Sé Fiel, Un Día Cristo Reinará y Traerá Justicia

Apocalipsis 11:15-19 Sermones Individuales 16 Julio 2024 Enrique Oriolo
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Hablando de fútbol, ¿alguno se acuerda el momento en que Argentina salió campeón del mundo? ¿Recuerdan qué pasó por su mente y su corazón cuando Gonzalo Montiel pateó el penal y la pelota va por el aire y finalmente la pelota toca la red y el silbato del árbitro suena y todo había acabado? Argentina era ahora el seleccionado campeón del mundo. Recuerdo cuando eso ocurrió algunos segundos de silencio como no pudiéndolo creer y con lágrimas en los ojos y luego para estallar en alegría. Lo que se había esperado, sufrido por años ya no estaba más. Ese agudo sonido del silbato, ese sonido había marcado el fin de una espera y el principio del gozo para una nación.

Un sonido que anunció que la incertidumbre había terminado y dio lugar a la seguridad. De que ya no era un deseo que finalmente éramos campeones de los sueños del mundo. Momento muy memorable. Pero ¿qué pasó con nuestro mundo al pasar los días? Al pasar los días la realidad presente de nuestra vida y del mundo era que nada había cambiado por el sonido de ese silbato. detrás de la felicidad. Detrás de la felicidad del deporte nuestro mundo seguía y sigue siendo el mismo. Guerra, muerte, pobreza, miseria, indiferencia, odio, opresores, oprimidos, gobiernos corruptos, trata de personas, familias destruidas, injusticia, impunidad, un mundo que entretiene, que engaña, que destruye.

Un mundo donde las naciones se desmoronan por la idolatría a falsos dioses. Un mundo que ataca y persigue a los cristianos. Un mundo que los envía a campos de concentración, los tortura, los asesina. Un mundo que presiona a los cristianos a abandonar sus convicciones para agradar a la cultura. Una iglesia que sufre, que persevera en la tribulación de vivir en este mundo pecaminoso, que espera que pase algo y que clama, como dicen las escrituras, ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo, Señor? Todos nosotros podemos estar de acuerdo en que el reino de este mundo necesita un fin. Necesita terminar, necesita que se acabe de una vez y para siempre.

Necesita un sonido como el del árbitro, que acabe la espera, que acabe la incertidumbre, que acabe de una vez por todas con este mundo pecaminoso, un sonido que marque el inicio de algo mejor. Un sonido que sea el inicio del gozo para el pueblo de Dios. Y si quieren escuchar conmigo ese sonido, por favor acompáñenme a Apocalipsis, capítulo 11, versículo 15 al 19. Apocalipsis 11, versículo 15 al 19. Dice así la palabra de nuestro Dios. Apocalipsis 11, 15 al 19. El séptimo ángel tocó la trompeta y hubo grandes voces en el cielo que decían El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo.

Él reinará por los siglos de los siglos. Y los 24 ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios diciendo Te damos gracias, oh Señor, oh Dios todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar. Las naciones se enfurecieron y vino tu ira y llegó el tiempo de juzgar a los vivos y a los muertos y de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes y de destruir a los que destruyen la tierra. El templo de Dios que está en el cielo fue abierto y el arca de su pacto se veía en su templo y hubo relámpagos, voces y truenos y un terremoto y una fuerte granizada.

Hasta aquí la palabra del Señor. Hermanos, Apocalipsis nos muestra algo infinitamente superior. Juan está viendo una visión donde un ángel sostiene una trompeta. Este ángel es el séptimo a los cuales se le han dado trompetas que cuando son tocadas traen juicios aterradores y cataclismos al mundo enemigo de Dios y que a pesar de la muerte y el dolor, el hombre pecaminoso se resiste a arrepentirse de su pecado y su idolatría. Lo pueden cotejar en el contexto anterior. La séptima trompeta, hermanos, no trae un nuevo juicio de Dios. La séptima trompeta anuncia que el juicio ya se ha completado, que todo ha llegado a su final cumplimiento.

Lo que se había esperado desde antes de que existiera el tiempo llegará a su final y será el principio del gozo eterno para el pueblo de Dios. Eso es lo que oyó Juan en el capítulo anterior y que nos leyó nuestro hermano Omar en Apocalipsis 10, versículos 5 al 7. Cuando el ángel que Juan ve, que pone su pie sobre el mar y sobre la tierra, levanta su mano derecha al cielo y jura por aquel que vive por los siglos de los siglos que ya no habrá más demora, que ya no habrá más demora. Porque en los días de la voz del séptimo ángel, cuando esté para tocar la trompeta, entonces el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

¿Oyeron eso, hermanos? El ángel dijo, y juró por Dios, ya no habrá más demora. Cuando el séptimo ángel suene su voz, o no, se apagó mi voz. La del séptimo ángel suene su voz, todo el misterio de Dios será consumado, todo lo que Dios anunció a sus profetas será concluido, ya no habrá más demora. El apóstol Pedro, en segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, dice lo siguiente a la iglesia, Amados, no ignoren esto, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día, pero el Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que Él es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.

Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos serán destruidos con fuego intenso y la tierra y las obras que hay en ellas serán quemadas. La séptima trompeta cumple el anuncio del ángel, ya no habrá más demora, llegó el tiempo del fin del reino de este mundo. La séptima trompeta nos da una visión de la consumación de todas las cosas. Este texto, hermanos, está ahí para nosotros. Ese texto está en las Escrituras para nosotros que vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo. Para nosotros que vivimos en medio del reino de este mundo, pero somos de Dios.

Que experimentamos los ataques, que experimentamos las presiones de un mundo que es hostil hacia nosotros, que nos humilla, que busca seducirnos, arrastrarnos. Somos atacados por el reino de este mundo gobernado por Satanás. Pero este texto está ahí para nosotros, para recordarnos, para motivarnos, para fortalecernos hoy, hoy, en este día, en medio de la prueba y la perseverancia, para decirnos de parte de Dios, sé fiel, un día Cristo reinará y traerá justicia. Sé fiel, un día Cristo reinará y traerá justicia. En este texto, hermanos, no vemos ninguna batalla cósmica ocurriendo. Este texto es una declaración, es una proclamación de una victoria ya consumada.

Ya Cristo ha vencido, ya el reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor Jesucristo y Él reinará por siempre. Es una declaración de las grandes voces del cielo. La idea de estos reinos que vemos está hasta el origen mismo de las Escrituras. Cuando Adán falla como gobernante del mundo y representante de Dios, y a partir de su caída, cuando Adán falla como gobernante de parte de Dios, otro reino aparece en este mundo. Uno donde gobierna el pecado. Uno donde gobierna la maldad a causa de la serpiente. El reino de las tinieblas aparece a partir de ese día. Pero si recuerdan, en medio de la maldición del pecado, Dios anuncia buenas noticias para la humanidad.

Un descendiente de Eva aplastará a la serpiente a pesar de que él será herido. La serpiente no prevalecerá. El reino de las tinieblas que ha entrado al mundo no prevalecerá. Leemos más tarde la bendición profética de Jacob sobre su hijo Judá al momento de su muerte, diciéndole, el cetro no se apartará de Judá, ni la vara de gobernante de entre sus pies hasta que venga Siló, y a él sea dada la obediencia de los pueblos. Génesis 49.10 Siglos después aparece un rey de esa tribu, de la tribu de Judá, el rey David, y se le anuncia a David que será levantado uno de entre sus descendientes, al cual Dios le dará un trono y un reino para siempre.

Los profetas anuncian sobre ese rey y el reino de Dios. Isaías menciona proféticamente que un niño ha nacido para el pueblo. Un hijo que tendrá soberanía, que tendrá el trono de David y su reino, que lo afianzará y sostendrá con el derecho y la justicia para siempre. Capítulo 9, versos 6 al 7 Daniel, el profeta, anuncia que el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, que desmenuzará y pondrá fin a todo reino y permanecerá para siempre. Capítulo 2, versos 44 Y en una de sus visiones apocalípticas, Daniel dice que vio a uno que venía en las nubes, que era como un hijo de hombre, que fue presentado ante el anciano de Díaz, y que cuando el hijo del hombre es presentado ante el anciano de Díaz, le es dado dominio, gloria y reino, un dominio eterno que nunca pasará, un reino que no será destruido.

Capítulo 7, versos 13 al 14 Por lo tanto, la expectativa del rey prometido y del reino anunciado existía en el pueblo de Dios. La pregunta sería, ¿cuándo llegaría el rey y cuándo comenzaría su reino? Ciento años después, un ángel de parte de Dios se presenta a una joven y le dice que concebirá un hijo siendo virgen y que ese hijo será grande y será llamado hijo del Altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de su padre David y reinará sobre el pueblo de Dios para siempre y su reino no tendrá fin. Y cuando ese rey crece, nosotros escuchamos decirle de sus propios labios, El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado, arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Marcos capítulo 1, verso 15 Hermanos, Jesucristo es el descendiente prometido de Eva. Jesucristo es el siló anunciado por Jacob. Jesucristo es el rey que reinará para siempre prometido a David. Jesucristo es el hijo al que le pertenece la soberanía y el reino, como dijo Isaías. Jesucristo es el hijo del hombre al que se le dará dominio eterno y cuyo reino no tendrá fin, como vio Daniel. Por eso cuando este rey ofrece su vida por su pueblo en la cruz y es muerto, es sepultado y resucita, él le explica a sus discípulos lo que ellos no estaban entendiendo. Oh insensatos y tardos de corazón, para creer todo lo que los profetas han dicho, ¿no era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrar en su gloria?

Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a él en todas las escrituras. Lucas capítulo 24 Hermanos, Jesús es el rey que al llegar al mundo ha acercado el reino de Dios y ha inaugurado ese reino con su muerte y resurrección, comprando un pueblo para sí. Y comisiona a los discípulos a anunciar las buenas nuevas de que el reino ha llegado para todo aquel que se arrepiente y cree. La salvación consiste, como dice Pablo en Colosenses 1, que somos trasladados del dominio de las tinieblas al reino del rey Jesús, quien nos redime por su sangre. Y el autor de los hebreos nos dice en el capítulo 12 que hemos recibido un reino inconmovible, ese reino que jamás será destruido, ese reino que permanecerá para siempre.

Pero alguno puede preguntar y mirar a su alrededor y decir, pero ese reino aún no es universal, ¿verdad? El mismo apóstol Juan nos dice que nosotros, los cristianos, los verdaderos creyentes, sabemos que somos de Dios, pero que el mundo entero está bajo el maligno. Entonces la pregunta es, ¿cuándo será que eso ocurra? ¿Cuándo será que se acabará el reino de las tinieblas de este presente siglo? ¿Cuándo se acabará el sufrimiento de los santos? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo, Señor? Es ahí donde debemos escuchar la séptima trompeta. Debemos escuchar la séptima trompeta y oír las grandes voces que resuenan en los cielos.

Hermanos, Juan está teniendo una visión. Y en esa visión, él ve el ángel con una trompeta. Y cuando el sonido de la trompeta suena, él oye grandes voces en el cielo. La idea de grandes voces es un estruendo de voces en el cielo. Escucha lo que las voces dicen cuando se termina de tocar la séptima trompeta. Lo que las voces de los cielos anuncian al universo. Cito, el reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo. Y él reinará por los siglos de los siglos. Hermano mío, parémonos junto a Juan. Miremos lo que él ve y escuchemos lo que él escucha. Por un momento activemos nuestra imaginación para ver lo que la Biblia misma nos está diciendo que está ocurriendo.

Mira al ángel que se prepara para tocar el sonido definitivo. Escucha la séptima trompeta sonar. Escucha su sonido con tu corazón cargado y siente como todo peso se va. Y ahora prepara nuevamente tu oído y escucha de nuevo las grandes voces en el cielo. Y las grandes voces del cielo prorrumpen en estruendosas alabanzas anunciando el tetelestai del reino de Dios. Las grandes voces proclaman que ya no hay más dos reinos. Que ya no hay más reino de este mundo. Que ya no hay más reino de las tinieblas. Que ya no hay más oscuridad. Que ya no hay más maldición. Que ya no hay más pecado. Que ya no hay más lucha.

Que ya no hay más sufrimiento. Y que nunca más nadie dirá hasta cuándo Señor. Que ya no habrá más demora. Porque el Señor no se tarda en cumplir su promesa. Que el reino de Dios se ha consumado. Y que Dios reinará por los siglos de los siglos. Hermanos, es un glorioso momento que nos deja ver el Señor en esta noche. A través de este pasaje de Apocalipsis. De una vez y para la eternidad el reino del mundo ha venido a ser el reino de Dios y de su Cristo. Y Él reinará eternamente. ¿Entendés lo que estamos mirando? Cuando suene esa trompeta, todo habrá acabado. Cuando estés tentado a bajar los brazos.

Cuando todo te parezca gris. Recuerda esta verdad. Un día Cristo reinará y traerá justicia. No importa cuánto el reino de este mundo te hostigue. No importa cuánto sufras por el reino de este mundo. Sé fiel. Un día Cristo reinará y traerá justicia. Y de esa justicia nos habla nuestro siguiente punto. Cristo hará justicia. Versículo 16 al 18. Y los 24 ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios diciendo. Te damos gracias, oh Señor, Dios todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar.

Lo que vemos ahora, hermanos, una vez que las grandes voces del cielo están proclamando el reinado eterno de Cristo, los 24 ancianos que están delante del trono de Dios se postran en adoración. Adoran y dan gracias porque Dios reina y porque ha hecho justicia. Lo dice en pasado porque Él ya ha hecho justicia. Él ya ha comenzado a reinar eternamente. Dan gracias porque el reinado ha consumado. Exaltan la omnipotencia de Dios con la cual Él ejerce su poder. Y esto nos hace un eco del Salmo 2. El Salmo 2, versículo 9, que dice Tú los quebrantarás con vara de hierro, los desmenuzarás como vaso de alfarero.

Dios ha mostrado su gran poder y ha comenzado su reino eterno. Tal es así, hermanos, que fíjense el título que los 24 ancianos utilizan. Dice que Dios todopoderoso, el que eres y el que eras. ¿Y qué falta? Y el que serás. ¿Y por qué creen que no está ahí? Porque ya no habrá futuro. Ya no habrá más nada por delante. Porque ya es el reino eterno de Dios. Y nuestro presente siempre será el mismo. Porque ya no habrá ningún cambio en nuestro estado eterno. Siempre estaremos en su reino. Siempre gozaremos de su gloria. Por lo tanto, para nosotros, Dios siempre será el que ha sido y el que es. Así como Dios le dijo a Moisés, yo soy el que soy.

Al momento de la séptima trompeta, hermanos, ni vos ni yo, al momento de la séptima trompeta, ninguno de nosotros tendrá que esperar que Dios sea fiel. Porque al momento de la séptima trompeta, su fidelidad se habrá coronado con perfección. Porque todo lo que prometió, lo cumplió. Ya no habrá que esperar ninguna promesa. Porque todo lo que Dios prometió, será consumado. En ese momento de la séptima trompeta, alabaremos al Dios todopoderoso que era y que es y que eternamente nuestro presente será el mismo. Dios reinando sobre todo. Los ancianos siguen alabando y dando gracias a Dios porque Él ha juzgado a sus enemigos.

Y nuevamente están aludiendo al Salmo 2, un Salmo mesiánico, un Salmo que habla del Mesías como al Rey. Y dice el Salmo 2, versículo 1 al 5. ¿Por qué se sublevan las naciones y los pueblos traman cosas vanas? Se levantan los reyes de la tierra y los gobernantes traman unidos contra el Señor y contra su ungido, es decir, contra su Cristo. Diciendo, rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas. Una rebelión contra Dios. El que se sienta en los cielos se ríe. El Señor se burla de ellos. Luego les hablará en su ira y en su furor los aterrará. Hermanos, las naciones enemigas reciben los juicios del Cordero inmolado que desata sus sellos.

El Cordero inmolado que es el Mesías Rey del Salmo 2. El juicio para sus enemigos, nos dice el texto, y que él va a destruir los que destruyen la tierra. Cito a John MacArthur, dice lo siguiente, No se refiere a los que contaminan el medio ambiente, sino a los que contaminan la tierra con su pecado. Eso incluye a todos los incrédulos, especialmente en el contexto del apocalipsis, al falso sistema económico y religioso llamado Babilonia, Al anticristo y sus seguidores y al propio Satanás, el destructor final. Fin de la cita. J.K. Bale dice lo siguiente, cito, El juicio sobre los incrédulos aquí se basa en el juicio de Babilonia como lo profetizó Jeremías.

He aquí yo estoy contra ti, o monte destructor que destruye toda la tierra. Jeremías 51, 25, fin de la cita. Dios juzgó a sus enemigos, hermanos. Ha llegado el tiempo de juzgar, dice el texto. Pero fíjense algo en particular. Miren conmigo el versículo. Versículo 18. Las naciones se enfurencieron y vino tu ira y llegó el tiempo de juzgar a los muertos. Y luego, ¿qué dice? Y de dar la recompensa a tus siervos, los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes. Y luego vuelve al tema del juicio y de destruir los que destruyen la tierra. Hermanos, siempre que lean en la escritura este tipo de patrón, una cosa, otra cosa y luego la misma cosa, lo que está resaltando es lo que hay en el medio.

En medio de todo ese juicio hay una recompensa para los santos. Llegó el tiempo de dar la recompensa a tus siervos, los profetas. En la caída de Babilonia, en el capítulo 18, se describe lo siguiente, versículo 24. Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos y de todos los que habían sido muertos sobre la tierra. El reino de este mundo, representado por la ciudad de Babilonia, enemiga de Dios, ha dado muerte al pueblo de Dios a lo largo de la historia. Y parte de la recompensa de aquellos que han sufrido es ver que Dios ha hecho justicia por ellos, que Dios ha juzgado. Versículo 20 del capítulo 18 dice, Regocíjate sobre ella, cielo, y también ustedes, santos, apóstoles y profetas, porque Dios ha pronunciado juicio contra ella por ustedes.

Dios recompensará a todos sus siervos, a todos los que temen su nombre, sean grandes o pequeños. No importa a quién, no importa cuándo, no importa cómo. A todos los que temen su nombre, desde el ladrón de la cruz que llegó a la última hora, hasta aquellos que trabajaron como jornaleros desde temprano en la mañana. Cada labrador recibirá su recompensa del Señor porque Dios es justo. No merecemos nada, pero su gracia nos habilita esta recompensa. No es por méritos, es por gracia. Hermanos, si experimentas ataques de los enemigos de Dios, recuerda que un día Cristo reinará y traerá justicia. Si dudas de tus sacrificios que haces por servir a Dios, si estás tentado a bajar los brazos, recuerda que un día Cristo reinará y traerá justicia.

Hermano, recuerda a Demas. Recuerda a Demas que amó el reino de este mundo y abandonó a Pablo. Recuerda a Judas, que entregó al Señor por treinta monedas. Recuerda a Himeneo y Alejandro, que naufragaron en cuanto a la fe y fueron entregados a Satanás y al reino de este mundo. Recuerda que los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de esta vida pasará. Y mientras recuerdas todo eso, sé fiel, sirve, esfuérzate, pon tus ojos en la meta, pon tus ojos en Jesús. No golpees al aire, golpea tu propio cuerpo y ponlo a servidumbre. Sé fiel hermano, sé fiel hermana. Cuando estés por desmayar, recuerda, un día Cristo reinará y traerá justicia.

Cuando estés perseguido y acusado injustamente, recuerda, un día Cristo reinará y traerá justicia. Sufre penalidades como buen soldado, porque un día Cristo reinará y traerá justicia. Porque un día todas las cosas pasarán. Cristo reinará y traerá justicia. Hermanos, pero no solo Cristo reinará y traerá justicia. Sino que hay algo mucho mejor que experimentaremos. Y uno pudiera preguntarse, ¿qué? ¿Qué puede haber mejor que Cristo reine y haga justicia? Bueno, hay algo mucho mejor que vamos a experimentar. Y eso es lo que vemos, que ve Juan, por último, en su visión. Versículo 19 Juan ve el templo de Dios que está en los cielos y que se abre.

El templo de Dios representa el lugar donde Dios y su pueblo se reúnen. El templo de Dios representa la presencia fiel de Dios en medio del pueblo de su pacto. Y luego todo termina en un gran cataclismo. Que en Apocalipsis este patrón nos indica el fin. Lámpagos, voces, truenos, terremoto y granizo. Ya es el fin. Ahí termino. Pero cuando ve el templo abierto, ¿qué es lo que ve? Hermanos, mira lo que Juan ve. Ve el templo abierto y ¿qué ves? El arca. El arca de su pacto. Pero algo interesante también es lo que no vemos. Porque antes del arca había otra cosa. Que separaba al pueblo de Dios de la gloriosa presencia de Dios.

El velo. Un pueblo pecador no puede tener acceso a la gloriosa presencia de Dios por causa de su santidad. Pero en este punto, hermanos, en este punto, en el final de los finales. En este punto donde ya no hay más nada. Donde todo se ha cumplido. Donde Dios está reinando. Donde Él ha traído justicia. Donde a Juan ve un templo y un arca y no hay un velo. Porque todo el plan de Dios de redención se ha consumado. Porque ha comenzado el reino universal y eterno de Cristo. Donde los enemigos han sido juzgados y los justos recompensados. Es en este momento el fin de todos los finales. Y vemos esta imagen.

El templo abierto y el arca visible. Símbolos de la presencia fiel de Dios. Símbolos de la fidelidad de Dios para cumplir las promesas de su pacto. Recordándonos una cosa. Que ya no hay más separación. Que ya no hay más nada entre la gloria de Dios y el pueblo de Dios. Que ya no hay más nada entre la presencia de Dios y el pueblo de Dios. Que ya no hay más pecado. Que ya no hay más oscuridad. Que ya no hay más noche. Nos apunta al cordero que con cuyo sacrificio rompió el velo. Nos recuerda que la carne de su cuerpo, como dice el autor de los hebreos. Era el velo que se rasgó para darnos acceso a su presencia para siempre.

Jesús dijo, yo soy la puerta. En el fin de los finales, todo nos apunta nuevamente a Cristo. Y como gracias a su muerte y resurrección. Tenemos acceso eterno a la gloriosa presencia de Dios. Eso es hermanos, mejor que Cristo reine. Mejor que Cristo haga justicia. La visión del templo nos recuerda que estaremos con él para siempre. Dios ha cumplido sus promesas todas las promesas que él hizo a su pueblo. Y ahora, ¿qué nos queda? Cuando todo haya acabado, hermanos. Cuando es el fin. Cuando del otro lado de la hoja está blanco. Cuando todo acabó, ¿qué nos queda? Yo le voy a decir lo que nos queda.

Nos queda cumplir con la palabra de un salmo. El salmo 16, versículo 11, que dice lo siguiente. Me darás a conocer la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo. En tu diestra hay deleites. Para siempre. Cuando todo ha acabado, hermanos. Nos queda el gozo y el deleite de estar con Dios por la eternidad. Sé fiel, porque un día Cristo reina y trae la justicia. Oramos.

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Parte de la serie Sermones Individuales Serie Sermones Individuales 44 sermones
El predicador
Enrique Oriolo
Enrique Oriolo Pastor

Enrique Oriolo es misionero de SERVE (Denton Bible Church) y pastor fundador de la Iglesia Bíblica de la Gracia. Dedicado al entrenamiento de líderes y plantadores, su pasión es la capacitación teológica para el establecimiento de iglesias bíblicas. Está casado con Tamara y son padres de Luz, Paz, Sarah y Sophie.

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