras palabras para reflejar su carácter. Así que hay dos puntos que tienen que ver primero con el oír y después con el hablar, y debajo de esos puntos va a haber subpuntos. Y si querés acompañarme van a ser varios pasajes en Proverbios, vamos a avanzar con cierta rapidez. Pero lo primero que queremos ver es este concepto de oídos santos. Dijimos que somos llamados a ser santos en todas las áreas y eso implica también lo que nosotros escuchamos y lo que nosotros prestamos atención.

Así que acá la exhortación es que escuchemos la voz correcta. Escuchemos la voz correcta. Tenemos miles de voces competiendo por nuestra atención y somos llamados como hijos de Dios, como discípulos de Cristo a escuchar. La voz correcta. Así que escucha, escucha la sabiduría de Dios. ¿Cómo escuchamos la voz correcta? Escuchando la sabiduría de Dios. Algunos proverbios que nos hablan de esto. Proverbios 1.20. Es interesante el uso de la personificación. Hay dos mujeres continuamente que aparecen en estos primeros capítulos que están buscando la atención. Y 1.20 dice, La sabiduría clama en la calle, en las plazas alza su voz.

Y después capítulo 1.33. El que me escucha vivirá seguro y descansará sin temor al mal. Proverbios 2.2. Da oído a la sabiduría. Inclina tu corazón al entendimiento. Es interesante que en el Nuevo Testamento vemos este énfasis de qué cosas estamos escuchando, qué cosas estamos prestando atención. Jesús, que dice frecuentemente después de haber enseñado algo. El que tiene oídos para oír, que oiga. Y que dice el libro Apocalipsis cuando termina de hablar las iglesias. Lo mismo, el mismo concepto. La importancia de prestar atención. A qué cosas estamos prestando atención. Romanos nos dicen en el Nuevo Testamento que la fe viene, ¿de qué manera?

Por el oír. Y eso no ha cambiado, no importa cuánto avance la tecnología. El medio de Dios es por medio de la predicación de la Palabra de Dios. Por medio de escuchar el medio por el cual Dios produce fe, salvación, santificación. Sigue siendo por medio del oír. Otro texto más. 4.20. Hijo mío. Un padre que le habla a su hijo. De hecho, el libro Proverbios es precioso para poder leer junto con tu hijo adolescente, poder hablar estos temas con tu hijo adolescente. Hijo mío, presta atención a mis palabras. Inclina tu oído a mis razones. Noten la insistencia. 5.1. Hijo mío, presta atención a mi sabiduría.

Inclina tu oído a mi prudencia. 8.6. 8.6. Escuchad porque hablaré cosas excelentes y con el abrir de mis labios rectitud. Y después 8.32 al 34. 8.32 al 34. Ahora pues, hijos, escuchadme. Escuchadme. Y hoy más que nunca tenemos un gran desafío con el déficit de atención, ¿no es cierto? Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos. Escuchad la instrucción y sed sabios y no la menospreciéis. Bienaventurado el hombre que me escucha, o feliz el hombre que me escucha, velando a mis puertas, hablando de las puertas de la sabiduría, día a día, aguardando en los postes de mi entrada. 18.15. 18.15.

El corazón del prudente adquiere conocimiento y el oído del sabio busca el conocimiento. Y un texto más en este punto. Escuchar la sabiduría de Dios. Escuchar la voz correcta. 22.17. Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios y aplica tu corazón a mi conocimiento. Noten las distintas maneras que dice lo mismo. Oye, escucha, presta atención, inclina tu oído. Mis hermanos, más que nunca hoy nosotros necesitamos escuchar esto porque tenemos un gran desafío de poder prestar atención por el tiempo que nosotros vivimos. La pregunta finalmente tiene que ver con esto. ¿Quién disipula? ¿Quién disipula tus pensamientos?

¿Quién disipula tus pensamientos? Dijimos que empieza con el oído y de ahí va la mente. Y de ahí el corazón y sale del corazón. Habla de la abundancia del corazón y habla de la boca. ¿Quién disipula tus pensamientos? Hace apenas unas semanas se publicó un estudio en el diario de La Nación. Este mes, mes de septiembre, lo llevó a cabo el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires junto con el ITBA. En la Ciudad de Buenos Aires se estudiaron más de 3.200 adolescentes de 83 escuelas y tenía que ver con el uso del celular. Pero el estudio no se hizo simplemente preguntándoles cuánto tiempo, sino que se les pidió que chequearan, como los celulares te permiten chequear el tiempo que han pasado, se les pidió abrir sus propios teléfonos y que ellos miraran el registro real del tiempo de pantalla.

¿Saben cuál fue el promedio? Seis horas y diez minutos por día. El promedio. Hay más y hay menos. Seis horas y diez minutos por día. De hecho, el artículo de La Nación menciona tres meses, es el tiempo total, 92 días completos, que adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires están mirando el celular. Tres meses de cada año. De hecho, cuando prediqué este mensaje, busqué las estadísticas en Estados Unidos y comparando las estadísticas acá, yo asumí que allá es peor. Pero en realidad Argentina es el cuarto país del mundo. Creo que está Sudáfrica, Brasil, Filipinas, en más tiempo de estar con una pantalla.

De todo el mundo. 53.8% es lo que se estima que son las horas que uno está despierto mirando el celular. Y este no es un mensaje sobre el uso del celular y porque, de hecho, los no cristianos ven esto también. Y esto no se soluciona simplemente con... Hay prácticas que cualquier persona crea la imagen de Dios va a beneficiarse. Pero simplemente es decir que nosotros tenemos un desafío particular en obedecer estos mandamientos de la Escritura en nuestro tiempo. La pregunta es, ¿quién tiene tu oído? ¿Quién tiene tu atención? ¿Quién está disipulando tus pensamientos? Para muchos de nosotros el teléfono también se han hecho estudios de esto.

Es lo primero que agarramos cuando nos despertamos. De hecho, ese es el desafío. Tenemos el... Quizás si usamos el despertador y entonces eso nos lleva a chequear un mensaje de WhatsApp o ver algo de TikTok o ver las noticias. Y comenzamos llenando nuestra mente con algo que no es la sabiduría de Dios. Claro, mis hermanos, nosotros podemos usar el celular para escuchar la sabiduría de Dios por medio de escuchar la palabra de Dios, podcast, sermones, etc. Pero en el celular nosotros tenemos muchas voces y nosotros tenemos que hacernos la pregunta, ¿quién disipula nuestros pensamientos? Como dije antes, nunca en la historia de la humanidad hemos tenido tantas voces compitiendo por nuestra atención.

Así que este pasaje se vuelve aún más relevante. Hijo mío, presta atención a mis palabras e inclina tu oído a mis razones. Oído santo, se escucha la voz correcta, escucha la sabiduría de Dios. No solamente debemos escuchar la sabiduría de Dios buscando, Señor, yo quiero escuchar primeramente tu voz. Y mi ánimo sería que cuando arranques el día, no leas la Biblia en un celular, no escuches la Biblia en el celular lo posible. Hay decepciones, por supuesto, pero la Biblia física tiene la ventaja de que no te va a aparecer ninguna notificación acá. No vas a estar distraído. De la misma manera, nuestra mente se puede distraer.

Debemos buscar escuchar la sabiduría de Dios. Y la otra cosa que podemos hablar en este punto es, y que vemos en Proverbios, es que somos llamados a rechazar las voces, rechazar voces que conducen al pecado. No solamente debemos ser proactivos en escuchar la voz del Señor, la voz de su sabiduría, sino debemos rechazar voces que conducen al pecado. Y Proverbios también tiene muchos ejemplos de esto, solo para darles algunos ejemplos. Proverbios 1.10 Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no consientas, no consientas. 17.4 El malhechor escucha a los labios perversos. El mentiroso presta atención a la lengua detractora.

19.27 Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción. Es decir, si vos haces eso, si dejas de escuchar la voz de la sabiduría de Dios, y te desviarás de las palabras de sabiduría. Como alguien dijo, la Biblia te mantendrá lejos del pecado, o el pecado te mantendrá lejos de la Biblia. ¿Qué música escuchás? ¿Qué voces captan tu atención? ¿Qué tipos de conversaciones disfrutás? Online y offline. ¿Qué tipo de contenido consumís? ¿Qué personas tienen una influencia sobre ti? Otro principio, ¿no es cierto? En el libro de Proverbios, el que anda con sabios será sabio. La compañía de los necios sufrirá. Así que debemos rechazar las voces que conducen al pecado.

Y la otra cosa que podemos aprender en este primer punto de escuchar la voz correcta, no solamente escuchar la sabiduría de Dios, rechazar las voces que conduce al pecado, sino escuchar humildemente la reprensión. Otra manera que Proverbios nos habla de cómo hemos de usar los oídos, es hacer algo que a ninguno de nosotros nos gusta, a ninguno de nosotros nos sale naturalmente, que es escuchar humildemente la reprensión de otros. Proverbios 9, 7 al 9. El que corrige al escarnecedor, atrae sobre sí deshonra. Y el que reprende al impío, recibe insultos. Seguro te ha pasado, tratás de corregir una persona que la Biblia lo describe de esta manera, y no tenés una buena respuesta.

La Biblia lo dice. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca. Reprenda al sabio y te amará. Da instrucción al sabio y será aún más sabio. Enseña al justo y aumentará su saber. Proverbios 15, 31 al 32. El oído que escucha las reprensiones de la vida morirá, perdón, morará entre los sabios. Proverbios 27, 5 al 6. Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto. Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo. Somos llamados a ser buenos amigos, buenos hermanos de la fe, reprendiéndonos bíblicamente. Hay un proceso, claro, hay una manera de hacerlo. Galata 6, de hecho, en el Nuevo Testamento nos habla a vosotros que sois espirituales.

En un espíritu de mansedumbre. Cuidándote que vos no caigas también en lo mismo. Proverbios 28, 23, último texto de este punto. El que reprende al hombre hallará después más favor. Es decir, ahora habla a la persona que toma la decisión de hacer algo que también es incómodo, es reprender bíblicamente a alguien. Dice que va a encontrar más favor que el que lo lisonjea con la lengua. Así que, ¿cómo sé si soy sabio o si soy necio? Observa cómo reaccionas cuando sos corregido. El necio se defiende, el sabio escucha. El necio se ofende, el sabio aprende. Escucha la voz correcta. Escucha la sabiduría de Dios.

Rechaza las voces que conducen al pecado. Escucha humildemente la reprensión. Y esto nos lleva al segundo punto, que tiene que ver ahora no con los oídos santos que somos llamados a tener, sino a labios santos. Habla sabiamente. Habla sabiamente. Primeramente, habla la verdad. También es interesante ver la cantidad de veces que el libro de Proverbios habla de esto. El tema de la mentira, el tema de la verdad. Proverbios 6, 16 al 19, dice que hay seis cosas que el Señor odia. Siete son una abominación para Él. Y noten en esta lista cuántas de estas cosas tienen que ver con la mentira. Ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, un corazón que maquina planes perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal, un testigo falso que dice mentiras.

Y el que siembra discordia entre hermanos. Proverbios 12, 19. Los labios veraces permanecerán para siempre, pero la lengua mentirosa solo por un momento. Y 22, perdón, 12, 22. Los labios mentirosos son una abominación para el Señor. Pero los que obran fielmente son su deleite. La mentira parece mucho. Apocalipsis, cuando describe el tipo de personas que se quedan afuera de la ciudad celestial, dice, los cobardes, los incrédulos, los abominables, asesinos, inmorables, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos. Tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Muy fuerte lo que la Escritura está diciendo. Está diciendo que si vos tenés una práctica constante de la mentira, tú no eres una persona regenerada. Vos no conocés, el tú lo uso de tener muchas personas mexicanas que vos no están acostumbrados. Vos no tenés una seguridad de que realmente Cristo te ha salvado, si vivís mintiendo, según Apocalipsis 21.8. Y cuando hablamos de mentira no pensemos solamente en inventar una historia completamente falsa. Podemos mentir exagerando, podemos mentir contando solamente la parte de la historia que nos hace quedar bien. Podemos mentir prometiendo algo que no tenemos intención de cumplir.

Podemos mentir diciendo estoy bien cuando queremos esconder algo que necesitamos confesar. Así que habla la verdad. Los labios santos hablan en el poder del Espíritu Santo, en dependencia del Evangelio, hablamos la verdad. Pero también hablamos para bendecir. Hablamos para bendecir. Nuestros labios deberían ser, como hijos de Dios, un instrumento que bendice. Miren algunos proverbios que nos habla de esto, de hecho un montón de textos, les cito algunos. Proverbios 10.11. Fuente de vida es la boca del justo. Qué lindo estar alrededor de alguien que está caminando con el Señor porque su boca es una fuente de vida.

Pero la boca de los impíos se encubre de violencia. Proverbios 10.21. Los labios del justo apacientan o alimentan a muchos. Pero los necios mueren por falta de entendimiento. Proverbios 15.1. Nos habla no solamente del contenido de los labios de aquellos que buscamos agradar al Señor, sino el tono. La suave respuesta aparta el furor. La palabra hiriente hace subir la ira. Proverbios 16.24. Panal de miel. Son las palabras agradables. Tus palabras son agradables. Dulce al alma y salud para los huesos. Y el texto que mencioné antes, al final del libro, Proverbios 31.26, de la mujer sabia, la mujer que tema al Señor, dice que ella abre su boca con sabiduría y hay enseñanza de bondad en su lengua.

Noten la conexión entre su sabiduría y que hay una enseñanza de bondad en su lengua. Mis hermanos, esto nos cuesta aplicarlo en los lugares donde hay más intimidad, ¿no es cierto? Con nuestros cónyuges, con nuestros papás, nuestros hermanos, hermanos en la iglesia. ¿Cómo queda alguien después de hablar contigo? ¿Cómo queda alguien después de hablar con vos? Mis palabras dan vida, animan, consuelan, edifican, corrigen con amor, llevan a otros hacia Cristo. ¿O cuando yo llego a casa, mi familia tiene que prepararse para mis críticas, mis quejas, mi impaciencia? Queridos hermanos, somos llamados a vivir la vida santa ahí.

En cómo nosotros hablamos. En cómo usamos nuestra lengua para hacer de bendición a otros. Y como escuchamos en la palabra que se leyó, la lengua no se puede domar sin la ayuda del Espíritu Santo, sin el Evangelio, sin el poder de la Palabra de Dios. Pero somos llamados a vivir de esta manera, a vivir santamente con nuestros labios. La otra cosa que podemos decir en cuanto a cómo tenemos labios santos es que seamos sabios para saber cuándo no hablar. Seamos sabios para saber cuándo no hablar. Y hay muchos proverbios que nos hablan de cómo cuidamos y no hablamos, y especialmente bajo ciertas circunstancias.

Proverbios 10, 19. Las Américas dicen en las muchas palabras, la transgresión es inevitable. Algunas personalidades, algunos de ustedes, ustedes saben quiénes son. Son propensos a hablar más que otros. Y son propensos a caer en esta tentación más que otros. Quienes hablan menos no significa que son más santos, porque pueden estar pecando de otras maneras en su corazón. Pero este proverbio me habla del peligro de muchas palabras. La transgresión es inevitable. La versión Reina Valera dice en las muchas palabras no falta pecado. Más el que refrena sus labios es prudente. El que refrena sus labios es prudente.

17, 28 dice, aún el lesio, aún el lesio cuando calla, es tenido por sabio. Cuando cierran los labios, por prudente. ¿Cuántos conflictos, queridos hermanos, hubiéramos evitado en nuestro matrimonio con nuestros hijos? Si por lo menos por el momento nos callamos y cerramos la boca, hasta que pasen las emociones. Y buscamos al Señor para, con su ayuda, decir las palabras correctas. Porque hay varias cosas que la Bila nos dice en Proverbios acerca de esto. Una es responder impulsivamente. Mi esposa sabe que yo soy culpable de esto. Me interrumpir de decir algo antes de escuchar. Proverbios 18, 13 dice que el que responde antes de escuchar cosecha necedad y vergüenza.

De hecho hay un no cristiano que hizo un estudio en un libro antiguo. Está escrito, Siete hábitos de una persona altamente eficaz, escrito por un mormón. Escribió en los noventas este libro. Y él hablaba de que, desde la perspectiva de un no cristiano, hablaba de que no se entrena a los ejecutivos para ser buenos en escuchar. Que entrenamos en cómo hablar, cómo enseñar, la oratoria, pero enseñar cómo escuchar y hablar de los niveles de escuchar. El nivel más profundo es que uno está prestando 100% de atención a lo que la persona está diciendo, no para ver lo que yo voy a decir después, sino porque realmente estoy prestando atención, pero estoy prestando atención de tal manera que me importa y estoy demostrando que me importa lo que la persona me está diciendo.

Comentaba este autor, y nosotros a veces estamos ya pensando lo que queremos decir. Y este proverbio nos habla de eso, el peligro de responder impulsivamente. Otra manera que nosotros debemos cuidar, encerrar la boca, se tema el chisme. Proverbios 18.8, las palabras del chismoso son como bocados deliciosos. Está describiendo una realidad, no está afirmando que eso es algo bueno. Y penetran hasta el fondo de las entrañas. Por eso caemos en el chisme, porque es algo atractivo, el pecado es atractivo. Proverbios 20.19, el que anda murmurando revela secretos, por tanto no te asocies con el chismoso.

Proverbios 16.28, el hombre perverso provoca contiendas, y el chismoso separa los mejores amigos. Se cuenta una historia de una persona que había hablado mal de otra, y entonces busca el consejo de alguien que él consideraba sabio, ¿qué hago? Y la persona le dice, bueno, agarrate una almohada y subite a un piso alto, en un edificio, y de esas almohadas que tienen las plumas, abrílo y esparcí todas esas plumas al viento, que el viento se las lleve. Y el hombre tomó consejo, vio cómo las plumas se iban por todos lados, caían algunos arriba de los techos de algunas casas, porque él lo había hecho de un departamento alto, vio otros que cayeron en la calle, otros no llegó a ver a dónde fueron, y una vez que hizo eso, ¿y ahora qué hago?

Dice, ahora juntá todas las plumas, imposible, no sé dónde fueron. Y así son nuestras palabras. Nosotros no podemos retraer lo que ya hemos dicho. Proverbios 26.20 al 22 dice, Por falta de leña se apaga el fuego, y donde no hay chismosos se calma la contienda, como carbón para las brasas y leña para el fuego, así es el hombre rencilloso para encender contiendas. Las palabras, se repite el concepto que se dijo antes, el chismoso son como bocados deliciosos, y penetra hasta el fondo de las entrañas. Otra manera que los proverbios dicen que nosotros debemos cuidar en no hablar, es en momentos de ira.

Proverbios 29.11, El necio da rienda suelta a su ira. Da rienda suelta. Está enojado y deja que salga todo. Pero el sabio la reprime. Proverbios 30.32 al 33. Si has sido necio en ensalzarte o si has tramado el mal, pon la mano sobre tu boca. Tremendo eso, ¿no? Una imagen poderosa que literalmente se tape la boca. Porque batiendo la leche se saca mantequilla y apretando la nariz sale sangre y forzando la ira se produce contienda. Queridos hermanos, cuando estamos claramente con nuestras emociones afectadas, estamos enojados, no es el momento de hablar. Eso es lo que Proverbios nos enseña. Hay momentos donde lo más sabio es callarnos.

Habrá un momento que haya que hablar ciertos temas. De hecho, se cuenta la historia del presidente Abraham Lincoln, que fue muy respetado en la historia de los presidentes de Estados Unidos. Y él estaba furioso con un general, el general Meade, después de una batalla clave, para ya terminar de una vez por todos esta batalla sangrienta que duró tantos años. Después de Gettysburg, había, según el presidente Lincoln, había dejado escapar una oportunidad decisiva para ya poner fin a esta terrible guerra. Entonces lo que él hizo es que se sentó y escribió una carta durísima expresando su frustración.

Y hoy si vas, entiendo, al Congreso, a la biblioteca del Congreso en la ciudad de Washington, en Estados Unidos, esta carta está ahí todavía. Porque Lincoln hizo algo muy sabio. Se sacó toda la bronca, escribió la carta, pero no la envió. Después de pensarlo, después que se calmaron sus emociones, la carta existe hoy con una anotación al general Meade, nunca enviada, nunca enviada ni firmada. Él se dio cuenta, ya razonando más, que esa carta iba a producir más daño que ayuda. Fue sabio. Logró retener sus palabras y lo hizo por medio de escribirlo, calmarse y no enviarlo. Comenzamos esta mañana hablando de voces.

Hace 150 años, Bel logró algo extraordinario. Consiguió que una voz atravesara una distancia y llegara al oído otra persona. Hoy tenemos, como dijimos, miles de voces que llegan a nosotros y Dios lo que nos está diciendo por medio de su palabra es que hay una voz que nosotros tenemos que escuchar. Cuando vemos que Cristo comienza en los evangelios, cuando Él comienza su ministerio, cuando vemos su bautismo, hay una voz del cielo que dice, este es mi hijo amado. Y en la transfiguración dice, este es mi hijo amado. Repite el mismo concepto. A Él, a Él oír. Escúchenlo a Él. Él es la voz final de Hebreos 1 que dice que Dios nos ha hablado de muchas maneras en otros tiempos, en muchas ocasiones, por medio de los profetas.

Y en este tiempo nos ha hablado por medio de su Hijo. Él es la palabra final para la humanidad. A Él, escuchamos. A Él, prestamos atención. Leosense nos dice que en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría. Y Proverbios nos anima a escuchar la sabiduría de Dios y cuando vamos al Nuevo Testamento nos enteramos que esa sabiduría la encontramos en aquel en donde están escondidos todos los tesoros de la sabiduría. Por eso nuestra vida entera debe ser una búsqueda de escuchar la sabiduría de Dios por medio de Jesucristo, por medio de Él. Así que escúchalo a Él. Llena tu mente con su palabra.

Llena tu mente con el Evangelio. Conoce las maravillas de lo que Cristo ha hecho y quién es. Porque finalmente de la abundancia de tu corazón va a hablar tu boca. y si vos estás llenándote de la sabiduría de Dios te estás llenando de la sabiduría del Evangelio estás escuchando a la persona de Jesucristo estás llenando tu mente con su palabra estás dejando que el Espíritu de Dios llene tu corazón de eso lo que va a salir va a ser de bendición. claro mis hermanos nosotros todavía tenemos el pecado que mora en nosotros no lo haremos perfectamente no lo haremos perfectamente todos los días tenemos que batallar con nuestra carne con nuestro pecado pero nosotros justamente por eso necesitamos escuchar la voz del Hijo de Dios para entonces hablar con sabiduría. las dos preguntas que arrancamos eran estas ¿a qué estoy prestando atención?

¿a qué estoy prestando atención? nosotros debemos tener un tiempo regular con el Señor y una de las motivaciones principales una de las motivaciones principales es porque le tenemos temor a nuestro corazón sabemos que si dejamos que nuestra mente comience el día nuestro corazón comience el día sin la sabiduría de Dios se va a ir para cualquier lado entonces mi ánimo es que una de las razones no es la única es que vos temas yo no quiero que mi mente vaya en caminos que no tiene que ir de ansiedad de frustración de lo que sea no quiero que mi corazón me engañe en ciertas direcciones corro a Jesucristo corro a su palabra empiezo el día con Él escuchando la voz de Él para comenzar mi día de esa manera ¿a qué estoy prestando atención?

¿y cuándo me desvío? vuelvo escuchar la voz de Él la segunda pregunta es ¿qué está saliendo de mi boca? porque lo que sale de mi boca es como la pasta de dientes que uno aprieta y sale lo que está dentro la boca simplemente está revelando lo que ya está en mi corazón por eso Isaías cuando él describe su iniquidad frente a la presencia santa de un Dios triplemente santo dice ahí de mí tengo un corazón sucio eso sería verdad pero Él no dice eso Él habla de sus labios y carbón encendido que viene del altar que es el lugar de la salvación viene de ahí y toca sus labios porque los labios finalmente simplemente es el síntoma de lo que está pasando en mi corazón ahí está el problema está en mi corazón ¿qué está saliendo de mi boca? escuchamos a Cristo su palabra llena nuestra mente su verdad transforma nuestro corazón y de un corazón transformado comienzan a salir palabras diferentes y eso es una batalla de todos los días varias veces al día pero ese es el camino que la palabra de Dios que el libro de Proverbios nos da para que nosotros crezcamos en santidad en lo que escuchamos en las cosas que prestamos atención y lo que decimos la santidad se

evidencia cuando prestamos oído a la sabiduría de Dios y usamos nuestras palabras para reflejar su carácter oramos Padre gracias por tu palabra que nos habla con claridad en este tema te pedimos la ayuda Señor ninguno de nosotros estamos libres de pecar todos los días tenemos tentaciones en nuestro propio corazón tenemos tentaciones por medio del sistema de este mundo Señor que se opone a ti tenemos un enemigo feroz que es un león rugiente buscando a quien devorar pero tenemos Señor a nuestro favor tenemos la obra que has hecho en nuestros corazones de darnos un corazón nuevo de modo que si alguno está en Cristo nueva criatura

es las cosas viejas pasaron y aquí son hechas todas nuevas y a la luz de eso Señor queremos caminar en obediencia a ti Señor buscando poner a muerte las obras de la carne y eso incluye las cosas que nosotros prestamos atención y la manera en que hablamos Señor oro para que nos ayudes hoy mismo y en esta semana no olvidarnos no ser como Santiago que somos oidores olvidadizos sino que realmente seamos hacedores de tu palabra de tal manera que nos ayudes en nuestro matrimonio en nuestros hogares en nuestro trabajo en la iglesia a que nuestra lengua Señor sea una fuente de bendición por medio de la obra de tu palabra la obra del evangelio nuestra mente nuestro corazón ayudanos a prestar atención a tu hijo y hablar cosas que bendicen a otros que lo rogamos en el nombre de Jesús.

Amén.

Transcripción automática: puede contener errores.

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El predicador

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