¿Cómo es tu juicio hacia los demás? Parte II
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Esa gracia maravillosa que nos sostiene, nos guarda, Señor, te necesitamos, te necesitamos, todos nosotros te necesitamos, seamos conscientes o no conscientes, necesitamos tu gracia. En el nombre de Jesús oramos. Amén. Podemos tomar nuestros asientos. Bienvenidos a la iglesia bíblica de Avellaneda. No sé si se habrán dado cuenta, pero gracias a Dios estamos teniendo una extensión del salón de la iglesia local. Así que vamos a ir, como alguien dijo, en el camino se acomoda la carga, ¿no? Así que con el correr de la semana vamos a ir encontrando cuál es la mejor dinámica como iglesia, como familia, para usar ese salón juntos.
Inicialmente, entonces, vamos a estar usando ese salón en especial diseñado para los padres, con los niños pequeños que necesitan poder estar en un momento ahí para calmarlos quizá, o si tienen alguna necesidad los bebés, etc. Nuestro anhelo es pronto poder tener una televisión como esta y poder transmitir lo que está pasando acá para que los papás que cuidan a los niños también puedan escuchar el sermón. Hoy vamos a tener un parlante y como esto es todo nuevo, puede haber errores y va a requerir la paciencia de todos hasta que podamos ir afinando un poquito. Pero agradecemos mucho al Señor de poder tener ese lugar.
Nos va a servir para grupos pequeños, nos va a servir para un montón de cosas y estamos muy contentos por eso. Y agradecemos al Señor por eso. Así que vamos a ir a la palabra de nuestro Dios. En esta tarde vamos a continuar con el Evangelio de Lucas, con la serie expositiva en el Evangelio de Lucas, capítulo 6, verso 37 al 45, en lo que hemos estado viendo. Este pasaje lo hemos estado viendo en diferentes partes la semana pasada. Vimos la parte número 1. Hoy vamos a estar viendo la parte número 2, con la ayuda del Señor la semana que viene, la parte número 3. Realmente hay pasajes, hay pasajes, donde uno dice, acá tengo que ir más lento.
Hace un tiempo, hace unas semanas estaba con unos pastores de Puerto Rico y estaban emocionados con Messi. Entonces, me hicieron que lo lleve por la 9 de julio, por el carril de la derecha, que ni siquiera sé cómo se llama. Pero porque hay un mural de Messi, ahí en Capital. Y entonces ellas querían sacar la foto del mural. Y evidentemente, cada vez me decían, más despacio, no, más despacio, más despacio, más despacio. Y yo le digo, hermano, está en verde, o sea, no puedo ir demasiado despacio. Pero lo que hoy es que hay pasaje donde uno dice, quiero ir más despacio acá. Porque creo que podemos ver más cosas que necesitamos ver más despacio y contemplarlos con otra velocidad.
Así que vamos a leer nuestro pasaje y vamos a orar al Señor. Lucas capítulo 6, verso 37 al 45. Dice así la Sagrada Escritura. No juzguen y no serán juzgados. No condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y les será dado medida buena, apretada, remesida y rebosante. Vaciarán en sus regazos. Porque con la medida con que midan se les volverá a medir. Les dijo también una parábola. ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo? Un discípulo no está por encima de su maestro. Pero todo discípulo después de que se ha preparado bien será como su maestro. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?
¿O cómo puedes decir a tu hermano? Hermano, déjame sacarte la mota que está en tu ojo. Cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo. Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota que está en el ojo de tu hermano. Versículo 43 Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa árbol malo que produzca fruto bueno. Pues cada árbol por su fruto se conoce, porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno, y el hombre malo del mal tesoro saca lo que es malo, porque de la abundancia del corazón habla su boca.
Vamos a orar. Buen Dios, venimos una vez más en oración con mi iglesia local en esta tarde. Señor, rogando que nos hables, rogando que tu espíritu obra en nuestros corazones, haciendo lo que nadie más tú puedes hacer, Señor. Trae convicción, trae consuelo, trae edificación, trae salvación, si hay alguien aquí que no te conoce, Señor. Necesitamos tu obrar. Necesito, Señor, que tú me sostengas. Necesito tu espíritu obrando en nosotros, Señor, a través de tu palabra. Te pedimos esto en el nombre de Jesús. Amén. La semana pasada vimos que no debemos jamás tomar a la ligera el juicio a los demás. Juzgar los corazones de otros es algo que le pertenece solo a quién?
A Dios, quien es el juez designado para juzgar a todo ser humano en su segunda venida, hablando de la persona de Cristo. Las motivaciones de otros y los pensamientos de otros son invisibles a nuestros ojos, pero no a los ojos de Dios, porque Dios todo lo sabe. Por lo tanto, a la hora de juzgar, no debemos juzgar aquello que no podemos ver, sino que debemos juzgar aquello que sí vemos. Y a la hora de juzgar aquello que veamos, lo debemos hacer con el criterio que la palabra de Dios nos da. Y debemos hacerlo como hablamos la semana pasada con misericordia. Y por qué hacerlo con misericordia? Muy fácil, porque de tal palo está la astilla.
Nuestro Padre es un Dios misericordioso y nosotros hemos recibido misericordia cuando no la merecíamos de parte de Dios. Por lo tanto, Dios nos pide a nosotros que actuemos en misericordia a la hora de juzgar las faltas de otros que sí vemos conforme a la palabra de Dios. Jesús recibió la condenación que nosotros merecemos por nuestro pecado y nos otorgó generosamente el perdón de Dios. Y esa es la base por la cual ahora Jesús llama a sus discípulos a perdonar a otros, a no ser rápidos en juzgar y condenar, sino ser rápidos en perdonar y dar. Pero también vimos la importancia de la medida con que damos las cosas, porque de la manera en que nosotros medimos, se nos medirá a nosotros.
Y por lo tanto, no debemos dar un perdón superficial, un perdón de labios, un perdón acotado, sino que debemos dar un perdón genuino. Para que un perdón sea un perdón genuino, debe ser 100% de perdón. No puede ser 90, no puede ser 95, no puede ser 99% de perdón y 1% de rencor, porque tal cosa no sería un perdón genuino. El perdonar, como vimos, es algo que se debe dar completa y totalmente a otros por medio de la misericordia que Dios nos ha dado. ¿Y cuál es la razón de todo esto? Jesús nos dijo, tengamos cuidado cómo juzgamos, cómo perdonamos, porque la medida en que midamos a otros seremos medidos.
Cuando juzguemos, se nos juzgará y cuando perdonemos, se nos perdonará. ¿De qué manera queremos nosotros el perdón de Dios? ¿Qué porcentaje de perdón de Dios crees? 100%. No queremos que Dios nos perdone un 90%. Queremos un completo perdón de parte de Dios. Y por lo tanto, Dios nos dice a nosotros que de esa manera entonces debemos perdonar a los demás. Por lo tanto, hoy vamos a continuar con nuestro texto en la siguiente sección del versículo 39 al 42. Y el título de esta sección es, ten cuidado de repartir juicios con hipocresía. Ten cuidado de repartir juicios con hipocresía. Comienza una parábola, comienza algo que tiene una idea en general que Jesús quiere transmitir.
Y dos preguntas retóricas son las que inician esta sección. ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? La respuesta implícita es no. ¿No caerán ambos en un hoyo? La respuesta implícita es sí. Un discípulo es alguien que sigue a un maestro con el fin de aprender de él hasta el punto que en algún momento pueda ser como él. Esa es la definición de un discípulo. Un discípulo es alguien que sigue a un maestro, aprende sus enseñanzas, imita su manera de vivir, de tal manera que cuando él es bien enseñado y bien aprendido, entonces ese discípulo llega a ser como su maestro. Un discípulo es como el maestro que ha decidido seguir.
Ahora, la comparación es que si los discípulos son guiados por ciegos, ¿qué pasará con los discípulos? Caerán junto con sus guías ciegos en un hoyo. Es decir, su fin será lamentable. Es decir, caer en un hoyo es una manera metafórica de decir tendrán un fin lamentable. Por lo tanto, hay que elegir bien qué maestro han de seguir porque el fin de su maestro no será distinto al fin de sus discípulos. Y acá está el patrón que Jesús quiere mostrar. Es evidente que si un guía ciego guía a otros ciegos, van a caer en un hoyo. Y que si un discípulo aprende de un maestro que es ciego, también va a correr su misma suerte.
Esta es una invitación de Jesús a que aprendan de él como maestro. Y este es un punto. Porque Jesús no es como los demás maestros disponibles. Si vos querías ser una persona religiosa en el tiempo de Jesús, el catálogo de maestros religiosos disponibles en Jerusalén o Israel Eran los fariseos, los escribas, que eran quienes dominaban la enseñanza religiosa. Y Jesús apunta a que estos no son maestros a los cuales aquellos que verdaderamente quieren vivir una verdadera fe en Dios debían seguir. Cuando alguien quería ser un discípulo, cuando alguien quería aprender de la palabra de Dios, cuando alguien quería ser un religioso, tenía a estos maestros.
Pero Jesús le dice, no aprendan de esos maestros, porque esos son ciegos, son guías ciegos y correrán la misma suerte que sus maestros. Los fariseos y los escribas no le podrían enseñar a vivir una vida que obedezca a la voluntad de Dios. ¿Por qué? Porque ellos mismos no la siguen. Ellos mismos no siguen la palabra de Dios. Gustavo nos leyó Mateo 23. Mateo 23, cinco veces Jesús menciona a los fariseos y a los escribas como guías ciegos. Obviamente que guía ciego es un sarcasmo, una paradoja. Alguien dijo, es lo mismo que ir a un oculista ciego. ¿Irías a un oculista ciego? No irías a un oculista ciego, porque te va a terminar operando la oreja y no el ojo.
Los escribas y fariseos son acusados por el mismo Jesús de ser guías ciegos. Pretenden enseñar a otros la palabra de Dios. Ellos no la conocen como deberían y no la entienden con la intención que Dios determinó. Entonces, tanto ellos, los fariseos y los escribas, religiosos, legalistas, terminarán cayendo en el pozo, pero no solo ellos, sino todos los que lo sigan a ellos. Jesús es muy directo en Mateo 23, 15, cuando le habla a los fariseos sobre esto y utiliza la palabra hay. La palabra hay es un lamento, una maldición sobre la desdicha que vendrá sobre estas personas. Y Jesús dice y cito hay de ustedes escribas y fariseos hipócritas que recorren el mar y la tierra para ser un prosélito.
Es decir, buscan por todos lados conseguir a alguien que les siga. Buscan por todos lados conseguir un discípulo para ustedes mismos. Y cuando llega a serlo, dice Jesús, ¿qué pasa con ese discípulo? Ustedes lo hacen dos veces más hijo del infierno que ustedes. ¡Guau! ¡Fuerte! Es Jesús el que está diciendo esto. Es Jesús el que está acusando a los guías ciegos de que cuando ellos consiguen tener un discípulo para ellos mismos, lo hacen dos veces merecedor del infierno. Díganme si eso no es un pozo. Estos maestros no eran verdaderos israelitas temerosos de Dios. Eran unos embusteros. Y lo que enseñaban no era la palabra pura de Dios.
Eran sus propios mandamientos de hombres. Lo vemos en todos los evangelios. Por lo tanto, los discípulos de los fariseos terminarían peor aún que sus maestros. Porque seguirían mandamientos de hombres y no la palabra de Dios. Y esto, hermanos, no ha terminado. Ocurrió en el primer siglo y este peligro ocurre hoy también. ¿Alguna vez conociste a un ciego guiando ciegos? ¿No son acaso todos los lugares donde no se predica fielmente la palabra de Dios? Lugares donde hay maestros ciegos pretendiendo iluminar a otros cuando ellos mismos no han sido iluminados? Buscan, los falsos maestros buscan por cielo y tierra conseguir discípulos para ellos.
Y que cuando los consiguen, lo mismo, lo hacen dos veces merecedores del infierno. Es decir, terminan peor que cuando ellos los encontraron. Creyendo la mentira, siguiendo la mentira. Falsos maestros predicando sobre la vida cristiana cuando ellos mismos ni son cristianos ni tienen la vida del Espíritu en ellos mismos. Guías ciegos que pretenden enseñar sobre una vida victoriosa, sobre la bendición de Dios, sobre el poder de Dios, sobre la prosperidad, sobre los milagros, sobre lo que agrada a Dios cuando ellos aún siguen en las tinieblas. Y aquellos que fielmente los siguen y se convierten en sus discípulos, los hacen hijos del infierno dos veces más que ellos por usar las palabras de Jesús.
Claramente que hoy siguen esos guías ciegos y aún más herramientas tienen hoy que en el primer siglo. Pero los cristianos verdaderos pueden ser confundidos por un tiempo por los falsos maestros. Pero nunca se convertirán verdaderos discípulos de ellos porque los verdaderos cristianos ya tienen otro maestro al cual siguen. Jesús es el maestro de todo verdadero discípulo y todo verdadero discípulo es aquel que nació de nuevo. Por lo tanto, puede ser que haya nacido de nuevo en una iglesia no sana. A pesar de ese contexto, Dios puede llamar a sus escogidos por el evangelio de Cristo. Pero tarde o temprano Dios mismo los sacará de allí, como nos ha pasado a muchos de nosotros.
Es el trabajo del Espíritu de Dios abrir los ojos de los ciegos y mostrarles la luz del evangelio de Cristo. Segunda de Corintios 4, versículo 3 al 6, Pablo habla de esta dinámica y dice lo siguiente, cito. Y si todavía nuestro evangelio está velado para los que se pierden, está velado en los cuales el Dios de este mundo, quien es Satanás, ha cegado el entendimiento de los incrédulos. Ha cegado, es decir, los ha vuelto ciegos en su entendimiento. ¿Para qué? Para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Entonces, cuando alguien proclama el evangelio de Cristo, los incrédulos tienen un velo para que no vean el resplandor de la gloria de Dios en Jesús.
Pero hay alguien más poderoso que ese velo, pues Dios que dijo de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo. Es decir, cuando Dios ha escogido a alguien para salvación, no hay velo de las tinieblas que puedan privarlo de la luz de Cristo que ha de resplandecer cuando Dios decida hacerlo. Así como Dios dijo de las tinieblas sea la luz y la luz fue en el momento que él quiere a esos escogidos, él hará que la luz de Cristo ilumine su corazón. Lo único que puede cambiar un maestro ciego y un discípulo ciego es que Dios resplandezca el evangelio de la gloria de Cristo en ellos por la obra de Dios.
Mientras hay vida, hay esperanza. Pregunta, hermano o amigo que nos visita, ¿estás seguro de que eres un verdadero discípulo de Jesús? ¿Estás buscando activamente crecer a la imagen de tu maestro? Porque finalmente eso es un discípulo. Un discípulo es aquel que sigue, obedece, aprende y procura ser cada vez como su maestro. Jesús nos enseña a ser sus discípulos a través de qué? A través de la palabra, a través del contexto de la iglesia local donde él es la cabeza que dirige la iglesia. Cuando nosotros somos expuestos a la enseñanza bíblica en la predicación del domingo o en el estudio bíblico de los miércoles o en los grupos de discipulado, es Jesús mismo quien nos muestra cómo seguirle.
De eso se trata el discipulado, hermanos, ayudarnos mutuamente a seguir a Jesús. ¿Y cómo podemos aprender de Jesús? Por los medios que Jesús nos ha dado para que aprendamos la palabra, la oración, la iglesia, la comunión de los santos, el discipulado, etc., etc. Pero hay una característica esencial para seguir a Jesús y es que uno no puede estar ciego. Para seguir a Jesús no podemos hacerlo si estamos aún ciegos. Los fariseos y los escribas estaban convencidos, enseguecidos en su razonamiento, de que ellos eran los maestros ordenados por Dios para su pueblo. Pero Jesús, que ¿quién es? Dios, los confronta y les demuestra que ellos son unos farsantes.
Hermanos, cuando Dios se hace hombre y llega a Jerusalén, llega al centro religioso del judaísmo, cuando Él va a ese lugar y se encuentra cara a cara con todos aquellos que dicen representarlo como sus maestros, Él los mira y les dice, ustedes son unas serpientes. ¿Y quién es la serpiente? El diablo. Ustedes son unos embusteros. Ustedes son unos farsantes. Ustedes son unos ciegos. Ustedes son unos hipócritas. Fuerte, ¿no? Pero el Señor no vino a este mundo a simplemente rechazar el liderazgo religioso de Israel, sino que vino a ofrecer un liderazgo mejor. Él dijo, venid a mí. Él es nuestro maestro por excelencia.
Los farsantes fariseos eran unos hipócritas. Ellos juzgaban a otros pequeñeces mientras en sus vidas enteras ellos estaban desviados de la voluntad de Dios. Y ahí funciona la hipocresía de los fariseos. Ellos apuntaban y señalaban con el dedo las pequeñas faltas en la vida de otros mientras sus vidas enteras eran una falta delante de Dios. Y por favor, miren conmigo lo que sigue en el texto. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano déjame sacarte la mota que está en tu ojo cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo?
¡Hipócrita! ¡Hipócrita! Esa es la palabra más fuerte en esta sección. ¡Hipócrita! ¿Y a quiénes le llama el señor hipócrita? A los fariseos, pero también, por extensión, a todo aquel que tiene una actitud farisaica. A todo aquel que se comporta como un fariseo. Y vos y yo no estamos exentos de que ese fariseo que siempre anda rondando nuestro corazón, el viejo hombre que está ahí, la vieja mujer que está ahí, que es un hipócrita y malvado por naturaleza, quiera asomar su cara. Por lo tanto, la palabra es para nosotros. ¿Qué significa ser hipócrita? Vamos a ver un poco la palabra hipócrita. La etimología, es decir, la raíz de la palabra, de dónde proviene esta palabra es muy interesante.
Se divide básicamente en dos partes. Hipo, crites. Hipo significa por debajo. Y la idea es que la persona esconde su verdadera intención o su verdadera persona debajo de una fachada, debajo de una máscara. Y la segunda parte es crites, que si recordás del sermón pasado, crites significa juzgar, discernir, separar. Implica que la persona es consciente de la diferencia entre lo que dice y lo que siente, pero elige actuar de manera falsa. Eso es un hipócrita. Es alguien que está actuando. Los sinónimos de hipócrita nos pueden arrojar luz. Falso, doble, embustero, mentiroso, farsante. Y lo contrario a hipócrita también nos puede servir para ayudar a nuestra definición.
Lo contrario es auténtico, sincero, honesto, franco y genuino. Es decir, un hipócrita no es ninguna de esas cosas. El nuevo diccionario bíblico ilustrado dice que literalmente denotaba en griego un actor de teatro, un upócriteis. Un upócriteis era un actor en los anfiteatros griegos. De ahí, por su sentido secundario de actuar, de dar una representación ajena a la realidad de la propia persona. Entonces, se tradujo esa palabra como un engañador, uno que pretende lo que no es, o que oculta sus verdaderos pensamientos, actitudes o intenciones bajo una máscara de falsas apariencias. En el teatro griego era normal que los actores tengan máscaras y conforme tenían que actuar, cambiaban sus máscaras.
Y de ahí es que proviene la palabra hipócrita. Otro diccionario dice lo siguiente, un hipócrita, alguien que exteriormente representa a la perfección el papel de un hombre religioso, pero que interiormente es ajeno al espíritu de la verdadera religión. Fin de la cita. Es interesante porque este autor lo pone en el contexto bíblico. ¿Qué es un hipócrita? Alguien que actúa como hombre piadoso, como mujer piadosa, pero interiormente está lejos de ser eso. Eso es un hipócrita. Jesús está apuntando a alguien que se fija más en las fallas de otros que en las suyas propias. Una persona que está pronto a examinar las pequeñas fallas en otros y no se apresura a examinar en sí mismo sus fallas que son mayores.
Hermanos, ¿a qué distancia hay que estar de alguien para notar que tiene algo en el ojo? El hipócrita está examinándolo, el hipócrita está cerca mirando la vida de esa persona, mirándolo de cerca atentamente para ver si encuentra algo. Ese es el punto. Pero él tiene una viga en su ojo y no la ve. Eso es lo que Jesús está apuntando. El hipócrita es una persona hipercrítica en el contexto de nuestro pasaje. Está al pendiente de otros de tal manera que pueda ver en el momento que ellos se equivoquen y marcárselo. ¿Conociste a alguien así? Peor aún, sigo a la otra pregunta. ¿Saben cuál es? ¿Vos has sido así?
O peor, ¿seguís siendo así? El punto, hermanos, no es que una persona encuentre un fallo en otro. Todos tenemos fallos. Todos nosotros tenemos fallos. Y cuanto más cerca mires a una persona, o más tiempo pases con esa persona, más fácil será ver sus fallos. Si no, vengan a vivir conmigo una semana y después me cuentan. Todos nosotros tenemos fallos. El problema de la persona hipercrítica e hipócrita es que es sumamente ligera para encontrar fallos en otros, pero completamente ciego para ver sus propias fallos. Ese es el problema. Y a eso es lo que está apuntando Jesús. Se escandaliza porque un hermano contó algo que no debía, pero no se fija en que ella se la pasa chismeando con todo el mundo.
Se escandaliza porque la esposa de fulano le contestó mal al esposo, pero no se fija en que ella es rebelde a su esposo y compite por la autoridad en su matrimonio. Fíjense cómo funciona la dinámica del hipócrita. Se escandaliza porque un hermano no lo invitó a un asado que hizo, pero no se fija en que él jamás va a iniciar ninguna actividad de comunión con otros. Se escandaliza porque un hermano no ofrendó el domingo, pero no se fija en que jamás él da sacrificial y generosamente para sostener la iglesia. Se escandaliza porque alguien canta con pocas ganas, pero no se fija que él lo hace para llamar la atención y no para alabar a Dios.
Se escandaliza porque una persona vino vestida inapropiadamente al culto, pero no se fija que su maquillaje siempre llama muchísimo más la atención. ¿Se entiende el punto? Una persona hipócrita es la que se fija en una pequeña falta de otro y la hace muy grande cuando sus propias faltas que son muy grandes las ignora y no las ve. Jesús acusa de eso a los fariseos hipócritas, guías ciegos que cuelan el mosquito y se tragan el camello. Fíjense, muy ágiles para encontrar violaciones a la ley que ellos pusieron y no se fijan en sus faltas a la ley de Dios que eran mucho peores. Lo vimos domingos atrás en el evangelio de Lucas.
¿Cómo puede ser que los discípulos estén comiendo un par de granos de trigo y ellos se olvidaron de la compasión y el amor? Se fijan en las pequeñeces, las hacen grandes, pero sus fallas que son gigantes no las ven. Hermanos, alguien dijo una vez que cuando nosotros apuntamos a alguien con el dedo, tres dedos nos están apuntando hacia nosotros. Ser hipócrita es fijarme en la pequeña falta del otro y no darme cuenta que las mías son mayores. Cuando juzgamos hipócritamente, pecamos contra Dios y pecamos contra nuestro prójimo. Actuamos con falsedad y teniendo una doble moral. Hacia otros, nuestra vara es altísima.
Hacia nosotros, nuestra vara es muy baja. Pasamos por alto y hacemos la vista grande. Apuntamos al que no lee la Biblia, pero tampoco la leemos. Apuntamos al que no ora, pero tampoco oramos. Apuntamos al que no da, pero tampoco damos. Apuntamos al que no sirve, pero tampoco servimos. Apuntamos al que no obedece, pero tampoco obedecemos. Cuando vivimos de esa manera, estamos en un engaño de hipocresía del cual debemos arrepentirnos. Cuando vivimos de esa manera, estamos viviendo con una máscara. Donde sea. Somos actores. Tenemos un rostro el domingo en la iglesia. Tenemos un rostro el lunes en el trabajo.
Tenemos un rostro el martes en nuestra casa. Eso es un hipócrita. El gran peligro del hipócrita. ¿Cuál es, hermano? Creerse su propia mentira. ¿Cuántas veces señalaste la falta de tu hermano, teniendo otra mayor en tu vida y no la señalas? La autoexaminación es algo que debemos practicar. Examinarnos a la luz de la palabra de Dios para ver cómo estamos caminando. Y si hay algo que no está conforme a la voluntad de Dios, confesamos, arrepentimos y buscamos la ayuda de Dios para cambiar. Pablo, el apóstol Pablo le habla en Romanos 2 a un hombre hipócrita que tiene un juicio condenatorio hacia otros y le dice que él no escapará del juicio de Dios.
Déjenme citarlo, capítulo 2 de Romanos, versículos 1 al 5. Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro a ti mismo te condenas. ¿Por qué? Porque tú que juzgas, practicas las mismas cosas. Sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practicas tales cosas y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios? ¿O tienes en poco las riquezas de su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no has arrepentido, estás acumulando ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.
Esos eran los fariseos hipócritas, mientras exteriormente ellos eran lo más religioso que hubieras encontrado en Jerusalén, interiormente eran unos impíos. ¿No buscaban hacer la voluntad de Dios? Hermanos, debemos tener mucho cuidado en cómo caminamos y rogar, rogar al Señor que Él nos dé luz para examinarnos a nosotros mismos acaso si somos hipócritas en algún área de nuestra vida. ¿Acaso si nos mostramos de alguna manera ante unos y cuando en realidad no lo somos de esa manera? Cuando nos mostramos sin problemas ante otros porque no queremos que piensen algo de nosotros mismos. Cuando no queremos ser francos, honestos, sinceros en cómo realmente vivimos.
Hermanos, huyamos de esa hipocresía. Pero aún si eso no sonó fuerte, hay algo peor todavía que señala Jesús. Y no solo es aquel que juzga a otro hipócritamente, sino aquel que siendo hipócrita pretende corregir, ayudar, aconsejar y guiar a otro. Fíjense lo que dice el texto. O cómo puedes decir a tu hermano, hermano déjame sacarte la mota que está en tu ojo cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo. Al principio se fija en la pequeña falta teniendo una mayor, pero no solo eso, sino que así como hacían los fariseos, pretende indicarle. Al poseedor de la mota al poseedor de la mota cuál es el camino que él debe seguir para cambiar.
La pretensión de este hipócrita es ser una guía para el que tiene una mota en su ojo cuando él es ciego a su propia viga. Eso es aún peor que fijarse en la pequeña falta del hermano, porque uno puede hacer lo que Jesús dijo anteriormente, fijarse en la pequeña falta del hermano y ser un hipócrita. Pero aún peor es ser un hipócrita y pretender ayudar al hermano con su falta cuando en realidad vos no querés tratar con las tuyas. ¿Te dejarías operar la córnea de tu ojo por un cirujano ciego? No, muy bien. ¿Dejarías que un taxista ciego te lleve por la autopista? No. Son cosas absurdas. ¿O no? ¿No son absurdas?
Solo de oírlo es absurdo. De la misma manera es absurdo aquel que pretende ser un cirujano para otros mientras él tiene una grave infección en el cuerpo que no quiere atender. ¿Cómo puedes decir a tu hermano déjame sacarte la mota de tu ojo cuando tú mismo no ves la viga que está en el tuyo? La hipocresía del que juzga a otro por una pequeña falta y pretende enseñarle y corregirle, pero él tiene faltas peores, es como todo lo anterior, es absurdamente pecaminoso. Imagínense por un momento que el dictador Adolf Hitler caminando por el cuartel encuentra dos soldados peleando y él se detiene a darles lecciones de amor al prójimo.
Sería completamente absurdo porque toda su ideología condujo al holocausto, a la segunda guerra mundial y a la muerte de millones de personas. Sería absurdo que él pretenda hacer eso. De la misma manera, ¿cómo le puedes decir a tu hermano déjame sacarte la mota de tu ojo cuando tú mismo no ves la viga que está en el tuyo? Pablo nuevamente ataca la hipocresía en Romanos capítulo 2, 21 y dice lo siguiente, tú pues que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, robas. Tú que dices que no se debe cometer adulterio, adulteras. Tú que abominas a los ídolos, saqueas templos.
Tú que te jactas de la ley, violando la ley, deshonras a Dios, fin de la cita. Esa es la hipocresía. Cuando pretendo ayudar a otro marcándole su falta y yo estoy ciego completamente a las mías. Por lo tanto, ¿qué debo hacer si quiero ayudar a mi hermano con la mota que tiene en el ojo? ¿Qué debo hacer? ¿Qué es lo que Jesús dice que debo hacer? Dice hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota que está en el ojo de tu hermano. Esto es muy importante. Para ayudar a tu hermano. Primero, debes ser consciente de tu propio corazón pecaminoso. Debes ser consciente de tus faltas que son muchas y que hay algunas peores, mucho peores que las de tu hermano.
Porque tienes que ver con claridad para ayudar. Y ver con claridad tu propia viga. Solo cuando nos consideramos a uno mismo, cuando yo me considero a mí mismo. Buscando crecer a la imagen de Jesús. Cuando yo no estoy evadiendo mis fallas, no estoy ignorando mis pecados, no estoy haciéndome el distraído de mi caminar con Dios. Sino que estoy procurando como discípulo de Jesús ser como él. Entonces ahí podrás ayudar a tu hermano a sacar su mota. Entonces ahí podrás ayudar a tu hermano con su pequeña falta. Pablo lo dice muy claramente en Gálatas 6. Hermanos, si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restaúrenlo en un espíritu de mansedumbre.
Mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado, lleven los unos las cargas de los otros y cumplan así la ley de Cristo. Fin de la cita. Los fariseos marcaban faltas para creerse superiores. Pero el mejor lugar para ayudar a otro es cuando estamos abajo, humillados delante del Señor, reconociendo nuestras propias faltas. ¿Cómo ayudo a mi hermano que está sorprendido en alguna falta? Con un espíritu de mansedumbre, mirándome a mí mismo. O sea, no puedo ayudar a otro dejándome de mirarme. Debo mirarme, debo ser consciente de mis fallas, de mis pecados. No sea que tratando de ayudar al otro también yo sea tentado en el proceso.
No lo hago desde un punto de vista. Yo soy mejor que vos, soy superior a vos. Yo ya llegué, ya lo alcancé. No. Somos tan pecadores o más que aquellos a los cuales buscamos ayudar. Si queremos ser eficaces ayudando a otros, primero debemos mirarnos a nosotros mismos y tratar con nuestro propio pecado. Porque si no hiciéramos eso, entonces sí seríamos hipócritas. Entonces sí actuaríamos hipócritamente. Yo puedo ayudar a otro cuando yo soy consciente y estoy viendo mis fallas y tratando con ellas con la ayuda del Señor. ¿Alguna vez prendiste fuego con carbón y quisiste limpiar algo y qué pasó? Lo terminaste ensuciando más, ¿no?
Te viste tus manos llenas de carbón y déjame que lo limpio y era todo suciedad. Tus manos no estaban limpias. Primero, lávate tus manos y luego ayuda a limpiar a otro. Actuemos a conciencia de quiénes somos y cómo somos a la luz de los ojos de Dios. Cuando tenemos un entendimiento de quiénes somos, nos dará humildad. Debemos ser humildes, reconocer cuál es nuestro lugar delante de Dios, reconocer que fuera de la gracia de Dios, todos nosotros estamos perdidos. Reconocer que lo único que me diferencia de alguien que no tiene a Cristo es la gracia de Dios. Y que Dios quiere usarme como un instrumento en la vida de otros, un instrumento de gracia.
No soy mejor que mi hermano, él tiene una mota, yo tengo una viga. Ambos nos perdonó y nos amó Jesús y confiando en esa gracia que me sostiene y me ayuda a vencer mi propio pecado, buscaré entonces ayudar a mi hermano con el suyo. Le anticipó a Pedro, el apóstol, que él iba a fallar. Pero que cuando él vuelva, el Señor lo haría ser de fortaleza para otros. Recuerdan ese pasaje, Lucas 22, de 31. El rey David oró ser restaurado de su propio pecado para luego poder mostrar a otros el camino. Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio. Renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de tu presencia. No me quites tu santo espíritu. Restitúcheme el gozo de tu salvación y sosténme con un espíritu de poder. Entonces, no antes. No cuando David todavía tiene su viga. Sino cuando el Señor le ayudó a tratar con eso. Entonces, enseñaré a los transgresores tus caminos y los pecadores se convertirán a ti. De la misma manera, Pablo le escribe a Filemón cómo el Evangelio había restaurado a Onésimo y ahora era un instrumento útil en el Señor. Filemón, versículo 10 y 11 dice. Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien he engendrado en mis prisiones, quien en otro tiempo te era inútil, pero ahora nos es útil a ti y a mí.
Hermanos, en ocasiones Dios permitirá que fallemos, que tengamos una viga en nuestro propio ojo. Pero una vez que tratemos con eso bajo el manto de la gracia del Señor, una vez que el perdón de Dios nos sane y su gracia nos levante nuevamente, entonces podremos ser instrumentos útiles como Pedro, como David y como Onésimo. Si hubo esperanza para ellos al fallar, hay esperanza para vos y para mí. La gracia del Señor agarra hipócritas y los transforma. La gracia del Señor agarra hombres y mujeres dañados con vigas enormes en sus ojos y los transforma. Y una vez que los restaura, los usa para su propia gloria.
Y hermanos, muchas veces el instrumento final es mucho mejor que el del principio. Si no sos cristiano, el Señor te invita hoy a que te acerques a Él confesando tus pecados y confiando en su sacrificio en la cruz para tu perdón y salvación. La vida eterna es un regalo que Dios otorga por gracia y por la fe en Jesús. Y todo aquel que viene sinceramente, honestamente, en arrepentimiento y fe, no has rechazado jamás. Si no estás en Cristo, ven hoy a Jesús. Y hermanos, todos nosotros llevamos vestigios del pecado en nuestro corazón. Todos nosotros llevamos fragmentos de hipocresía dentro nuestro. Somos tentados a mostrarnos de una manera ante otros que quizá no es como somos para ser aceptados, para ser aprobados, para fingir que somos algo que no somos, para fingir que somos más espirituales, más piadosos de lo que realmente somos.
A veces podemos querer que otros piensen que tenemos un buen matrimonio, que tenemos una crianza ideal, que tenemos una familia perfecta. No compartimos los pecados con otros porque no nos queremos ver vulnerables o nos imaginamos que otros nos empezarán a mirar de otra manera. Hermanos, no hay ninguno en este lugar que no tenga fallas, no hay ninguno en este lugar que no tenga fragmentos del pecado en su vida con los cuales está luchando. No hay familia perfecta, no hay matrimonio perfecto, no hay crianza perfecta cuando estamos en un mundo donde todavía hay remanente de pecado. Pero este mundo y ese remanente tienen una fecha de vencimiento.
Y esa es nuestra esperanza. Si has pecado, hermano, si has sido hiper crítico con otros, si has sido hipócrita, si juzgaste a otros mientras vos hacías lo mismo o aún cosas peores, confiesa al Señor tu pecado en esta hora y Él es amplio en perdonar. Confiesa al Señor, confiesa y arrepiéntete. Nuestro llamado no es ser actores de teatro. Nuestro llamado no es que tengamos máscaras. Nuestro llamado es vivir honestamente entre nosotros con toda sinceridad. El apóstol dice en Efesios, no os mintáis los unos a los otros. El hipócrita miente. Hermanos, la iglesia no es una vitrina de perfectos, es un hospital de pecadores.
Lo hemos escuchado, pero debemos vivirlo. Somos llamados a considerarnos primero antes de corregir a otros. No siendo rápidos para juzgar, sino compasivos, misericordiosos, perdonándonos como Cristo nos perdonó. Decide hoy no juzgar más a la ligera. Decide hoy no ser más hipócrita. Decide hoy no buscar corregir a otros donde tú mismo estás evitando ser corregido. Y por último, hacer eso es imposible. En nuestras propias fuerzas es imposible, pero lo podemos hacer según el poder de Dios que obra poderosamente en nosotros, como dijo Pablo. Es por su gracia que somos transformados. Es por su gracia que podemos ver nuestras fallas a la luz del Evangelio y no sentir condenación.
Es por sus fallas que podemos ir al trono de la gracia para alcanzar misericordia. Hermanos, y es para su gloria que debemos vivir. Cada uno de nosotros. Oremos al Señor.
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Lucas
Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.